
La cría de estos animales beneficia la frágil economía del Norte
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Las graciosas y doradas vicuñas se están transformando en una opción productiva y rentable para los olvidados habitantes del solitario altiplano argentino. Y no es casual que suceda. Las fibras de estos milenarios camélidos americanos, adorados por los incas, se están convirtiendo en estrellas del universo de la moda y la oferta mundial no alcanza para cubrir la demanda internacional. El resistente hilado que deviene de los sedosos mechones que recubren los delgados y huidizos cuerpos de las bellas vicuñas, en la actualidad se cotizan como oro y son tan valorados como las mejores sedas orientales.
Como una alternativa que aparece en escena para paliar, al menos en parte, la pobreza de la gente del Norte, un núcleo productivo de vicuñas en semicautiverio se formó en 1994, mediante el impulso de un proyecto de la Unidad de Minifundios del INTA. En la actualidad, son veinte los establecimientos de este tipo (15 en Jujuy, 4 en Salta y 1 en Catamarca); tienen unas diez hectáreas cada uno, 24 animales y pertenecen a pequeños productores.
Un negocio rentable
Aunque sólo dan sus primeros pasos, controlados por Recursos Naturales de la provincia y Gendarmería Nacional, venden las fibras a empresarios sureños. Uno de los principales compradores de esta materia prima es la empresa Pelama Chubut, firma de amplia trayectoria en el mercado lanero. El productor recibe, por kilo de fibra sucia, US$ 250 y cada animal puede generar un promedio de 300 gramos anuales.
Estos emprendimientos se realizan con el auxilio de los técnicos del Campo Experimental de Altura del INTA Abra Pampa, ubicado en Cochinoca, provincia de Jujuy. En este sitio del planeta en el que el sol recuerda al fuego y el cielo al paraíso terrenal, trabajan para poner a punto la cría en semicautiverio de vicuñas y dan a los interesados en desarrollar la actividad todo el apoyo que necesitan. Aparte de entrenarlos en las técnicas de reproducción, alimentación, cuidado y esquila del animal, aportan en comodato los animales para empezar a trabajar en el rubro. Los ejemplares se devuelven con las crías a los siete años.
Experiencia no les falta para hacer de guías. Comenzaron hace 32 años con la recolección de doce hembras y cuatro machos que los técnicos alimentaron pacientemente con biberones cargados con leche de vaca. A este pequeño plantel fueron uniéndose otros tantos animales, y en 1979 hicieron los estudios sobre producción y reproducción de vicuñas en semicautiverio. La idea de los especialistas era lograr una "tecnología" de cría en confinamiento que permitiera a la gente del aislado altiplano contar con una actividad productiva y sustentable que les permitiera sobrevivir en el frágil ecosistema de la Puna.
"La investigación se desarrolló teniendo en cuenta la estructura socioeconómica de la población, que se diferencia marcadamente de la de Perú y de Chile. La propiedad de la tierra por los pobladores, y el uso del recurso forrajero en forma individual se presentó como una situación real a la que había que adaptar el sistema de aprovechamiento de la vicuña", comentó Gustavo Rebuffi, jefe de campo del CEA Abra Pampa.
El éxito del trabajo
El lento pero firme trabajo de investigación dio sus frutos. A mediados de la década del 90 tenían 916 individuos que se comportaban igual que los ejemplares que vivían en libertad. Es decir, en la parte central de los potreros se reunían las familias; los machos se agrupaban en la periferia y hasta había unos cuantos solitarios que daban vueltas por el predio.
Rebuffi comentó que "en la cría se aplica el pastoreo directo y alambrados especiales para limitar el área del hábitat sin perturbar la organización social de la especie".
La captura de las vicuñas de su medio natural se realiza, como lo hacían los aborígenes en el pasado, con calma, suavidad y sin agresión. Veinte operarios se ocupan del arreo hacia las mangas fijas. Una vez encerrados, los animales descansan hasta el día siguiente cuando los vacunan, desparasitan y, en algunos casos, los esquilan mecánicamente. Después de la higiene, son liberados dentro de la zona de manejo. Una unidad productiva básica debe tener una superficie de seis y diez hectáreas. En cada hectárea viven cuatro vicuñas y la única inversión que se debe realizar ronda los $ 2500 para instalar los alambrados, dinero que los habitantes de la zona pueden conseguir mediante pequeños créditos. Los animales los aporta la estación experimental de Abra Pampa.
En la Puna hay unas 400 mil hectáreas disponibles para la cría sustentable de las pintorescas vicuñas en semicautiverio. Pequeñas, elegantes y bellas como ningún otro camélido, los sedosos mechones que le han dado el nombre de "oro de los Andes", hoy pueden ser el alivio de sus principales guardianes, la gente de los Andes.
Claves
- Un saco de lana de vicuña cuesta, en el mercado internacional, US$ 4000.
- Perú es el primer país vicuñero del mundo. Tiene 75.000 ejemplares, impidieron su extinción y realizan el manejo sustentable de los ejemplares.
- Animales nacionales bajo manejo en semicautiverio: 916
- La esquila mecánica se hace con los animales vivos y no les produce stress.
- Información: Campo Experimental de Altura CC. N1/4 9, Abra Pampa, Jujuy.
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