
La joya argentina practica el arte de la seducción en el mundo
Con buenos diseños, los fabricantes locales buscan sumar más ventas en el exterior
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Todas las mañanas, cuando llegan las 9, Camila Zibaico sube al primer piso de su casa, donde tiene instalado su taller, y comienza a dibujar en un cuaderno las líneas que darán forma a una nueva joya. Atrapada por la música de Miles Davis, que escucha una y otra vez hasta la obsesión, entra en una especie de oración y pasa del papel al metal.
Ella es uno de los diseñadores que han logrado traspasar las fronteras. Todo los años vende una colección de 30 piezas a la boutique de arte decorativo del Louvre. Su caso sirve para ilustrar el potencial que tiene la joyería, de la mano del diseño, para abrirse paso en el mercado externo.
Este sector, que se mueve al compás de algo más de 400 fábricas (en las que se incluyen talleres unipersonales y pequeñas y medianas empresas), se nutre de productos artesanales, como los que surgen de la orfebrería y de otros más industrializados para dar vida al mundo de la joyería. Sus puntos más importantes de producción están en Buenos Aires, Rosario y Córdoba.
Se calcula que, en conjunto, las empresas exportan cerca de un millón de dólares, principalmente hacia los países limítrofes y en menor medida a Estados Unidos. Cuando se trata de competir, los empresarios señalan que entre los pesos pesados difíciles de superar se encuentran los italianos y españoles, que cuentan con una larga trayectoria en la industria.
"Nuestras empresas están trabajando bien, tenemos creatividad para los diseños y calidad en nuestros productos. Existe un grupo importante que crea sus propias líneas y ya lograron conquistar mercados como el de Estados Unidos, y si observamos lo que pasa en los países limítrofes, sin duda que en el Mercosur ocupamos los primeros lugares, pero todavía tenemos todo por hacer", dijo a La Nación el presidente de la Cámara de Empresarios de Joyería y Afines de la República Argentina, Jorge Louzau, al referirse a la situación de la industria local.
Días negros
El empresario recordó que, lejos de la fama exportadora del sector de los años 50, las empresas retomaron el ritmo de salida al exterior a partir de 1996, cuando comenzaron a recorrer mercados y a participar en ferias en Brasil, Bolivia y Estados Unidos.
Los joyeros vienen de épocas malas. Primero los salpicó la imagen del caso conocido como la mafia del oro, una maniobra que permitió lavar cientos de millones de pesos entre 1993 y 1995 por medio de exportaciones de metales preciosos y que provocó la quita de un reintegro del 11% al oro; luego, se sumó la recesión y, a comienzos de este año, la reinstalación de un impuesto del 25% para los objetos suntuarios (ley 24.674).
Al referirse a la polémica generada por la ley 24.674, Louzau dijo que "es un impuesto muy discutible porque considerar suntuaria a un joya es un concepto equivocado. Hay cuadros, trajes o electrodomésticos que tienen un valor mucho más alto que el de una joya".
"Después de muchas gestiones -agregó- conseguimos que se sancionara un decreto, el 303/2000, que establece que desde el 1º de mayo último hasta el 31 de diciembre próximo sólo van a pagar impuestos aquellos productos que cuesten más de 300 pesos."
A pesar de los inconvenientes, los fabricantes están intentando buscar nuevos mercados porque consideran que tienen cartas en favor: la industria genera ocupación en forma rápida, puede exportar grandes cifras en volúmenes pequeños y no demanda un monto muy alto para reequiparse tecnológicamente.
La política de la nueva gestión de la Fundación Export Ar de apuntalar de manera especial la salida de exportaciones no tradicionales crea nuevas expectativas. El director ejecutivo de la Fundación, Luis María López del Carril, dijo que el organismo empezó a trabajar junto con las cámaras del sector para fijar la asistencia a ferias y posibles contactos en Japón y Estados Unidos. "En joyería se exporta diseño y creatividad de las Pyme, y a la Argentina le va muy bien en eso", subrayó.
Juan Rossi, de Cumbre Consulting, la firma que la semana última organizó el VIII Salón Internacional de la Joyería, Platería y Relojería 2000 en Buenos Aires, sostuvo que hay que unir esfuerzos para salir al exterior. "Es una industria de fácil equipamiento tecnológico y con potencial, por eso hay que crear una conciencia exportadora", subrayó.
Según Liliana Sersale, de ExportAr que tiene la experiencia de haber estado en Nueva York en el Centro de Promoción Argentino de Negocios -y que realizó un trabajo sobre el mercado de la joya en Estados Unidos-, la Argentina puede tener cabida en ese país porque maneja precios internacionales y diseño. "Como la industria local allá está declinando, si los fabricantes logran ofrecer un producto superior al del sudeste asiático pueden encontrar un nicho en Estados Unidos. Es cuestión de hacer el esfuerzo", destacó.






