Choque de meteoritos: IA, salud y bienestar, el vertical que está adelantando la película en 2x
Esta intersección sirve para vislumbrar qué puede pasar en otros rubros en los trimestres posteriores de 2026
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¿Quiere saber cómo va a operar la transformación de la inteligencia artificial generativa (IAG) en el sector donde trabaja o tiene intereses empresarios? Una buena apuesta para intuirlo es analizar de cerca lo que está sucediendo en las primeras semanas del año en el cruce entre la IA y el segmento de la salud.
Como en todo sistema complejo, la disrupción primero parece tener un ritmo lento hasta que de golpe se precipita. El choque de meteoritos en esta intersección sirve para adelantar la película (en 2x o a una velocidad más rápida todavía) y tratar de vislumbrar qué puede pasar en otros rubros en los trimestres posteriores de 2026.
En el caso de la IA y la salud y el bienestar, la primera jugada la hizo OpenAI semanas atrás, con el anuncio de ChatGPT Health. A los pocos días le siguió otra apuesta fuerte de Anthropic, la empresa de los hermanos Amodei. Luego Nvidia y el laboratorio Lilly anunciaron una alianza para “inaugurar la era del descubrimiento de nuevos medicamentos con IA a escala industrial”. Y en la misma ventana de tiempo corta no se quedaron atrás Google (que lanzó un modelo abierto para datos médicos con imágenes y audio) ni Amazon, que anunció un asistente médico dentro de One Medical. Una de las grandes novedades en el campo de la IA en los últimos dos meses fue la nueva startup de Yann LeCun, uno de los padres de la IA, que se fue de Meta y se llevó 30 talentos para fundar Advanced Machines Intelligence Labs, con sede en París, y eje en el vertical de medicina digital.

¿Por qué este foco tan marcado en la salud para las empresas tecnológicas más avanzadas del planeta en el arranque del año? En economía, hay un motivo claro para explicar por qué la salud es un vertical que adelanta la película. Lo vienen discutiendo desde hace más de cien años autores clásicos y más modernos como Pigou, Coase, Marshall, Samuelson, Spence y Stiglitz: hay sectores de la economía que tienen más “fallas de mercado” que otros. Información asimétrica, externalidades positivas o negativas que no se reflejan en precios, silos, etcétera.
El negocio de la salud es un clásico en los libros de finanzas públicas para ilustrar estos problemas, junto con el de finanzas y el de educación. Lo que significa para la innovación es que el “premium” para quienes logren sumar fluidez a estos mercados y corrijan alguna de las fallas del sistema para mejorar el bienestar de los pacientes y el trabajo de los médicos es gigantesco.
De hecho, la narrativa del lanzamiento de ChatGPT no es otra cosa que una recorrida por varias de estas fricciones que estudiaron décadas atrás premios Nobel de Economía. Prácticas médicas fragmentadas conspiran contra un abordaje holístico mucho más eficiente para los pacientes, y la IA tiene aquí mucho para aportar. Médicos con poca “banda ancha” para actualizarse con nuevos papers y sobrecarga de trabajo administrativo que tranquilamente podrían estar haciendo agentes de IA, para liberar tiempo para consultas que hoy frecuentemente son de cinco minutos. Y lo principal (en términos de beneficio social agregado): girar el timón del transatlántico de la salud desde el actual sistema “reactivo” a uno “preventivo”.

En los cinco lanzamientos mencionados (ChatGPT Health, Anthropic, Google, Nvidia y Amazon) se puso mucho énfasis en que los datos de los pacientes van a ser privados y en la “complementariedad” con los médicos. Pero los colegios y consejos profesionales de las distintas especialidades médicas deben haber tenido el verano más movido de la historia. Habitualmente, estas instituciones fueron eficientes para ejercer un poder de policía frente a un colega que actuó de forma no ética, con la quita de la licencia para ejercer. Pero tener enfrente a OpenAI, Google, Amazon y toda la avanzada de IA es otro juego.
El momentum para este choque de meteoritos se completa con un ambiente político en Washington que favorece los avances sobre la salud de las grandes tecnológicas. Robert Kennedy Jr., el secretario de esta área designado por Donald Trump (con mucha polémica porque es anti-vacunas), tiene un discurso muy crítico hacia el sistema médico tradicional (“está roto”, en una opinión que comparte el 68% de los estadounidenses, según Pew Research) y está a favor del “empoderamiento” de los pacientes con nuevas herramientas.
A nivel personal, es un fanático de las nuevas terapias de longevidad, que se aplica a sí mismo, aunque varias de ellas estén en etapa experimental aún. Kennedy y sus asesores remarcan que el sector está en una “encrucijada existencial”, con una “legítima demanda de los pacientes por tener mejor información médica”. La proporción del gasto en salud sobre el PBI de la economía más grande del mundo supera el 15%, casi el doble del promedio de los países de la OCDE. Las fallas de mercado antes mencionadas explican la parte del león de este gasto exorbitante, que no va a los médicos, sino que se disipa en las partes intermedias de un sistema muy ineficiente.
Haciendo un poco de zoom out, dos de las mega estrellas actuales del firmamento tecnológico vienen sosteniendo que lo más sorprendente en los próximos años lo veremos en el cruce entre la capacidad computacional y la biotecnología.
Jensen Huang, CEO y creador de Nvidia, la empresa más valiosa del mundo, sostiene que estamos en el punto en el cual la biología va a evolucionar más como una disciplina de ingeniería, y allí empieza el crecimiento verdaderamente exponencial. En los últimos 150 años, fue una “ciencia húmeda”: pipetas, ensayo y error, cultivos, animales, tiempos largos y costos altos. Con la IA, el ciclo cambia a diseño-simulación-predicción y fabricación. Una de las frases favoritas de Huang: “El ADN (información) es software, las proteínas son máquinas y las células son fábricas”.
El otro gurú que viene abonando esta línea es Demis Hassabis, que dedicó una parte importante de su documental The Thinking Game a contar la increíble historia de AlphaFold, el proyecto que revolucionó el análisis de proteínas y abrió una caja de Pandora para nuevas curas de enfermedades y otros desafíos biotecnológicos. El documental se estrenó en 2024, ganó varios premios en el festival de Tribeca y a fines de 2025 se subió de manera gratuita a YouTube, donde tuvo un éxito descomunal, con ya casi 300 millones de visualizaciones.
Es paradójico que el adjetivo que más se usa en Silicon Valley para referirse a los avances que estamos viendo en salud e IA sea "insane" (“insano”, “una locura”), un término de la problemática de la salud mental. El otro concepto fetiche: “Está sucediendo” ("It’s happening"). Y si uno quiere profundizar en el qué: “Todo, en todos lados y al mismo tiempo”. Pero en el sector de la salud, como vimos, tal vez antes y más rápido.
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