La convergencia entre el Mercosur y la Alianza del Pacífico, una iniciativa de peso regional

Félix Peña
Félix Peña PARA LA NACION
Los ocho países que constituyen ambos esquemas de integración pueden profundizar sus relaciones y convertirse en actores relevantes para facilitar la gobernanza internacional
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14 de febrero de 2019  

La articulación entre los países del Mercosur y los de la Alianza del Pacífico es reconocida como una de las prioridades de la política latinoamericana de la Argentina. También lo es para los demás países que integran esos dos procesos de integración regional.

Tal articulación no implica necesariamente que se fusionen dos procesos de integración que responden a realidades históricas distintas y que han empleado hasta el momento diferentes metodologías. Pero sí supone que se avance en los múltiples pasos que ya se han acordado para profundizar la conectividad y la convergencia entre los respectivos sistemas económicos y productivos, con las consiguientes consecuencias en el plano de la gobernanza regional. Pasos en tal dirección fueron incluidos en el Plan de Acción aprobado en la reunión Cumbre de Puerto Vallarta (México) el 24 de julio de 2018.

Los ocho países que en la actualidad constituyen ambos esquemas de integración tienen una larga historia de trabajar juntos. Fueron junto con Bolivia, Ecuador y Venezuela los que en 1960 impulsaron la Alalc, que luego en 1980 se transformó en la Aladi.

Son, por lo demás, protagonistas necesarios en cualquier iniciativa de acción conjunta que aspire a penetrar en la realidad latinoamericana, especialmente por lo que representan para la región en su conjunto, por ejemplo, en porcentajes de población (81%), del producto bruto (86%), de exportaciones (89%) y de flujos de inversiones del exterior (81%). Sin estos ocho países, una iniciativa de integración económica en sus múltiples desdoblamientos difícilmente podría ser visualizada con un alcance y una efectiva incidencia regional y, por ende, una razonable proyección global.

De allí el interés que despiertan, dentro y fuera de la región, las acciones orientadas a profundizar la articulación de lo que podríamos denominar entonces como el Grupo de los 8 (sin perjuicio de que el actual número de países miembros pueda variar). Como en el caso de otros grupos de países que son relevantes para comprender las relaciones internacionales contemporáneas –tales como el Grupo de los 7 o el Grupo de los 20–, se los valora por su capacidad para tomar iniciativas sobre cuestiones que facilitan la gobernanza internacional, global o regional, y que tienen un potencial efectivo para penetrar en la realidad. Al actuar en forma conjunta son percibidos, en sus respectivas esferas de acción, como actores relevantes que no se puede no tomar en cuenta.

Hacia adelante pueden visualizarse dos planos de acción conjunta a desarrollar por este Grupo de los 8. El primero es el de las cuestiones incorporadas en el mencionado Plan de Acción Conjunta aprobado en la Cumbre de Puerto Vallarta. Implican una diversa acción en el plano institucional y normativo. Cabe suponer que su desarrollo efectivo (incluyendo áreas y funcionarios responsables) podrá ser seguido en nuestro país en las páginas web de los ministerios de Relaciones Exteriores y de la Producción, y también en las páginas web de instituciones empresarias.

El segundo plano se refiere a iniciativas conjuntas que puede impulsar este grupo de países, a fin de incidir en cuestiones relevantes para sus respectivos intereses, sean ellas de alcance global o regional.

Con relación a este plano, al comienzo de 2019 puede visualizarse la conveniencia del desarrollo de iniciativas conjuntas de este grupo de países, referidas a tres cuestiones que tienen notoria relevancia para sus respectivas agendas de relaciones comerciales internacionales.

Una primera cuestión relevante para una acción conjunta es la de las reformas que conviene introducir en la OMC. La reciente Cumbre del G-20 dio un claro impulso al proceso de reformas. ¿Cuáles son o deberían ser las reformas de la OMC que más pueden interesar a los países del Mercosur y a los de la Alianza del Pacífico? ¿Qué propuestas concretas podrían ser presentadas por este grupo de países? Y ¿cuál podría ser el posicionamiento de los países del grupo ante las propuestas que interese introducir a otros países o grupos de países, tales los casos de los EE.UU., de la UE, de China o del Grupo de los 7, entre otros?

Una cuestión que merecería especial atención se refiere a las normas que inciden en la compatibilización de los acuerdos preferenciales que concluyan países en desarrollo con los compromisos asumidos en el sistema multilateral del comercio. De hecho, las interpretaciones que han predominado con respecto al artículo XXIX del GATT 1994 han generado restricciones que no necesariamente se basan en lo que se prescribe explícitamente en su texto. Entre otros ejemplos, puede mencionarse el impacto que tales interpretaciones han tenido en el desarrollo de la negociación del acuerdo entre el Mercosur y la UE.

Una segunda cuestión relevante es la del fortalecimiento y pleno aprovechamiento de las oportunidades que brinda la Aladi, especialmente a través del instrumento de los acuerdos de alcance parcial previsto en el Tratado de Montevideo de 1980 y en la resolución N° 2 del Consejo de Ministros. Es este un instrumento muy práctico y funcional para el desarrollo de estrategias de dos o más países, orientadas a promover múltiples modalidades de encadenamientos productivos transnacionales, que aspiren a tener un alcance regional y una proyección global.

Y una tercera cuestión es la del desarrollo de acuerdos de comercio preferencial en los que participen países de la Alianza del Pacífico y del Mercosur, y que tengan un alcance birregional. Ejemplos pueden ser los de acuerdos con la UE y con China, sin perjuicio de otros imaginables y posibles. La conclusión del acuerdo entre el Mercosur y la UE, de concretarse, podría abrir el camino a la conexión con los acuerdos que la UE ha concluido con países de la Alianza del Pacífico, tal como en su momento lo propusieran Ricardo Lagos y Osvaldo Rosales. Surgiría entonces una red de acuerdos birregionales muy funcional a la promoción de inversiones conjuntas que involucren empresas de ambas regiones. Lo mismo podría resultar de una red de acuerdos birregionales entre países del Grupo de los 8 y China, y que estuvieren vinculados entre sí.

La articulación entre la Alianza del Pacífico y el Mercosur puede alcanzar entonces todo su potencial si se desarrolla en los tres planos antes mencionados.

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