
Cómo transformar las desventajas en oportunidades competitivas
Qué aspectos de las crisis pueden aprovecharse para impulsar el crecimiento
1 minuto de lectura'
Pasar por la experiencia de perder en cuatro años más producto bruto que los países intervinientes en la Segunda Guerra Mundial o que los que sufrieron desastres naturales, como el terremoto de Managua en Nicaragua, resulta casi inexplicable aun reconociendo los antecedentes previos de nuestro país en materia de fuertes contracciones económicas.
De esta situación surge una serie de desventajas competitivas que marcan a fuego nuestro futuro, de las cuales se pueden enumerar las más significativas:
- La ruptura de los contratos de todo tipo, algo así como inseguridad jurídica in extremis .
- La cesación de pagos. Gran parte de la deuda externa todavía no está renegociada y su monto alcanza a proporciones insólitamente altas del PBI, lo que a su vez implica acceso cegado al crédito voluntario y en gran medida a las inversiones extranjeras directas por varios años.
- El derrumbe del sistema financiero.
- La desarticulación de la relación Nación-provincias y la inviabilidad del actual esquema fiscal.
- La ruptura del contrato social y de la solidaridad intergeneracional, como consecuencia de una crisis social de características inéditas.
¿Puede transformarse tamaña cantidad de desventajas en ventajas competitivas de manera tal que la Argentina retome la senda del desarrollo?
Pasos por considerar
Si tomamos las experiencias históricas en la materia la respuesta es positiva en una serie de casos: Japón, después de la Segunda Guerra; Corea, a partir del conflicto militar de la década del 50 -que era considerado un país no viable por los organismos internacionales dado su atraso relativo-, e Irlanda en las décadas del 80 y 90, país sin base industrial y de economía agraria retrasada, por citar algunos ejemplos. También hay muchos países no exitosos que fracasaron en sus políticas de desarrollo, como sucedió con los latinoamericanos en las décadas del 70 y 80, con la excepción de Chile.
Vayamos ahora a nuestro caso, siguiendo el esquema metodológico de Michael Porter y partiendo del supuesto de que en algún momento no muy lejano, porque el tiempo no nos sobra, habrá capacidad de liderazgo para lograr ciertos consensos básicos en articular una estrategia propia de desarrollo, estructurar las instituciones necesarias a ese fin y que las políticas diseñadas a tal efecto sean de Estado, entendiendo que éstas abarquen varias administraciones sucesivas.
Las ventajas competitivas producto de las desventajas acumuladas serían:
- Un tipo de cambio subvaluado como consecuencia del flujo de capitales negativo, favorable a las exportaciones de mayor valor agregado nacional y también a la sustitución eficiente de importaciones. No es el elemento central para lograr ventajas competitivas dinámicas, pero sí crucial como starter de un proceso de desarrollo basado en el comercio exterior.
- No por virtud pero sí por necesidad -porque no hay quien financie externa o internamente- las cuentas públicas en todas las jurisdicciones deberán ser equilibradas, y los gobiernos, austeros. Esto ayudará decisivamente a definir una nueva relación entre la Nación y las provincias basada en premios y castigos, y facilitará la imprescindible reforma fiscal.
- La deuda externa es inmensa, pero también lo son los ahorros de los argentinos fuera del país. Dependerá de la capacidad de recrear confianza -oportunidades de inversión sobran, dado el valor deprimido de los activos- para el retorno de capitales. Si recordamos cómo los japoneses desarrollaron una industria de artefactos para el hogar más pequeña y autos compactos de menor consumo y tamaño a partir de sus desventajas competitivas (falta de espacio y de petróleo), o cómo los canadienses llevaron adelante la construcción veloz con materiales de rápida fragua para enfrentar un clima hostil con días muy cortos, tendríamos dos ejemplos de cómo superar las dificultades y transformar las desventajas en ventajas. Algo similar a lo que se debe llevar a cabo.
Pero además no todo fue negativo en la década del 90, y una serie de sectores industriales y servicios ganó con la apertura de los mercados, la desregulación y el flujo de inversiones.
Estos son los clusters que deberían liderar una estrategia de desarrollo para los próximos años: la agroindustria, la industria derivada del combustible gas, la de la madera y muebles, la química y petroquímica, la investigación y equipamiento médico y la industria farmacéutica, la minería y la industria del arte y la cultura.
El autor fue subsecretario de Comercio Exterior y es autor del libro "Crecer exportando, el desafío competitivo de la Argentina". E-mail: rochoa@ciudad.com.ar.






