Intercambio comercial: entre un año con buen desempeño y otro con interrogantes
Lejos del récord de exportación de US$84.000 millones en 2011, pero con un crecimiento del 40 por ciento en 2021, el balance actual del comercio exterior es positivo aunque incierto para 2022
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Los resultados del comercio internacional de la Argentina en 2021 han sido satisfactorios.
Con un crecimiento en exportaciones de bienes de casi 40%, y de importaciones por casi 50%, la recuperación después del pésimo 2020 debe ser remarcada. En -los medidos hasta hoy- diez meses del año, las exportaciones superan los 65.000 millones de dólares y las importaciones los 51.000 millones (las ventas externas, con todo, seguirán lejos de los récords anuales de hace un decenio, que rondaban los 84.000 millones).
En el pandémico 2020 el comercio exterior argentino había descendido en porcentajes que triplicaron la caída total mundial, pero en 2021 el alza del comercio internacional total planetario (crece más del 10% en 2021 después de una caída de 5% en 2020) ha creado una demanda relevante que generó una significativa alza de exportaciones a Brasil, India, Union Europea y EEUU (la mitad de las exportaciones argentinas se concentran en 8 países).
Influyeron a favor los muy buenos precios internacionales (que explican más de la mitad del alza) y la capacidad de la cadena agroproductiva (generó 70% del total exportado). El índice de precios de commodities en el mejor momento de 2021 arrojó un indicador casi 80% mayor que el del peor momento de 2020.
Para 2022 el proyecto de presupuesto enviado al Congreso prevé exportaciones creciendo al 7,5%, y las importaciones creciendo al 9,4%.
El saldo comercial en la balanza de bienes es favorable en más de 16.000 millones de dólares (si se lo compensa con el balance comercial de servicios esa cifra se reduce en alrededor de 30%).
Para 2022 el proyecto de presupuesto enviado al Congreso prevé exportaciones creciendo al 7,5%. Y las importaciones creciendo al 9,4%.
Sin embargo, 2022 arrojará un comercio internacional global con menos ímpetu (la OMC prevé un alza del 4%, menos de la mitad que en 2021); además de precios internacionales que estarán amenazados por una reversión de políticas de estímulo en EEUU que podría fortalecer el dólar -y consecuentemente debilitar cotizaciones de commodities-; a lo que debe sumarse -en particular- una menos generosa performance esperada de las economías de los principales clientes: Brasil y China (se prevé en Brasil apenas 0,6% de alza del PBI y en China se ha revisado la previsión a la baja a 4,9%).
A ello que hay que agregar incertidumbres locales que deparan incógnitas sobre condiciones productivas (tasa de inflación, condiciones regulatorias, brecha cambiaria, tipo de cambio, acceso a recursos -financiamiento, importaciones, servicios-). La evolución de las importaciones resultará para 2022 un dato sustancial (en 2021 un 85% del total de importaciones argentinas se explica por bienes de capital, sus accesorios, insumos y energía, todos requisitos para la producción). Así como será relevante analizar el comercio exterior de servicios, todavía muy afectado por condiciones excepcionales en 2021 (especialmente en relación con viajes y turismo).
Hacia adelante, sin embargo, hay una agenda pendiente en condiciones sustanciales para mejorar la calidad de la inserción económica internacional argentina.
Una mejora en la inversión, un acople con la revolución tecnológica mundial, la mejor participación de empresas argentinas en las redes globales de innovación (apenas 50 empresas argentinas logran exportar más de 100 millones de dólares anuales), el desarrollo de capacidad para responder a crecientes exigencias en estándares y requisitos y la más intensa participación en la nueva economía global del capital intelectual resultan una asignatura aún pendiente para recuperar una participación en el comercio global que está 25% por debajo de la que se registraba al inicio del presente siglo XXI.






