Carry trade sin corbata: una guía para el ciudadano de a pie
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Durante mucho tiempo, el carry trade fue presentado como una especie de truco financiero reservado para expertos, algo complicado, lleno de pantallas, fórmulas y derivados difíciles de entender. Sin embargo, en su forma más simple, no tiene por qué ser así. El carry trade es, ante todo, una decisión directa: elegir en qué moneda quedarse cuando las tasas, la inflación y el tipo de cambio juegan en contra de quien ahorra. No se trata tanto de técnica y, de hecho, hay más criterio que cálculo, porque no es una cuestión de adivinar el próximo movimiento del dólar ni de predecir el humor del mercado, sino de comparar rendimientos en un contexto real. Cuando una moneda no rinde y otra sí, quedarse donde uno está deja de ser una posición neutral y se convierte en una decisión con consecuencias. Lo más relevante es que ese costo muchas veces pasa desapercibido. No aparece en una pantalla ni suena como una alerta, sino que se manifiesta de manera gradual en la pérdida de poder adquisitivo. En la columna de hoy explicaremos de manera práctica y sencilla que es el carry trade y veremos un ejemplo ilustrativo (pero con datos actuales) de cómo aplicarlo. ¡Comencemos!
Qué es el carry trade
En su versión más simple, el carry trade consiste en vender una moneda que no está generando intereses y, al menos por un tiempo, pasarse a otra que sí ofrece un determinado rendimiento, con la expectativa de que durante ese período el tipo de cambio no se mueva lo suficiente como para borrar lo ganado. No hay secretos ni fórmulas complejas detrás, solo una comparación básica: qué conviene más dadas ciertas condiciones, quedarse quieto o moverse. Buena parte de la resistencia que genera el carry trade surge de una confusión frecuente. Se lo asocia con estrategias complicadas, apalancamiento, derivados y riesgos difíciles de entender, cuando en realidad puede existir sin nada de eso. Puede ser algo tan sencillo como vender dólares, colocar los pesos en un plazo fijo y, más adelante, volver a recomprar dólares. La dificultad no está en el mecanismo, sino en el contexto que lo rodea.
También conviene separar el carry trade como idea general de sus versiones más agresivas o especulativas. No es lo mismo usarlo como una herramienta puntual dentro de una estrategia de ahorro que transformarlo en una apuesta fuerte, con alto riesgo cambiario, orientada a maximizar rendimiento. Mezclar esos enfoques suele llevar a rechazar el concepto entero, cuando en realidad lo que se discute es un uso extremo del mismo. Lo central es entender que el carry trade no es una afirmación sobre la solidez del peso ni una forma de ignorar el riesgo argentino. Es, antes que nada, una manera de gestionar tiempo y rendimientos entre monedas, sin confiar ciegamente en ninguna divisa, sino decidiendo en un momento específico cuál tiene más sentido usar y por cuánto tiempo, especialmente cuando tasas, inflación y dólar dejan de moverse en sincronía.
El carry como decisión parcial
Uno de los errores más comunes en finanzas es confundir una herramienta con una verdad absoluta, convertir una decisión puntual en una postura fija y pensar en blanco o negro (todo en pesos o todo en dólares, entrar o salir). Esa lógica puede dar tranquilidad emocional, pero rara vez resulta efectiva. El carry trade no es la excepción: suele funcionar mal cuando se lo plantea como una apuesta total y bastante mejor cuando se lo entiende como algo parcial, contextual y reversible. No se trata de “pasarse a pesos” (all in en pesos) ni de abandonar el dólar como reserva de valor. La discusión es otra: qué hacer con una parte del capital que hoy está quieta, sin generar nada, dentro de un portafolio que debería incluir activos con dinámicas distintas. Acciones, bonos, criptomonedas y pesos no compiten entre sí, cumplen funciones diferentes, y el carry trade aparece cuando una de esas funciones (guardar valor en dólares) deja de ser suficiente por sí sola en determinado momento. Por eso, el carry trade no reemplaza la diversificación, la complementa o, según el caso, la tensiona. Introduce riesgo cambiario a cambio de un posible rendimiento, pero no es un todo o nada. Se implementa por un tiempo definido, con un capital acotado. Supongamos una persona con USD 5000. El tipo de cambio al inicio es $1450. Al vender esos dólares obtiene $7.250.000 (5.000 × 1.450), que coloca en un plazo fijo a seis meses. Con una tasa nominal anual del 26%, el rendimiento semestral es aproximadamente 13%, por lo que al vencimiento el capital en pesos asciende a $8.192.500.
Durante esos mismos seis meses, asumimos una devaluación anual del 15%, equivalente a un 7,5% semestral. El tipo de cambio pasa entonces de $1.450 a aproximadamente $1.559. Al recomprar dólares con los $8.192.500, esa persona obtiene alrededor de USD 5.256. El resultado es un rendimiento cercano al 5,1% semestral (10,2% anual) medido en dólares. La comparación relevante no es contra una ganancia extraordinaria, sino contra la alternativa real: haberse quedado inmóvil en USD 5000, sin rendimiento alguno.
Eso es el carry trade en su forma más básica: aceptar riesgo cambiario por un período acotado cuando la tasa en moneda local supera, con margen, la depreciación esperada. Esa es la clave: saber qué riesgo se está asumiendo, porque cualquier suba del dólar va a comerse una parte o todo el rendimiento. El carry trade no elimina el riesgo cambiario, lo toma por un tiempo limitado, esperando que la tasa lo compense o lo supere.
Conclusión
El carry trade incomoda porque obliga a abandonar una certeza emocional muy arraigada: la idea de que no moverse equivale a ser prudente. En contextos como el argentino, quedarse en dólares suele sentirse como una posición defensiva y automática, pero esa comodidad tiene un costo cuando el entorno cambia, y ese costo, a diferencia de una devaluación brusca, no se anuncia, se acumula en silencio.
Pensar el carry trade con seriedad implica aceptar algo más profundo que una decisión financiera puntual. Implica reconocer que ahorrar también es una forma de gestionar el tiempo y que toda moneda (incluso el dólar) tiene momentos en los que protege mejor y otros en los que no. No decidir, en esos casos, no es neutral: es elegir pagar el precio de la inmovilidad. La seguimos la próxima semana con más material de finanzas personales e inversiones.
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