Amigo de los desafíos, Carlos Di Fulvio repasa en su obra la historia nacional; en 1973 cantó en las islas Malvinas
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Es una de las voces mayores de la música criolla. Trascendió a la popularidad hace más de cuatro décadas. Sobrio, introvertido, de pocas palabras; artista que con lo que hizo y hace -dos centenares de canciones- sigue enriqueciendo el patrimonio musical de la Argentina.
Oriundo de Carrilobo, Córdoba, donde nació, en 1939, a Carlos Di Fulvio se lo reconoce como el creador de "Guitarrero" (zamba); "Luna playera" (canción); "Campo afuera" (chacarera), de gran difusión en los años sesenta, y no se repara en sus obras integrales como aporte valioso y genuino al acervo nativo.
Autodidacta por excelencia, desde niño eligió la guitarra para expresar su sentimiento. A los 13 años debutó en Radio Central de Córdoba. Antes de cumplir los quince llegó a Buenos Aires en procura de ampliar su horizonte artístico. "Fue fugaz aquello -recuerda-; más bien una escaramuza; di un recital en el Aula Magna de la Facultad de Medicina; hice un programa en Radio Mitre, y regresé al pago para seguir mis estudios, propósito que nunca cumplí, pues los abandoné cuando cursaba el tercer año del secundario", recuerda.
Desde entonces las ansias lo llevaron a andar distintos caminos, hasta que se aquerenció en Tulumba, paisaje cordobés de cerros mansos, reservorio de culturas ancestrales: "Allí encontré -afirmó con fervor- mi yacimiento de chacareras". En una de las tantas que le dedicó a aquel lugar dice: "Chacarera tulumbana/no te olvides cuando muera/de echarme sobre los ojos/un puñadito de arena".
De vuelta a la ciudad
En 1957, vuelve a Buenos Aires para continuar con aquel primer intento interrumpido. El acercamiento a Achalay Huasi, famosa peña de entonces, lo vincula a Pancho Cárdenas, quien contribuyó a que diera sus primeros pasos firmes al llevarlo a la televisión. Luego vendrían actuaciones radiales en los grandes festivales del interior, que proyectaron su nombre a todo el país, y su ingreso en el sello RCA Víctor.
De esa época de primeras grabaciones recuerda risueñamente cuando presentó a la empresa las obras del disco que se iba a editar. Un directivo le comentó: "Hay mucho Di Fulvio, incluya otro autor". Ante tal circunstancia adoptó el seudónimo de José Piedra Ríos y así salió airoso del trance. A partir de entonces, "Guitarrero" se incluyó en el repertorio de los grandes artistas populares, como Horacio Guarany y Alfredo Zitarrosa. Estos éxitos resonantes, por rebote, de mucho le sirvieron artísticamente, pero no lo tentaron a seguir en esa línea creativa.
Enseguida se abocó a proyectos de envergadura: la creación de obras integrales llevadas al disco: "Para que sirvan y no para que entretengan", sostuvo. Concierto supersticioso , basado en apuntes de Sánchez de Labrador S.J., sobre la graduación de los hechiceros, fue el primer trabajo de este tipo. Luego vinieron El nacimiento de la Vidalita; Canto monumento, homenaje al general José María Paz; La Conquista del Desierto , relato sobre la radicación de las tribus mapuches en la Patagonia argentina; El camino del Quijote; Del Altiplano a la Pampa, suite original para guitarra y orquesta de cañas; Canto brocheriano , cantata dedicada a la vida y pasión del sacerdote José Gabriel del Rosario Brochero (el cura gaucho).
Por estas obras Di Fulvio es algo más que un simple solista de música nativa: su voz y su guitarra estuvieron integradas a orquestas sinfónicas, cuarteto de cuerdas, conjuntos de cámara y coros. Algunas de estas obras "lograron en la persona de Hugo Guerrero Marthineitz a uno de sus difusores más locuaces", reconoce.
Con pesar cuenta que la obra La Conquista del Desierto dio por tierra con el esfuerzo con que fueron realizadas sus composiciones. Ocurre que por ella se ordenó, en 1976, la destrucción de las matrices discográficas y la censura al propio autor, quien estuvo sin trabajo durante siete años. Pese a la proscripción, Di Fulvio permaneció en el país, componiendo y editando sus obras, soportando con integridad los momentos amargos, siempre fiel a sus convicciones.
Como intérprete se presentó en alejados e insólitos escenarios, como la Antártida Argentina y las islas Malvinas, en 1973, siendo, así, el primer artista argentino que actuó en el archipiélago malvinense. Actuaciones en Buenos Aires y el interior, y la reedición de la suite Del Altiplano a la Pampa , figuran entre los proyectos inmediatos.Un íntegro creador de la música criollaAmigo de los desafíos, Carlos Di Fulvio repasa en su obra la historia nacional; en 1973 cantó en las islas Malvinas
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