Los científicos y la tecnología que falta

El rol del conocimiento en las ventas
(0)
13 de mayo de 2003  

Muchas veces se menciona la enorme ventaja de las exportaciones de alto contenido tecnológico por su gran valor agregado. Sin embargo, a la hora de dar ejemplos concretos, este tema parece desdibujarse y hasta internarse en el campo de los buenos deseos. Al fin de cuentas, ¿quién conoce a esas empresas mágicas que transforman un puñado de materias primas en un costoso equipamiento exportable? Hace más de 30 años que trabajo en una de esas empresas y quiero contarles nuestras experiencias.

La Argentina posee importantes antecedentes científicos que incluyen premios Nobel. Muchos científicos emigraron. Pero otros no, e incluso algunos desean regresar para integrar su esfuerzo al país. Pero parece que los argentinos consideran la ciencia y la tecnología un lujo costoso que el Estado debe financiar y que si no puede adiós a la investigación.

Sabemos que será necesario un gran esfuerzo técnico y científico para hacer que nuestras exportaciones tengan valor agregado. Hasta aquí todos coincidimos. Pero parece que olvidamos la manera de conectar ambas cosas. Al igual que la tribu de los Yahoo, que nos relata el genial Jorge Luis Borges, somos incapaces de unir dos hechos simples, pero distantes en el tiempo. Sólo se trata de incorporar los científicos que tenemos a la tecnología que nos falta. Nos estamos muriendo de sed al lado de un barril de agua.

En mi labor docente, formando ingenieros en la UBA, veo que en estos años se enfatizó el concepto del "ingeniero director de empresas" y perdió vigor el concepto de ingeniería de innovación. Muchos profesores estamos tratando de revertir esto.

Dentro de este contexto, creo que puede resultar útil contarles cómo concebimos nuestra empresa. No es novedad en el exterior que un científico de Estados Unidos, Alemania o Inglaterra decida fundar una empresa para que produzca los bienes o servicios que su labor innovadora creó. Es frecuente que los investigadores realicen una labor mixta en empresas privadas y en universidades.

Sobre esta base se fundó nuestra empresa. Con la idea de tomar nuestros aportes intelectuales en ciencia y tecnología y convertir las ideas en patentes, y éstas en productos y servicios que ayudaran a la comunidad. Parte del dinero que esta labor aporta es destinada a continuar las investigaciones dando así oportunidad a otros innovadores a que contribuyan con sus ideas (algunos de ellos hoy tienen sus propias empresas). La idea es simple y funciona.

Nosotros nos dedicamos a la ingeniería de audio, a los campos de la electrónica, la acústica y la informática. Exportamos a 30 países equipos electrónicos y software para sistemas avanzados de audio digital, estudios de radio y grabaciones. Vendemos en los Estados Unidos, Europa, Africa y toda América latina.

Sinergia

Cuando fundamos la empresa, hace 30 años, nuestro país era totalmente desconocido en este campo de la ingeniería. Jamás había realizado ninguna contribución. Pero con una particular sinergia entre la labor académica la presentación de trabajos en congresos internacionales y una continuada labor industrial logramos poner a nuestro país entre el reducido grupo de los innovadores en este campo. Nos destacamos nítidamente dentro del grupo de América latina, avanzando por encima de colosos económicos como Brasil. Es cierto que nos llevó una generación realizarlo. Pero hoy el camino está abierto. Hay un creciente número de empresas argentinas que lideran diversos campos tecnológicos y de servicios. La suya debe ser la próxima.

El autor es gerente de Solidyne SRL y profesor titular de Electroacústica en la Facultad de Ingeniería de la UBA.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Comunidad de negocios

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.