
Las barcazas copan Entre Ríos
Hay nuevos embarcaderos en los que se aprovechan las ventajas que ofrece la navegación fluvial
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PARANA.- Media docena de puertos en condiciones privilegiadas, con calado natural en el río Paraná, están recibiendo inversiones para mejorar los atracaderos de barcazas y buques. Algunos ya exportan cereales y minerales y se suman así a los puertos clásicos de Diamante e Ibicuy, con problemas de dragado e infraestructura, respectivamente.
La actividad fluvial no se agota aquí en los puertos de Diamante e Ibicuy, en la orilla oriental del Paraná, pero dependientes aún de inversiones millonarias, lo mismo que ocurre con el puerto de Concepción del Uruguay.
Media docena de muelles poco difundidos permiten el embarque de soja, cereales, yeso, palos, piedras o ganado en pie, sea en barcazas como en buques, con posibilidades para la exportación.
La red de puertos y embarcaderos de Entre Ríos presenta condiciones naturales tan privilegiadas como desaprovechadas hasta ahora. En verdad, casi todas las comunidades ribereñas tienen aquí su propio puerto y por añadidura su zona portuaria, su tradición fluvial y su gente embarcada. Hablar sólo de tres puertos en Entre Ríos significa excluir a una docena de muelles con infraestructura en todos los estados. La mitad presenta un notable deterioro y el resto está en franco crecimiento, como el puerto de la Cooperativa de La Paz, que hace pocas semanas triplicó su velocidad de embarque con inversiones privadas y exportó trigo al Paraguay.
Tradición portuaria
Hay obras llamativas. Por ejemplo, una empresa privada está hincando pilotes y construyendo travesaños en Aldea Brasilera, un pequeño poblado al norte de Diamante que tiene el canal del Paraná a sus pies. Hasta Diamante, el canal corre junto a la orilla oriental, y hacia el sur se recuesta en la orilla santafecina para distanciarse de las ciudades entrerrianas, delta mediante.
El ejemplo de Aldea Brasilera vale. Allí se preparan para cargar barcazas de 1600 toneladas en principio, pero en verdad el calado permite el ingreso de buques.
Los empresarios buscan una salida propia que evite el encarecimiento de los traslados por tierra a raíz de los peajes, sea en el túnel Hernandarias, que vincula Paraná con Santa Fe (alrededor de 1 peso por tonelada) como en las autopistas, lo mismo que en el futuro enlace entre Victoria y Rosario. La necesidad está obligando a revalorizar al río como vía de transporte.
Hay más casos. Si se observa el río de norte a sur, la dinámica empieza en La Paz. Allí existen tres puertos, uno en la ciudad misma que está en desuso; otro a 2 kilómetros al norte -para combustibles, en actividad, considerado estratégico por los especialistas porque permite el trasbordo de combustibles a chatas menores que navegan hacia el norte- y un tercero pocos metros al sur de La Paz, que pertenece a la cooperativa agropecuaria La Paz Ltda.
La entidad realizó refacciones y mejoras en las últimas tres semanas, con la incorporación de cintas transportadoras que permitieron triplicar la velocidad de carga: pasaron de 40 a 120 toneladas por hora.
En este momento están ingresando en promedio pocas barcazas por mes, pero la actividad se multiplicará con la cosecha de soja (preven la llegada de 30 barcazas de aquí a junio) y de hecho la estructura está preparada para exportar: hace una semana se cargaron 2 barcazas de trigo con destino a Paraguay.
En Santa Elena está inactivo el puerto propio del frigorífico regional exportador, ahora cerrado y con la ilusión nunca extinguida de que pueda reactivarse un día. Hubo recientemente una expresión de interés de empresarios italianos.
Aguas abajo existe una infraestructura mínima para atracar chatas en dos boyas grandes, usadas en el embarque de yeso hacia los países del norte. También cargan ese producto en Piedras Blancas, más al sur, mediante caño o cinta.
A 1000 metros de Hernandarias, aguas arriba, inversores privados están construyendo un puerto cerealero para barcazas, que aprovechará la altura de las barrancas para trasladar la mercadería mediante un caño o por cinta.
Ya en Paraná se observan dos lugares clave. El año último una empresa aceitera embarcó por cinta expeller de soja en los muelles de Bajada Grande. Allí existe un calado natural para buques de ultramar, pero no infraestructura suficiente, y queda operable sólo un muelle de hormigón de 50 metros. De modo que el sitio interesa por su potencialidad futura, no por sus condiciones actuales.
El otro punto atendible es el que ocupa el muelle abandonado que fue de Gas del Estado, donde se descargaba el gas propano que actualmente ingresa en la provincia mediante balsas porque no está permitido el tránsito de combustibles a través del túnel Hernandarias, que vincula Paraná con Santa Fe.
Entre Paraná y Diamante existe otro embarcadero cerca del arroyo El Salto, en Aldea Brasilera, usado para sacar piedra caliza y otros minerales y, al lado, está la nueva construcción mencionada arriba.
Embarcaciones menores
Ya en Victoria se observa actividad fluvial en el río del mismo nombre, que nace en el propio puerto local, de administración municipal, y desemboca en el Pavón. Allí existe una dársena de 150 metros de ancho por 400 de largo, con 3 muelles de cemento de 15 metros cada uno. Entran y salen embarcaciones menores con calado de 10 pies como buques para el transporte de hacienda o acopiadores de pescado, y actualmente hay mayor movimiento por la presencia de las empresas que construyen el terraplén y los puentes hacia Rosario, de manera que navegan a diario dragas, remolcadores, pontones y barcazas.
Sobre el río Gualeguay, antes de la desembocadura en el Paraná Ibicuy, quedan las antiguas instalaciones de Puerto Ruiz con muelles en estado precario y dos galpones vacíos, un lugar que con refacciones serviría para barcazas. Hoy lo utilizan pequeñas embarcaciones con hacienda y barcos de pesca.
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