Cocinaba galletitas para sus hermanos celíacos y hoy factura $7 millones

Las galletitas no tienen harina ni lácteos y algunas tampoco azúcar
Las galletitas no tienen harina ni lácteos y algunas tampoco azúcar
María Julieta Rumi
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6 de febrero de 2019  • 12:57

Verónica Smith, fundadora de la marca Nina Felicidad, que hace galletitas sin harina y leche -y algunas sin azúcar- tiene un objetivo: desmitificar que los productos sin gluten no son ricos. De acuerdo con ella, la oferta local no es muy buena salvo contadas excepciones y fue esto, sumado a su pasión por la cocina y la celiaquía de sus hermanos, lo que la llevó a armar su empresa, que hoy vende a través de dietéticas y supermercados más de $7 millones al año en galletitas .

Smith estudió administración de empresas y fue siempre emprendedora, pero en otros rubros. "Arranqué en 1999 con una empresa de soluciones móviles en la que eramos dos personas y me ocupé desde la conformación del estatuto hasta cuestiones administrativas. Eso durante nueve años y después me metí en marketing digital unos seis, siete años. Estuve en tres compañías, una de ellas en Alemania, en las que hacíamos soluciones para empresas aunque también campañas de marketing masivas", contó.

Sin embargo, la publicidad la empezó a aburrir mientras crecía su deseo de hacer algo relacionado con la cocina. "Siempre fantaseé con la idea de hacer algo, pero no me veía en un restaurante. Sí en una fábrica, con horarios normales. Pensar en comprar maquinarias era como ir a Disney para mí".

Las galletitas no tienen harina ni lácteos y algunas tampoco azúcar
Las galletitas no tienen harina ni lácteos y algunas tampoco azúcar

Y el momento llegó gracias a un regalo que le hicieron: una clase con el pastelero Nicolás Welsh que se transformó luego en un curso de seis meses. "A dos de mis hermanos les habían diagnosticado celiaquía, mientras que los otros dos tenían alergias a un montón de cosas y y yo era la única que no consumía lácteos desde hace tiempo. Entonces pensé en hacer pastelería sin los elementos básicos, es decir, harina, lácteos y azúcar. Hice un análisis de mercado y vi que los grandes jugadores no estaban haciendo mucho en este sentido mientras que el consumo sí viraba para ese lado. Me pareció una mega oportunidad para arrancar".

Así, en marzo de 2014 viajó a Londres a ver a una hermana y aprovechó la oportunidad para conocer la oferta de allá y desarrolló el packaging. Su idea era abocarse a eso, la distribución y la ventas y tercerizar la producción, pero no fue sencillo porque los lugares eran muy chicos, no estaban interesados en producir más o eran informales. Hasta que consiguió un lugar ocioso los jueves y viernes en el que empezó a producir con otras dos mujeres.

"Y desde el día uno explotó. Todo el tiempo estuvimos detrás de la demanda buscando un lugar habilitado para alquilar e inversores. Y en seis meses sucedió: un ex jefe mío de la empresa alemana invirtió US$80.000 y con eso se pudo hacer frente a una nueva etapa con una fábrica de 200 metros en Florida Oeste, Vicente López", explicó.

Pero un día en septiembre de 2017 fue a abrir la fábrica y ninguna de las dos empleadas se presentó. Se quedó sola, aunque luego se sumó su marido. Ese año crearon seis sabores y quintuplicaron la producción.

"Hoy facturamos $600.000 mensuales con la idea de tener un crecimiento del 50% en 2019. Estamos en Jumbo y Wallmart lo que ayuda a las ventas, pero también buscamos estar porque no sólo apuntamos a celíacos sino a cualquier consumidor que quiera comer mejor", afirmó y agregó que hoy cuentan con cinco empleadas mujeres que se ocupan de la producción, hacen los tests de gluten, empaquetan y tratan con proveedores y que están buscando ampliarse a una fábrica más grande.

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