Mar del Plata exhibe la principal productora mundial de conservante de vacunas

Gihon tiene una trayectoria de más de 20 años como fabricante de timerosal; el 50% de su facturación corresponde a exportaciones
Lionel Paredes
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21 de marzo de 2019  

Timerosal es el compuesto que evita que las vacunas se contaminen
Timerosal es el compuesto que evita que las vacunas se contaminen Crédito: Shutterstock

Este caso de emprendimiento familiar, que pone en alto al país ante el mundo, tiene como base a la ciudad de Mar del Plata desde que Alberto Donaciano Chevalier, investigador químico, junto a su familia, decidió mudarse de la ciudad de Buenos Aires a la ciudad costera en 1978. ¿La razón? Hacer lo que le apasionaba: la química.

En la década del 80, la familia Chevalier empezó a crear muestras de productos químicos en el quincho familiar. Sin saberlo, plantaban las semillas de una de las principales fábricas de timerosal (una molécula utilizada en diversos productos, pero principalmente en vacunas) del mundo. En el 89 la empresa tomó forma y se fundó Gihon.

Tras la muerte de su padre, Alberto y Ricardo Chevalier se hicieron cargo. "Empezamos con la idea de sustituir importaciones, ese era el proyecto inicial y, en un segundo paso, intentar exportar a Brasil", recuerda Ricardo en diálogo con la nacion. En el año 89, estaba el Indec, pero no había internet y pocas computadoras, entonces comenzaron a investigar qué producto podían desarrollar que viniera exclusivamente de afuera. Uno de ellos era el timerosal.

Con la nomenclatura arancelaria buscaron en los libros del organismo oficial si la molécula entraba al país, en qué cantidad y a qué precio.

"El desarrollo no fue fácil, pero mi padre, de gran experiencia en esos temas, avanzó con el desafío y logró obtener resultados más que satisfactorios. Con la colaboración de mi hermano Alberto pulieron el procedimiento, y entre los tres diseñamos la estrategia para llevarlo adelante. Fue así como decidimos poner todas las energías para poder crearlo", cuenta Ricardo.

Así fue como, en el quincho de su casa, montaron un pequeño laboratorio. En la parrilla, en vez de hacer asados, cocinaban los productos, y después de muchísimos desaciertos, ensayos y frustraciones dieron con la molécula indicada y con la calidad farmacopea (el código oficial donde se describen las drogas y los medicamentos) requerida para su uso, principalmente, en vacunas.

Este conservante interviene en pequeñísimas cantidades en gran cantidad de vacunas tanto de uso humano como veterinario (fundamentalmente multidosis), para evitar principalmente su contaminación por bacterias y hongos. Esto fue lo que la familia Chevalier logró en Mar del Plata. En aquella época, solo tres empresas fabricaban el compuesto: la principal era europea, la otra japonesa y la tercera era sudafricana. Sin embargo, las últimas dos no lograban la calidad requerida por las distintas farmacopeas internacionales.

Salir al mundo

"Viendo que se abría el camino con gran potencialidad en el mercado internacional, decidimos gestionar y comprar un terreno en el Parque Industrial de Mar del Plata, por lo que comenzó una carrera para poder dar cumplimiento a lo que se presentaba. Para ello, vendimos nuestros autos, la casa de fin de semana que tenía la familia, entre otras cosas, y pudimos instalarnos en un pequeño galpón inicial construido con gran esfuerzo -cuenta Ricardo-. Pero no alcanzaba para montar todo lo necesario, por lo que recurrimos a amigos, parientes y hasta prestamistas, ya que los bancos no nos prestaban porque no había nada para hipotecar. Mientras tanto, venía otra etapa no menor, que era la de conseguir los clientes. Por eso empezamos a gestionar contactos y a dejar muestras en distintas droguerías y laboratorios".

La empresa comenzó entonces a trabajar con un distribuidor argentino que los estafó: les compraba el producto, le cambiaba el rótulo y lo exportaba a un precio más alto. Tras este inconveniente decidieron comenzar su propia experiencia comercial y, luego de convencer al dueño de una de las empresas alemanas de mayor prestigio internacional, llegó una primera orden de compra por US$26.000.

"Se nos presentaron dos problemas: uno era cómo cobrar la orden de compra, ya que exigía una carta de crédito, y el otro era un asunto de financiamiento, para poder cumplir con el cliente. Nuevamente recurrimos a parientes y prestamistas, hasta que nos ayudó el jefe de comercio exterior del Banco Nación, quien nos guio y ayudó en cómo se hacía para tramitar una carta de crédito y en toda la compleja operatoria para principiantes en estas operatorias. Hoy a los 82 años trabaja con nosotros en el laboratorio", añade Ricardo.

Pero hoy todos esos obstáculos son parte del pasado: Gihon es el principal productor de timerosal a nivel mundial; exporta el 98% de su producción a Europa y EE.UU., además de incursionar en biotecnología, micro y nanotecnología, y desarrollando otros productos, con los que en total exportan el 53% de su facturación.

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