Un bloque con banco propio

Trece años después de haber nacido como acrónimo, Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica acordaron la creación del Banco de Desarrollo, una herramienta para evitar la injerencia de las potencias desarrolladas; la infraestructura, el gran objetivo
Marcelo Santoro
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28 de octubre de 2014  

El famoso acrónimo BRIC formado por las iniciales de los países Brasil, Rusia, India y China, acuñado en 2001 por el economista Jim O'Neill, identifica a las principales economías emergentes que serían las dominantes hacia 2050.

La primera Cumbre de los BRIC se desarrolló en 2009 en Ekaterimburgo (Rusia). Uno de los principales temas tratados fue la reforma del sistema financiero mundial, centrándose sus críticas principalmente en el actual papel de Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial. Estos países promueven una revisión de las cuotas (aportes), para mejor reflejar el peso económico y mejorar la representación de los países emergentes; también promueven que las jefaturas del FMI y del Banco Mundial deberían ser seleccionadas a través de un proceso abierto y basado en los méritos de los candidatos y quitar la "exclusividad" del dólar estadounidense como moneda de reserva mundial.

En las cumbres subsiguientes, amén de reforzar estos objetivos primigenios, la agenda de los Brics (se sumó Sudáfrica) fue evolucionando hasta que en la quinta Cumbre celebrada en Sudáfrica (2013), los líderes de estos países acordaron la creación de un Banco de Desarrollo (ajeno a la ingerencia de las potencias desarrolladas) para financiar principalmente infraestructura.

En la sexta Cumbre de Brics de Fortaleza (2014) se acordó que el nuevo banco tendría un capital inicial de US$ 100.000 millones con un capital suscrito de US$ 50.000 millones aportados en forma equitativa y proporcional por los estados fundadores. Se estableció su sede en Shanghai y se resolvió dotar con otros US$ 100.000 millones a una línea de swap, técnicamente conocida como fondo de reserva llamado Acuerdo de Reservas de Contingencia cuyo objetivo será evitar presiones de liquidez en el corto plazo y ayudar a los bancos centrales de los respectivos países que tengan problemas coyunturales de balanza de pagos.

Aportes

Cada país deberá abonar US$10.000 millones para el capital inicial. Sin embargo para el swap, contribuirán según su tamaño. Por ejemplo, China con US$ 41.000 millones y Sudáfrica con US$ 5000 millones. El Banco de Desarrollo de los Brics se denomina NBD Nuevo Banco de Desarrollo. La presidencia del banco será rotativa comenzando con India. A China le tocará recién en 2021. El nuevo banco podría llegar a prestar hasta US$ 34.000 millones anuales.

Es muy necesaria la inversión en infraestructura (carreteras, edificios, gasoductos, oleoductos, puentes) en todos los países emergentes y en particular en estos Brics. El Nuevo Banco de Desarrollo puede cumplir los objetivos del G-20, pero también debería constituirse en un polo de atracción del exceso de liquidez y de ahorros existentes a nivel mundial que hoy representan US$ 72.000 millones, y que podrían canalizarse hacia grandes planes de infraestructura con la participación del Organismo Multilateral de Garantía de Inversiones y con otras entidades financieras para que a través de acuerdos con aseguradoras hagan más atractivas las inversiones y protejan los fondos depositados.

La creación de este banco muestra sin duda un desarrollo positivo para el orden económico mundial. Habrá que ver cómo se adapta esta nueva institución financiera internacional a los vaivenes económicos de sus miembros, como un magro crecimiento de la economía brasileña, el revés de la moneda de la India porque sus niveles de deuda superaron el apetito del mercado, Rusia con sus adversidades políticas, Sudáfrica con conflictos laborales y China encuadrando su superciclo de crecimiento entre bandas de 7 y 8%.

En este contexto, por la cercana relación que mantiene la Argentina con los países Brics, no sería de extrañar que una vez constituido el Nuevo Banco de Desarrollo y en pleno funcionamiento, nuestro país pueda intentar utilizar créditos de la nueva institución para obras que se necesitan imperiosamente.

El autor es profesor de Negocios Internacionales de la Universidad de Palermo

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