
Los hermanos Elsztain tratan de forjar en la Argentina el más moderno imperio agroeconómico de América latina
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BUENOS AIRES (The New York Times Service).- Momentos después de emprender vuelo desde un aeropuerto, Alejandro Elsztain fijó la vista en los campos argentinos que se perdían en el horizonte. "A principios de siglo, la Argentina era conocida por sus vastas extensiones de tierra", comentó a un grupo de analistas de un fondo de inversión que echaban un vistazo a los campos administrados por él. "Y en el futuro -agregó- el país volverá a ser conocido por su agricultura. Este es apenas el comienzo para nosotros."
Cuando Elsztain dice "nosotros", se refiere no sólo a la Argentina, sino a él y a su hermano mayor, Eduardo, cuyas fortunas se entrelazan cada vez más con las riquezas de su país.
Con la visión de que la Argentina está despertando de seis décadas de floja actividad económica para convertirse en una predominante potencia agroexportadora en los próximos 15 años, los dos hermanos, con cierta discreción y antes de llegar a cumplir los 40, tratan de forjar el más moderno imperio de bienes raíces de América latina.
Aunque su apuesta respecto de que la Argentina se convertirá en el próximo inmenso granero del mundo en una economía global cada vez más integrada apenas está comenzando a dar resultado, los dos hermanos ya han salido de la zona oscura. Desde que Eduardo, a pura labia, se abrió paso hacia la oficina de George Soros en Nueva York hace ocho años y salió de allí con un cheque de 10 millones de dólares en la mano, los dos hermanos se convirtieron en los "niños mimados".
En la historia de América latina abundan los acaudalados hacendados, rancheros y estancieros, figuras poderosas que manejaban los hilos entre bastidores; los Elsztain no son así. Son de otra cepa. Pertenecen a la tercera generación de judíos oriundos de Europa oriental y central en un país casi totalmente católico romano, y tienen una visión nutrida por una mística fe ortodoxa.
Con una audacia que asombró a muchos en la comunidad empresarial argentina, los Elsztain duplicaron el año último el número de hectáreas que explotan -440.000- un capital que de pronto convirtió a la compañía agropecuaria que administra esos campos -Cresud- en la más grande productora de ganado vacuno y de granos. La empresa de bienes raíces IRSA, dirigida por Eduardo Elsztain, está cambiando el perfil arquitectónico de Buenos Aires y promoviendo el desarrollo urbano en las zonas Sur y Este.
El capital invertido
"Es inmenso el volumen de capital invertido hoy en el mundo en vías de desarrollo", señaló Eduardo. "Ese caudal de dinero se traduce en mejores salarios. La gente que mejora su salario primero comienza a alimentarse mejor. Eso genera demanda de alimentos, y allí es donde la Argentina crecerá", añadió el mayor de los Elsztain.
La compañía Cresud está produciendo grandes cambios en la explotación agropecuaria argentina. Hace poco inició un emprendimiento conjunto con la firma norteamericana Cactus Feeders, de Texas, para comenzar a engordar 100.000 cabezas de ganado por año con maíz en lugar de hacerlo a la manera tradicional, con pasto natural, con el propósito de aumentar los rindes y producir cortes con más grasa, más adaptados al gusto asiático y norteamericano.
Con el pleno convencimiento de que las clases media y alta de la Argentina no harán más que crecer y enriquecerse, la empresa de bienes raíces está adquiriendo galerías comerciales, edificios de departamentos y hoteles en diversos lugares del país a un ritmo vertiginoso.
También está contribuyendo con la restauración de las precarias zonas portuarias de la capital para darles un esplendor que no se ha visto en los últimos 60 años. El Abasto, un extenso barrio famoso hasta hace poco por los asaltos y sus tanguerías, está jerarquizándose a medida que los Elsztain comienzan a construir un gigantesco complejo de viviendas para la clase media en franco ascenso.
El año último, IRSA adquirió activos tasados en más de 350 millones de dólares, ampliando su cartera de bienes raíces hasta casi los 800 millones de dólares, según un reciente informe de Bear Stearns Cos. Ahora, con asociados en Venezuela y Brasil, la compañía está extendiendo su imperio más allá de la Argentina.
Los Elsztain sostienen que el reciente colapso económico asiático no es más que un pequeño obstáculo en el camino. En el largo plazo -aseguran- las extensas pampas de la Argentina alimentarán a un Brasil en pleno crecimiento, a una Europa que debe recortar sus subsidios agrícolas sumamente onerosos, y a un continente asiático que seguirá distanciándose de un sistema de producción agrícola a medida que se industrialice.
En los últimos años, a medida que el gobierno argentino reducía los impuestos a las exportaciones agropecuarias, el valor de la tierra aumentaba rápidamente. Sin embargo, sigue costando mucho menos que en Canadá y que en los Estados Unidos. La compañía obtendrá excelentes ganancias a partir de cualquier aumento adicional del valor de la tierra", según afirman los analistas locales y extranjeros.
"Los Elsztain saben que en la Argentina se puede producir carne, trigo y leche a mucho menor costo que en los Estados Unidos", afirmó Osvaldo Cortesi, agroeconomista de la consultora Macroeconómica. "Saben que a medida que el negocio agropecuario se expande, el valor de la tierra aumentará", añadió.
El porcentaje argentino de las exportaciones mundiales de carne ya se duplicó desde 1993, en gran medida debido al aumento del 400 por ciento de sus envíos a Brasil. Debido a que el año último los Estados Unidos abrieron su mercado a las carnes argentinas por primera vez en seis décadas, mientras se espera que Japón haga lo mismo pronto, los analistas internacionales señalan que el futuro para los productores bovinos argentinos parece más que promisorio.
Desde 1990, las exportaciones agrícolas del país aumentaron el 80 por ciento, con ingresos superiores a los 9000 millones de dólares el año último. Se espera que su actual producción de granos por año, que asciende a 60 millones de toneladas, trepe a 80 millones en el 2000.
Sin embargo, los Elsztain sienten un fugaz escalofrío provocado por las repercusiones del colapso económico asiático. Los inversores extranjeros les rehuyeron a las acciones de América latina sacudiendo a Cresud, que negocia acciones en el mercado electrónico Nasdaq, y a IRSA, que cotiza en la Bolsa de Nueva York.
Por Clifford Krauss
(The New York Times Service/Traducción de Luis Hugo Pressenda)
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