
Trabajan todo el día con los caballos y les enseñan los movimientos que después deberán hacer en la cancha
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El petisero es al polista lo que el escudero era al caballero andante.
Pero ¿en qué consiste realmente esta actividad? La jornada es dura y empieza cuando la luz del sol lo permite. Fuera de temporada estos hombres, que en general son de origen campero, se dedican a la caballada nueva. Luego de varear los animales al alba, comienza el entrenamiento, que consiste en caminatas con cambios de ritmo y figuras que van grabando en la memoria del equino las órdenes que recibe del jinete.
Los caballos más avanzados entran a la cancha de polo para acostumbrarse a la bocha y a interactuar con otros participantes. Las prácticas (partidos amistosos y de adiestramiento) son el paso siguiente.
La salud de los corceles no escapa a las responsabilidades de estos escuderos modernos. Deben observar permanentemente alteraciones en el animal: sobrehuesos, nudos hinchados, desgarros, cortes y otras lesiones. El petisero debe velar por la estética de sus protegidos también. Tusar, desvasar, descolar, cepillar, bañar y cobijar son tareas habituales.
Durante la temporada alta de polo profesional, la actividad se concentra en los caballos protagonistas y todo se intensifica. Veterinarios, nutricionistas y biólogos asisten a los petiseros en todas las etapas. La tecnología aportó mucho al polo actual, sin embargo gran parte sigue dependiendo de las cualidades de los hombres que trabajan con los animales.
¿Cuál es la cualidad principal de un petisero? "Lo más importante es la capacidad para leerle el ánimo al caballo", coinciden Heguy y Harriot, dos ex 10 de handicap.
"Tenían un amor propio desmedido. Se ponían la camiseta de su patrón de tal forma que si un caballo fracasaba, ellos se enfermaban. Eran muy sacrificados. A las 5 de la mañana ya estaban vareando y seguían atendiendo caballos hasta entrada la noche", agrega Juan Carlitos.
A partir de la década del 80 el polo se volvió profesional. El deporte atrajo grandes fortunas y patrones millonarios que apoyaban a los jugadores y que disfrutaban de la habilidad natural de los argentinos para manejar el caballo.
Profesionalismo
¿Cómo cambió el oficio del petisero con el profesionalismo? Para Heguy los caballos estaban mejor entrenados. "Nosotros éramos amateurs y teníamos que delegar todo en los petiseros. Por eso creo que los petiseros de nuestra época fueron muy profesionales."
Es que lo que hoy hacen verdaderas organizaciones de asistentes detrás de un polista de alto handicap, antes se concentraba en un hombre que cargaba con el trabajo y la responsabilidad de gran parte del éxito de su patrón.
"Hoy, un jugador con 9 o 10 de handicap, emplea un equipo de treinta personas que incluye veterinarios, pilotos (jugadores de menor valoración que entrenan los caballos), petiseros y hasta administrativos.
El profesionalismo hizo que los números dieran para más", explica Enrique Echeverz, polista y ex presidente del club de polo Los Indios.
Quizá la frase de Juan Carlos Harriot (h.) sea la más clara para graficar la relación de los petiseros con sus patrones y el deporte: "Ganar un partido es lindo, pero más aún es compartirlo con tu petisero que espera con cara de satisfacción indescriptible cuando uno vuelve al galopito para los palenques".
El deporte en el interior del país
En el interior del país el polo no tiene nada que ver con la aristocracia y la nobleza. Allí es un deporte verdaderamente popular. Lo juegan desde los gauchos y los diez de handicap hasta los chicos y las mujeres. Cualquiera que se arme de un caballo, un taco y una bocha, puede disfrutar la adrenalina que se siente con el repiqueteo de los caballos a todo galope y el sonido del cigarro impactando la bocha. Una imagen que resume todo esto es la de un atardecer en el campo con petiseros, jugadores y veterinarios mateando y desgajando anécdotas mientras los caballos resoplan en los boxes.
Viajeros con un gran poder de adaptación
Los petiseros viajan al exterior con los jugadores y se encuentran con realidades muy diferentes a las argentinas. En general son gente humilde, de campo y cuyo mayor interés es el caballo. Todos mantienen intactas sus costumbres gauchas, desde el mate y el asado hasta el trabajo del cuero y la música.
Vayan adonde vayan, estos criollos son considerados personajes pintorescos y atractivos por los extranjeros que admiran tanto su destreza sobre el caballo como la intuición que les dio el oficio.
Alejandro Garrahan, legendario jugador que ganó en 1986, junto con los hermanos Heguy, una de las finales más famosas del Campeonato Abierto Argentino de Polo, trabaja con Kela, hombre de larga trayectoria en este oficio y que actualmente se encuentra en Alemania preparando todo para cuando viaje su patrón.
"Es increíble como se adaptan los petiseros a la vida en otros países; sólo muy pocos no lo logran y se vuelven. Si bien es difícil el tema del idioma y algunas costumbres, se las arreglan para integrarse a las actividades con los locales", explicó Garrahan. Y agregó: "El problema del idioma lo solucionan utilizando un dialecto improvisado que tiene mucho de inglés y que aprenden al poco tiempo de haber llegado".
Los grooms (petiseros, en inglés) no encuentran mayores inconvenientes para la comunicación. "Aunque no es lo más común, algunos consiguen trabajo en el exterior con jugadores principiantes de los países donde viajan", comentó el polista.
Héctor Laplace, petisero oriundo de Azul, le enseñó a la familia Panelo a jugar al polo. Marcos, miembro del clan, jugador profesional y hombre que ha viajado extensamente por el mundo practicando este deporte, aclara que en Estados Unidos, los mexicanos, de la mano de los Gracida, han tomado protagonismo, por lo que el castellano es un idioma habitual. "Otro destino importante es Inglaterra, donde el tema de la comunicación es más complicado, pero se las rebuscan de alguna manera".
Curiosidades
Según Panelo, una curiosidad del oficio en el exterior es que, a diferencia de la Argentina, donde la actividad es patrimonio exclusivo de varones, "es muy común que las mujeres desempeñen esta tarea".
En contraste con lo que desarrollan en la Argentina, los petiseros que trabajan afuera suelen ocuparse de caballos ya "hechos", animales que completaron su adiestramiento y ya saben jugar al polo. "Afuera es todo más intensivo porque se preparan exclusivamente para la competencia, por lo tanto concentran todos sus esfuerzos en poner a punto los caballos", agregó Panelo.
Otra gran diferencia del país con el exterior es la gran oferta de productos relacionados con los caballos. Países como Inglaterra o Estados Unidos desarrollaron tecnología de punta en cuestiones equinas. Desde productos sanitarios y alimentarios hasta análisis clínicos, medicación y elementos de entrenamiento alcanzan allí altas expresiones.
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