
Guillermo Bekes trabaja en un atelier en pleno campo
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Hay una larga y rica tradición de pintura paisajística en la Argentina. Basta recordar, ante todo, la obra de Fernando Fader, cultor prodigioso de la policromía de los valles serranos.
Hoy, como ayer, los cielos infinitos y los verdes horizontes de nuestros campos siguen avivando la paleta y los pinceles de muchos artistas de distintos rincones del país.
Entre ellos figura Guillermo Bekes, un joven pintor cuyo afán radica en plasmar en sus obras la vibrante luz y el intenso colorido del paisaje de Entre Ríos, más precisamente en los alrededores de la ciudad de Concordia, en la costa del río Uruguay.
Bekes tiene su atelier en pleno campo, en una pequeña chacra ubicada a pocos kilómetros de la localidad entrerriana de Concordia, un entorno que conoce a fondo desde la infancia.
Allí -en una habitación donde, a través de tres ventanas, entra luz a raudales- pasa las horas abocado a la tarea de traducir los imperceptibles matices de los árboles, los ríos o las nubes que previamente ha contemplado.
Lo que luego se transmuta en sustancia de su arte forma parte antes de su experiencia diaria de permanente escrutador de cuanto lo rodea: "Al vivir todos los días en un lugar, se van incorporando en unos elementos que después se vuelcan en forma fluida".
"No puedo concebir el arte si no está vinculado con la naturaleza, que para mí es una fuente renovada de agua pura que alimenta el espíritu y la sensibilidad", confiesa Bekes, cuya obra toda es el resultado plástico de su vivencia cotidiana en el campo.
Bekes, cuyas obras se exhiben hasta el 12 de mayo en la galería El Socorro (Suipacha 1331), se desempeña actualmente como profesor de Artes Plásticas en el Taller IDEA y como vicepresidente de la Fundación Arasy. En esta institución coordina el desarrollo de proyectos de las áreas de Arte, Educación y Medio Ambiente.
Desde 1982, realiza regularmente numerosas exposiciones y participa en diversos salones y premios provinciales y nacionales.
Aire y luz
El trabajo de textura que se observa en sus cuadros, lo fue desarrollando Bekes, según comenta, al sentir "la vibración de la luz en la imagen contemplada".
Al elaborar un paisaje, comenta Bekes, "imagino cómo era en su estado anterior a la transformación de la producción y la tecnología y recupero ese paisaje horizontal de la llanura de la vegetación nativa".
Ello es notorio en Entre Ríos, una provincia en la que por la considerable forestación, se ve un bosque donde antes había una llanura.
Para Bekes, una pintura hecha hoy es moderna porque se hace hoy, pienso que las diferencias entre clásico y moderno son un poco arbitrarias".
"Con el fenómeno de las modas, opinó, por su parte, el prestigioso crítico de arte Raúl Vera Ocampo, los pintores jóvenes han dejado bastante relegada esa constante artística que ningún ismo puede condenar al olvido. Por el contrario, el paisaje sigue siendo un permanente motivo de diálogo profundo entre el hombre y la naturaleza, que es como decir entre el ser humano y la creación."





