
Entre Ríos repunta con el sábalo
Prevé aumentar un 10 por ciento sus exportaciones con la venta de pescado
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PARANA.- Boga a la parrilla, posta frita de surubí y chupín (estofado) de armado. Son especialidades culinarias de los isleros (así se llama a los isleños del Delta) que hablan de una pesca artesanal heredada. Pero la novedad en materia de pescados radica hoy en las exportaciones masivas de sábalo a Brasil, Bolivia y Nigeria.
En 1994 Entre Ríos exportó sólo 105 toneladas de sábalo a Brasil y 758 a Bolivia; en 2000 las ventas aumentaron en conjunto a 16.700 toneladas. Este crecimiento vertiginoso impactó con fuerza en esta provincia, donde se capturan cada año casi 20.000 t depescado de aguas continentales. Más de dos tercios se venden en el exterior.
El veterinario Luis Alejandro Badaracco, coordinador de Pesca de la provincia radicado en Victoria, dijo a La Nación que los frigoríficos de esa ciudad y Diamante exportaron en 2000 más de 12.700 t a Brasil y, por lo menos, 4000 a Bolivia. "Ahora estamos conociendo estos registros, nunca se supo bien cuánto salía y la pesca crece", comentó.
Victoria se consolidó como el principal puerto de exportación de aguas continentales del país gracias a la actividad desarrollada por las firmas Epuyen, Curimba y Transa (esta última con sede en Diamante), que exportan sábalos en filetes o enteros eviscerados, y superaron en volumen lasventas de carnes de vacunos y aves.
Si bien los datos ofrecidos a La Nación por distintas áreas provinciales y nacionales difieren bastante entre sí y muestran un dudoso control, todos los registros coinciden en marcar el crecimiento abrupto de las exportaciones de pescado.
El análisis más curioso resulta de comparar esas ventas externas con las de pollo, que alcanzaron en 2000 las 6300 t desde esta provincia (unas 20.000 t en todoel país), y las de carnes rojas, que oscilan entre 1000 y 2000 t. Se deduce, entonces,que la suma de las exportaciones de las dos carnes clásicas no llega a la mitad del volumen de ventas de pescado.
"Los camiones de Brasil y Bolivia cargan en la empresa el pescado a 400 o 450 dólares la tonelada, y lo llevan refrigerado, en cajones de madera ", explicó a La Nación Neri Pereira, del frigorífico pesquero Epuyen, de Victoria. Apuntó que en Nigeria se logra un mejor precio, pero no hay demanda constante.
"El 85% del pescado que exportamos es sábalo -añadió Pereira-. Pero, en realidad, vendemos todo lo que da el río: surubí, patí, armado, bagre, tararira, boga, pejerrey y dorado cuando no está en veda."
La firma Curimba SA, en cambio, destina el 90% de su producción a Brasil. "Nosotros compramos sábalo sólo en las 369.000 hectáreas que conforman el departamento Victoria -sostuvo el jefe de producción, Jorge Luis Antivero-. Las aguas del Delta no tienen contaminación y el pescado es sanito."
Los ríos Paraná, Uruguay y sus afluentes, pero principalmente el Delta entrerriano, atesoran una reserva ictícola aún no calculada.
Si bien no existen cifras precisas, una experiencia en la que se intentó contabilizar los recursos de una laguna bien poblada dio como resultado la existencia de una tonelada de ejemplares por hectárea, con un 60 por ciento de sábalos.
Estos peces tienen una elevada capacidad de reproducción. Cada hembra pone 700.000 huevas por año, de las cuales sobrevive un 10%, según los especialistas.
A pesar de que la pesca ofrece un panorama alentador con vistas a futuro, no existe un estudio que permita conocer las zonas de reproducción y el stock de peces.
Por eso, la provincia creó el año último la Dirección de Pesca y Recursos Naturales, y puso en marcha el Programa de Monitoreo Biológico, en octubre de 2000.
Este programa tiene como objetivo determinar la cantidad y la salud de los peces; señalar las áreas de desove; la temperatura y velocidad del agua y conocer las características de la reproducción, con miras a conservar el recurso.
El sector le da al Estado provincial un ingreso pobre, dado que se cobra una gabela de 0,008 peso por kg de sábalo pesado fiscalizado, sobre una mercadería que se vende en el exterior a unos 45 centavos por kilogramo puesto en fábrica. El incremento de la actividad produjo roces entre los frigoríficos y los empresarios dedicados a la pesca deportiva, que temen que una reducción drástica del stock desanime a los turistas.




