Modificar las estrategias

Cuál debería ser el comportamiento de las empresas y de los agentes públicos para enfrentar con éxito los cambios estructurales que se dan en el mundo; el rol de las cadenas productivas
Marcelo Elizondo
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13 de octubre de 2015  

Crédito: Alejandro Álvarez

La segunda parte de 2015 nos pone ante diversas noticias inquietantes provenientes de la economía mundial. Desaceleración en el crecimiento en algunos países (por ejemplo China), recesiones (por caso Brasil o Rusia) devaluaciones (la mayoría de los países emergentes); aunque también hay algunas regiones que muestran mejores señales (Japón, Estados Unidos o México) o emergentes que siguen creciendo (India, con una buena performance será entre las principales economías del mundo la de mayor alza).

El comercio mundial no es inmune a estos ajustes, y según la Organización Mundial del Comercio (OMC) presenta un crecimiento modesto -en algunos mercados crecerá, en otros decrecerá, pero en general mostrará una moderada alza-.

El crecimiento del comercio mundial será por tercer año consecutivo inferior al 3% (entre 2012 y 2014, el comercio creció sólo el 2,4% por término medio, el ritmo más lento registrado en un trienio en el que hubo expansión del comercio -es decir, excluyendo años como 1975 y 2009, en que el comercio mundial disminuyó-). Debe decirse que el volumen comerciado en cantidades físicas y toneladas despachadas crecerá de manera no desdeñable, pero esto se verá afectado por la baja de precios.

Para la Argentina esto implica un enorme desafío. Después de haberse favorecido -por un decenio- por incremento de los precios internacionales y una mejora en sus términos de intercambio, ahora deberá proponerse una recuperación en su comercio internacional a través de otros atributos propios, ante un cambio del escenario global. Las exportaciones argentinas serán en 2015 25.000 millones de dólares más bajas que en el primer año de la década.

Ese desafío está vinculado con la necesidad de generar capacidad de las empresas argentinas de insertarse en las cadenas globales de producción. Las empresas que mayor relevancia tienen en el comercio global actúan dentro de conjuntos de referencia que tienen su lógica de actuación más allá de las fronteras de los estados en los que actúan algunos de los eslabones de sus procesos productivos y comerciales.

En el nuevo escenario productivo/comercial global, en países varios, tanto desarrollados como en vías de desarrollo (emergentes), se ha dado lugar a lógicas empresariales transfronterizas en las que los parámetros de actuación son centralmente iguales más allá de si algún eslabón de sus procesos está en un país emergente (por ejemplo, la producción manufacturera en Asia), otro está en uno desarrollado (por ejemplo la generación de investigación y desarrollo en Estados Unidos o Europa) y la fase final que incluye la comercialización o la distribución dispersa en varios países.

Podría decirse que mientras se sigue analizando a economías que son desarrolladas o emergentes, en verdad, en las economías emergentes hay actores desarrollados y en ciertos sectores de las economías desarrolladas hay actores infradesarrollados.

Ya no se trata de analizar dónde están, sino de ver que los estándares de actuación se replican dentro de cadenas trasnacionales productivas y comerciales guiadas por firmas globales, y que su actuación se refiere a normas que se respetan más allá de la calidad del entorno general ("desarrollo") de los países en los que están sus eslabones productivos.

Esto está explicando el funcionamiento del comercio global de estos días.

Sostiene la Unctad (Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo) que las cadenas de valor administradas de diversas maneras por las empresas transnacionales -que son las que dominan el comercio global, ya representan el 80% de los 23 trillones de dólares del intercambio mundial anual de bienes y servicios (esta cifra en realidad no cuenta el comercio intra UE, el que de ser contabilizado multiplicaría los datos del comercio mundial a una cifra aproximadamente 25% mayor).

Explica que el comercio ya es sistémico, integrado, y no una sucesión de operaciones aisladas; que existen cada vez más complicadas redes de inversión y comercio (vinculadas), por las cuales materias primas extraídas en un país pueden ser exportadas a un segundo país para su procesamiento, luego exportadas otra vez a una planta de fabricación en un tercer país y finalmente exportadas a un cuarto país para consumo final. Esto logra que 28% de las exportaciones brutas mundiales consisten en valor agregado que importan países que después los incorporan a productos o servicios que luego exportan (unos 5 trillones de dólares), de manera que una parte importante de las redes internacionales de producción de las empresas transnacionales se orienta hacia la provisión de insumos de servicios -lo que impulsa el 60 % de IED-, y que esto demuestra la vinculación entre inversión extranjera, integración en alianzas y posterior comercio.

Este proceso hace incrementar la participación de servicios dentro del comercio de mercancías (más allá del específico comercio internacional de servicios en sí, que llega a una cifra de alrededor del 20% del comercio total). El 46% del valor agregado en el comercio de mercancías que se produce en estos procesos está explicado por la incorporación de servicios (dentro de un mismo país) en esos procesos.

Por ello la intervención de los países en desarrollo en el comercio global del valor agregado creció de 20% en 1990 a 30% en 2000 y hoy ya supera el 40%, cifra en la que el papel de las empresas transnacionales es fundamental, porque los países con mayor presencia de IED en relación al tamaño de sus economías (si lo comparamos a su participación en las exportaciones mundiales) tienden a tener un mayor nivel de participación en las cadenas mundiales de valor, y un mayor peso relativo en el comercio mundial de valor agregado.

Una manera de graficar esto es destacar la proliferación de nuevos acuerdos internacionales que entre distintos países del mundo se están produciendo para sostener jurídicamente este proceso económico sistémico.

Estimular el desarrollo

Por todo esto, según la Unctad, el desarrollo de un país puede ser estimulado incrementando la participación en el valor agregado interno pero en éstos procesos. Países que, en los últimos 20 años, lograron aumentar su participación en las cadenas mundiales de valor (CMV) tanto como su valor agregado en las exportaciones, experimentaron crecimientos per cápita de 3,4% en promedio, frente a 2,2% para los países que sólo aumentaron su participación en las CMV sin incrementar la adición de su valor interno.

Sostiene la Unctad que las CMV pueden ser una manera importante para que los países en desarrollo construyan sus capacidades productivas y que, inclusive, actúan como difusoras de tecnologías y habilidades capaces de abrir oportunidades para la mejora industrial a largo plazo.

Es cierto que en el mundo en general, en estos días, el comercio global se debilita por el descenso de los precios. Pero en la Argentina la caída del comercio ocurre por el menor intercambio medido en volúmenes (además de la caída de los precios). La Argentina mostraba ya notorias debilidades antes de las últimas noticias globales. Mientas a inicios de la presente década nuestro país explicaba el 8% de las exportaciones de Latinoamérica, el año pasado apenas generó el 6,5% de ese total.

Por ello, Argentina se encuentra ante la necesidad de redefinir sus mecanismos de vinculación con los actores del comercio global económicos globales, que ya no actúan como lo hacían antes y que por eso nos plantean condiciones que exigen nuevas decisiones estratégicas.

Es cierto que la Argentina deberá corregir problemas macroeconómicos y que sin ello será difícil recuperar competitividad. También habrá que mejorar la capacidad de negociación internacional para lograr mejores marcos jurídicos internacionales para el acceso de productos y empresas argentinos en diversos mercados. Todo ello es un requisito. Pero adicionalmente (y sin quitar relevancia a lo antes expuesto, pero -por razones metodológicas- para concentrarse en lo que este trabajo estudia), habrá que entender que dada la nueva conformación del comercio global (lo antes expuesto referido a la interacción sistémica de inversión, alianzas, formación de cadenas intra o metaempresariales más allá de las fronteras y con relativa prescindencia de la vieja categorización de mercados desarrollados o mercados subdesarrollados, y posterior comercio) la inserción internacional no se basa ya en la vieja promoción de exportaciones sino en la incorporación de eslabones en cadenas de valor en las que las inversiones (emisivas y receptivas), las alianzas y las estrategias múltiples entre empresas (y países) anteceden al comercio y lo inducen.

La política de inserción económica internacional debe apuntar por ende a la generación de procesos "inversión-alianzas-comercio". Una inteligente vinculación externa permite el acceso a inversiones en la economía real, financiamiento, relaciones sistémicas virtuosas y mercados para los productos argentinos e ingreso de divisas. Y ello contribuye a la generación de riqueza, a mejorar la calidad productiva, crear empleo de las mejores características y al acceso de la población a mejores bienes y servicios.

En todo el mundo, muchas empresas, en numerosas ocasiones con la ayuda de agencias de promoción comercial públicas, han logrado asociaciones relevantes (a veces no demasiado formales), vinculaciones muchas veces espontáneas pero crónicas, asociaciones relacionales con organizaciones complementarias, que permiten compromisos conjuntos en el comercio internacional, en los que distintos actores se han involucrado tratando de obtener el mejor nivel de vinculación en los negocios.

Desde que el comercio internacional mostró los últimos cambios estructurales, y especialmente en los recientes años, se deben cambiar las estrategias de las empresas y también las de quienes prestan servicios a esas empresas en nombre de la promoción comercial externa. Ahora, además, con la mayor sofisticación comercial, lo que se requiere para obtener el objetivo es insertar productos -con mayor o menor diferenciación, según el caso- en cadenas internacionales (firmas, empresas, compañías globales), lo cual es tan valioso como producir los bienes demandados.

Un desafío, pues, es la generación de procesos de inserción (no ya de mera promoción) en mercados externos para cadenas productivas. Ahora las empresas y los agentes públicos promotores deberán llevar adelante procesos que completen la promoción con acciones sistemáticas de inserción externa, puesta en marcha de procesos interactivos, constantes, calificados, que permitan la relación sustentable de actores económicos en mercados alejados.

El autor es Magister en Administración de Empresas, abogado, profesor universitario, investigador del ITBA, consultor de empresas? y director de la consultora DNI

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