Una emprendedora en el negocio del té
Inés Berton, con su marca premium Tealosophy, se consolida en el exterior. Pronto abrirá un local propio en San Pablo y otro en Nueva York
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Ofrecer un té es un acto de hospitalidad, pero ofrecer un té diseñado especialmente para la persona que lo va a tomar es un lujo. En este segmento se ubica el trabajo de Inés Berton, tea blender o diseñadora de té.
A pesar de definirse como una persona netamente creativa, tiene una agenda de empresaria que incluye viajes, reuniones con altos ejecutivos, pedidos especiales para hoteles y restaurantes cinco estrellas, la puesta en marcha de locales en el exterior. Pero Inés, tranquila, de hablar pausado, se toma un tiempo dispuesta a una charla sin prisa en el restaurante que su marido, el chef Rodrigo Toso, tiene al lado de su local, Tealosophy, en la Promenade Alvear.
"Mi trabajo consiste en viajar a las mejores cosechas de té, en diferentes partes del mundo. Voy a las plantaciones a la región de Assam, en el noroeste de la India; a Darjeeling, al pie del Himalaya, entre Nepal, Sikim y Bután, donde se da el «champagne del té»; a Japón, donde se da el mejor té verde; a veces a Taiwan, donde se dan los mejores oolong, o tés semifermentados."
"Una vez que elijo las bases de las cosechas, diseño el té mezclando distintos sabores. Por ejemplo: una cosecha de té negro del noroeste de India con vainilla de Madagascar, cacao y naranjitas tostadas; o una cosecha de té verde del sur de Shanghai con manzanilla egipcia y clementina del norte de Italia. Utilizo sólo las dos hojas más nobles de cada planta y 2700 hojas para medio kilo de té", cuenta, después de ofrecer un exquisito té llamado spicy pear.
La historia laboral de Inés no fue planificada. Con 32 años, encontró su camino en Nueva York, casi de casualidad. Hace 12 años, se instaló en la Gran Manzana, donde consiguió un trabajo, según ella, de "che pibe" en el museo Guggenheim. En el edificio hay una famosa casa de té, The T. Emporium, a la que concurría asiduamente. "Como no me gustaban en un 100% los gustos que me ofrecían, empecé a mezclar las hojas. Los clientes se entusiasmaban con estos blends, por lo que me contrataron para trabajar ahí", explica. Estudió después durante ocho años con Fumiko, quinta generación de los blenders más importantes de Japón y su gran maestra. Con ella aprendió a consustanciarse con el té como filosofía. Así comenzó una empresa exportadora.
"Mi marca afuera es una novedad. No hay nada copiado. Todo sale de mi cabeza en un 100%", dice, reflexionando sobre el porqué de su éxito en el exterior. En marzo, abre un local en Nueva York y ya casi tiene listo el de San Pablo.
"En España trabajo con diversos hoteles y restaurantes y estoy terminando de cerrar un par de cosas en Londres y Uruguay." Por otro lado, diseña para otras marcas, como Inti Zen, un té gourmet en saquitos que está exportando a Chile y para marcas europeas y norteamericanas.
Con este ir y venir, descubrió que su base de operaciones más conveniente era Rotterdam: "Porque es el puerto mejor vinculado con Oriente. El flete es muy caro, en parte porque necesitás consolidar un container para que los olores no se contagien. Además, el té es muy complicado para mover, necesita muchos permisos".
Esto no termina aquí. Inés, tentada por Warner Music, sacó un disco llamado Tealosophy, que se vende nada menos que en Harrod´s, de Londres, y en El Corte Inglés, de España. Ahora está en la Argentina. Ella eligió los temas, y la discográfica se ocupó de todo lo demás.
Además, en su local, se ofrecen chocolates hechos con té, velas, vajilla con su nombre, y pronto sale una línea de jabones y sales de baño. Es que Inés Berton, además de ser una mujer de aspecto tranquilo y reflexivo, pero por definición propia workaholic , es ya una marca registrada. "Te aseguro que mi trabajo es también mi hobby."






