Antimaldición: exportar más alimentos mejora los precios en el mercado interno

La carga de soja en un barco para el transporte internacional
La carga de soja en un barco para el transporte internacional Fuente: Reuters - Crédito: Paulo Whitaker
Paula Urien
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14 de enero de 2021  • 18:55

Solo 18 palabras en un tweet tienen una capacidad de daño que se puede cuantificar en una pérdida de miles de millones de dólares para el país, porque provocan decisiones de desinversión en múltiples sectores de la debilitada economía argentina, según los expertos consultados por La Nación. "Tenemos la maldición de exportar alimentos, de modo que los precios internos son tensionados por la dinámica internacional". Con esta frase, Fernanda Vallejos, la diputada nacional del Frente de Todos, inició a una serie de argumentos sin sustento técnico, afirman los especialistas.

Esto influye en las decisiones del campo. El daño en términos de la decisión de los actores económicos es enorme

"Esto influye en las decisiones del campo. El daño en términos de la decisión de los actores económicos es enorme", dice Marcelo Elizondo, especializado en negocios internacionales y profesor del ITBA. Se traduce, enumeran fuentes consultadas en decisiones relacionadas, por ejemplo, con un productor que pensaba sembrar, pero que hará lo mínimo indispensable; quien pensaba comprar un tractor puede postergar la adquisición; quien iba a tomar gente para trabajar, lo deja stand by, y siguen los casos del potencial freno a la actividad económica causado por unas pocas palabras. Todo en un país desesperado por ingresar dólares.

"En la Argentina el rubro de los alimentos es el único que genera dólares netos, Los agroalimentos dejan un saldo favorable de más de US$30.000 millones de dólares por año, entre la exportación de productos primarios y manufacturas de origen agropecuario. Todos los demás rubros, como las manufacturas industriales, el combustible, la energía y minerales importan más de lo que exportan", agrega Elizondo.

Entonces, ¿exportar alimentos es una maldición? Todo lo contrario. "Los principales exportadores de alimentos son los países más ricos del mundo: el primero es Estados Unidos, que exporta US$75.000 millones en alimentos, el segundo es Alemania, luego Francia, también Canada, Japón... No podemos decir que esto es una desgracia para esos países", sostiene Elizondo.

Más producción significa que el engranaje de la economía desarrolla su potencial, genera más trabajo, más ventas, más inversión, más bienestar.

Más producción significa que el engranaje de la economía desarrolla su potencial, genera más trabajo, más ventas, más inversión, más bienestar.

Los memoriosos recuerdan cuando se cerró la exportación de la carne, en 2006, con el justificativo de bajar los precios internos. Esto sucedió por un lapso corto, ya que se liquidó una gran parte del stock ganadero de manera definitiva. "Si se cerrara la exportación de alimentos, los precios se irían a las nubes. La exportación incrementa la escala, el volumen y eso hace mas barato el costo de producción por unidad, lo que beneficia al mercado interno. Cerrar la exportación desalienta la producción, hay menos abastecimiento y aumentan los precios", dice Elizondo. Este problema se hizo visible a los 3 años del cierre de las exportaciones de carne, con una perdida de cabezas de ganado signada por una liquidación de vientres que todavía no se recuperó.

Enorme carga

El precio de los alimentos tiene un alto componente del elevado costo argentino, marcado, además de los impuestos al producto, por altos costos laborales no salariales y de altos costos de la logística, entre otros. Si no se exportaran los alimentos, aumentarían los precios porque la oferta sería cada vez menor y se tornarían inaccesibles para un país con más de un 40% de la población en estado de pobreza.

Cesar Litvin, socio CEO en Lisicki, Litvin y Asociados, explica que la producción de alimentos tiene un altísimo componente impositivo a nivel provincial, con Ingresos Brutos; se suman los impuestos municipales, y a nivel nacional, Ganancias y el IVA, entre otros. "En todos los precios de los productos argentinos una incidencia muy importante la tienen los impuestos", aclara. Coincide con Elizondo en que, depende el producto, el 40% del precio de los alimentos está conformado por impuestos.

Depende el producto, el 40% del precio de los alimentos está conformado por impuestos.

"Cuantos más integrantes de la cadena, más se potencia Ingresos Brutos, por ejemplo, con lo cual determinar que el precio sube por la exportación es una mirada sesgada de la problemática", dice Litvin, Además, advierte que "la coyuntura actual del Banco Central es que tiene reservas en estado anoréxico. Restringir el ingreso de divisas es un error. Debería potenciarse el ingreso de divisas, que ocurre motivando exportaciones", explica.

Sin embargo, la situación no es fácil para los exportadores, que se enfrentan a diferentes barreras para hacer envíos al exterior y cobrarlos. "En este momento el exportador tiene dos problemas: le compran los dólares al tipo de cambio oficial con una brecha significativa con el dólar real, y además la Argentina integra una lista de solo 12 países en el mundo que cobran el impuesto a las exportaciones. Esto afecta la competitividad", agrega Litvin.

Para reducir el precio de los alimentos, hay que bajarles los impuestos, concuerdan. "Es una visión muy antigua ver la economía como sectores desvinculados unos de otros. Existe todo un ecosistema alrededor de los alimentos que genera trabajo y pone en marcha el engranaje de muchos sectores", argumenta Elizondo.

El precio de la carne y el pan

Dejar de exportar trigo y carne, entre otros alimentos no es la solución. Lo demuestra un informe publicado por la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA) En el segundo semestre de 2020 se registró que la carne tuvo un precio promedio de $372 por kilo, de los cuales la cría representa el 29% ($108,08), el feedlot el 23% ($83,91), el frigorífico el 5% ($18,09), la carnicería el 14% ($53,26) y los impuestos el 29% ($108,55).

Del precio de la carne, los costos de la cadena representaron $251,50. Los impuestos sumaron $108,55. De ellos, el 76% son nacionales (impuesto a las ganancias, IVA, e impuesto a los créditos y débitos), 19% provinciales (inmobiliario rural, ingresos brutos) y 5% municipales (impuesto a la industria y comercio y tasa vial). A lo largo de la cadena, la etapa de la cría es la que más impuestos paga, seguido por el consumidor.

Para el pan, FADA registró que el consumidor pagaba en el primer semestre un promedio de $107,50 por kilo de pan francés. En ese precio, el trigo representa solo el 12% ($13,27), el molino el 6% ($6,27), la panadería el 57% ($61,20) y los impuestos el 25% ($26,80). Al analizar el precio del pan según qué lo compone, el 60% son costos ($64,40), 25% impuestos ($26,80) y 15% ganancias ($16,30). De esos impuestos, el 78% son nacionales, 19% provinciales y 3% municipales.

El eslabón de la panadería es donde se produce el mayor salto de la cadena al incorporar sus costos ($47,67), los que componen casi la mitad del precio del pan. Están relacionados con el alquiler del local, la mano de obra intensiva y costos de servicios, entre otros. Si a los costos de la panadería, se suman los impuestos que paga ($12,83) y lo que se obtiene por la actividad ($13,52), se llega a un precio del kilo de pan a la salida de la panadería de $97,29. Se suma el IVA ($10,22) y finalmente el consumidor pagó en promedio $107,50 el kilo de pan, consigna FADA.

Con esto se demuestra cómo cada eslabón de la cadena productiva paga impuestos que incrementan el costo del producto final para la mesa de los argentinos.

Qué se exporta

El mayor complejo agroexportador de la Argentina es el de la soja, que en 2019 totalizó el 26% de las exportaciones de la Argentina. El segundo complejo exportador fue el automotriz, con un 10,9% de los envíos totales; el tercero, el complejo maicero, que registró el 9,3% de los ingresos de divisas. Después del petroquímico, el de la carne fue del 6,2% y el séptimo, el triguero con el 4,4%.

Durante la pandemia, el mundo demandó alimentos...y prácticamente nada mas, por lo que la producción argentina logró ingresar una parte de las divisas que tanto escasean durante una crisis mundial que frenó la actividad económica del planeta. Así, según se consigna en el informe del Indec del primer semestre de 2020, la Argentina exportó soja totalizando un 28,1% de los ingresos de divisas; el complejo maicero pasó al segundo lugar, con un ingreso del 12, 2% de las exportaciones; el trigo pasó al cuarto lugar, con un 6,8%, después de la industria petrolera-petroquímica y, como era de prever, se derrumbaron las exportaciones del sector automotriz.

Según la cámara aceitera (Ciara-CEC), el grueso de la producción primaria de soja (75%) se destina a la industrialización, mientras que el resto se exporta. El aceite de soja, entonces, es un producto estrella porque no solo se trata de una industria sino que además se consume mayormente en el extranjero ya que en la Argentina se prefieren otro tipo de aceites.

En cuanto al maíz, según la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, con una producción de 51,5 millones de toneladas, la campaña 2019/20 podría llegar a 37,5 millones de toneladas exportadas. En 2020 las exportaciones de carne vacuna habrían alcanzado un récord de 917,2 millones de toneladas, superando en 8,4% el volumen exportado en 2019. La participación de los embarques al exterior en el total producido habría llegado a 28,9%, convirtiéndose en la más alta de las últimas décadas. En 2019 se exportó trigo por US$2836 millones, aumentó la superficie sembrada y se abasteció al mercado interno..

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