
Los secretos del surimi argentino
La pesquera que introdujo en América del Sur el kanikama ya tiene el 40% del mercado brasileño
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¿Qué es y cómo se come? Son las dos grandes incógnitas que Alfredo Pott, el introductor del surimi -o kanikama- en América del Sur, viene explicando desde hace casi 20 años. Y no le va mal: su empresa produce entre 10 y 12 mil toneladas anuales del producto, de las que exporta el 70 por ciento. Los destinos son, principalmente, Brasil y España, pero también llega a varios países latinoamericanos. El socio mayor del Mercosur acapara casi el 40 por ciento de sus ventas.
El surimi -creación japonesa- es una proteína de pescado elaborada con carnes finas de especies patagónicas. De hecho, pesquera Santa Elena (Pesel, la empresa de Pott) utiliza como materia prima recursos subexplotados de las frías aguas australes, como la merluza de cola y la polaca. "Es un producto terminado y listo para comer, hecho con pescado fresco y otros ingredientes naturales, pasteurizado y congelado", según explica el mismo Pott.
El empresario aprendió la receta durante una visita a una planta elaboradora de la pasta en el país del Sol Naciente. A su regreso, la adaptó y mejoró para luego crear el mercado local y abrirse al competitivo sector externo. Así, en la Argentina y Brasil el surimi nació como kanikama, que en realidad es una marca comercial. Hasta ese momento, sólo producían y exportaban el producto Japón, Corea y los Estados Unidos.
Actualmente, desde su planta en Puerto Deseado, Santa Cruz, Pesel ofrece distintas variantes de su producto estrella, el de mayor valor agregado del sector en la Argentina, dicen. Y próximamente, lanzará en el exterior Kanikama Patagonia. "Con muy alta calidad, vamos directamente al nicho del sushi", anuncia Guillermo Kliauga, gerente comercial de la firma.
Para posicionar el producto, la pesquera realizó degustaciones, distribución de recetarios y muestras del producto en distintas ciudades. Incluso, ante los requerimientos de los consumidores, se cambiaron ciertos aspectos del empaque.
Además de Brasil y España, el kanikama también llegó a mercados más chicos como Perú, Colombia y Chile. Ahora, la empresa tiene en la mira a México, destino muy importante, pero difícil de penetrar. "Para Estados Unidos, la barrera arancelaria es 0, y para la Argentina, 20 por ciento", explica Kliauga.
Los números del consumo mundial, medido en toneladas anuales, hablan del negocio: Japón, 600.000 t; América, 200.000 t; Unión Europea, 150.000 t. Tal vez por eso nuevas firmas argentinas están animándose a producir y comercializar surimi.





