
Diseño en serie. Creó una impresora 3D y se prepara para exportar
La empresa CHE3D facturó US$280 mil en 2018 y proyecta llegar a los US$500 mil este año
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"Me crie viendo cómo mi viejo –el diseñador industrial Jorge Chernoff– imprimía prototipos como un servicio, ya que al desarrollar productos utilizaba las impresoras como una herramienta", cuenta Tomás Chernoff, que se define como un autodidacta. Lo es, a punto tal de haber escaneado su propio cuerpo para convencer a su traumatólogo, y luego al equipo completo de cirugía, de que podían reparar su clavícula con un arpón y dos tornillos, en lugar de colocar una prótesis, tras una lesión en su hombro.
"A los 18 años comencé a trabajar en el estudio Punta Diseño, que fundó mi padre, que fue pionero en la carrera de Diseño Industrial en la Argentina hace más de 30 años", señala, y recuerda que también representaban a una marca extranjera, CH3D System, que en ese momento adquirió una empresa inglesa y liberó las patentes de las impresoras 3D.
Así, las máquinas que importaban y comercializaban pasaron de costar treinta a cinco mil dólares y Chernoff (hijo) vio una oportunidad. Le llevó tan solo dos años descubrir que "no era tan complejo fabricarlas y no tenía sentido importar equipos desde Inglaterra". "En ese momento se estaba fomentando mucho la producción nacional y tomé impulso para iniciar mi propio proyecto", cuenta.
La inversión inicial de CHE3D fue de $12.500, lo que gastó en el kit de impresión de origen inglés, y a partir de ahí comenzó a fabricar las propias máquinas y ofrecer el servicio integral de diseño.
El uso de impresoras 3D como herramienta de creación y la combinación con tecnologías y métodos de fabricación tradicionales hicieron que los pedidos crecieran y llegaron a comercializar más de 500 impresoras en la Argentina. Paulatinamente, la marca se convirtió en una organización y fue moldeando un nuevo equipo de trabajo con personal administrativo, diseñadores industriales e ingenieros.
"Al materializar un objeto virtual y convertirlo en uno físico, la impresión 3D permite validar geométricamente las piezas, tolerancias, ergonomía, estética, resistencia, entre otras tantas cosas, claves para pasar a la producción en serie disminuyendo los costos y tiempos de los métodos de fabricación tradicional", destaca.
"Hoy, nuestro core business es la producción seriada con impresoras 3D: vienen clientes con ideas de productos y nosotros hacemos el diseño, desarrollo y prototipos, luego realizamos una preserie, preproducción, y por último la inyección de plásticos", describe.

El taller de trabajo, ubicado en el barrio porteño de Colegiales, que dirige Natan Aizenberg (diseñador industrial), director de Producción y Diseño, está equipado con 20 máquinas de Polonia, Holanda, China, Estados Unidos, República Checa y una gran cantidad de fabricación propia, conectadas a un servidor, lo que les permite trabajar de forma coordinada y con monitoreo permanente.
"Nos enfocamos más en el rubro industrial o de desarrollo de productos, pero fabricamos todo tipo de piezas vinculadas al merchandising", dice, y destaca entre sus grandes trabajos el equipamiento completo de la filial de uno de los principales laboratorios (Bayer) con impresoras, termoformadoras y escáneres 3D que cumplen el rol inverso al pasar un objeto físico a un archivo digital. También son proveedores de empresas de la industria automotriz, alimenticia e indumentaria, entre otros. "Los proyectos pequeños sirven para que el negocio funcione día a día pero los grandes permiten continuar innovando", dice Chernoff, titular de la firma que facturó US$280 mil en 2018 y estima llegar US$500 mil este año.
En un momento complejo para la industria nacional, CHE3D se alinea con la tendencia de crecimiento que muestra el sector vinculado a la economía del conocimiento que, incluso, se autofinancia porque en la mayoría de los casos son proyectos novedosos de emprendedores que no acceden a líneas atractivas de financiamiento.
"Buscamos exportar porque logramos desarrollar piezas de muy buena calidad con impresoras 3D, con plásticos de ingeniería, que son muy resistentes; tenemos procesos internos para garantizar la calidad y forma de entrega; estamos muy tecnificados y eso nos volvió muy competitivos a nivel internacional", asegura Chernoff. Cuenta también que, en busca de clientes en el exterior, se presentó un dilema interesante: "Estamos evaluando si la empresa podrá operar desde su sede local o deberá instalarse en cada uno los países a donde quiere vender". Por el momento, los números que contemplan costo logístico y cánones por importación en los países de destino, principalmente, cierran, afirma el titular de CHE3D, listo para enfrentar la internacionalización.•





