Concesiones del BCE allanan el camino para un acuerdo en Grecia

Matthew Dalton
Stephen Fidler
Alkman Granitsas
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8 de febrero de 2012  

Miles de griegos salieron a la calle el martes para protestar frente a la amenaza de nuevos recortes de gastos y aumentos de impuestos mientras proseguían las negociaciones en Atenas sobre un nuevo acuerdo de rescate y reestructuración de la deuda entre el gobierno y sus acreedores internacionales.

La posibilidad de un acuerdo se volvió mucho más factible el martes tras un gran avance: el Banco Central Europeo (BCE), uno de los mayores acreedores de Grecia, parece dispuesto a permitir que los bonos que posee sean incluidos en la reestructuración, según fuentes cercanas. Eso allanaría el camino para un pacto con los acreedores del sector privado, pero todavía no está claro si los políticos griegos, que hacen frente a la indignación del público, aceptarán las severas políticas impulsadas por las autoridades europeas y el Fondo Monetario Internacional como parte de un convenio final.

Una huelga de 24 horas convocada por sindicatos del sector público y privado produjo el cierre de los bancos, redujo el transporte público y suspendió las clases en los colegios, mientras que los hospitales se vieron obligados a operar con el mínimo de personal.

Los manifestantes marcharon por la plaza central de Atenas portando pancartas en las que arremetían contra las medidas de austeridad, en tanto que los grupos de izquierda llamaban a la revolución.

La protesta coincidió con una serie de reuniones para resolver las disputas sobre el nuevo plan de rescate, que se espera apuntale las arcas del gobierno con unos US$170.000 millones y que acarrea fuertes pérdidas para los acreedores privados. El primer ministro del país, Lucas Papademos, se reunió el martes por la noche con acreedores oficiales —la "troika" constituida por la Comisión Europea, el BCE y el FMI— tras conversaciones con el Instituto de Finanzas Internacionales, la entidad que representa a los prestamistas del sector privado.

Los acreedores oficiales de Grecia —los gobiernos de la zona euro y los bancos centrales del bloque— estarían dispuestos a aceptar pérdidas bajo el nuevo acuerdo. El BCE, que compró bonos griegos con un descuento importante a través de un controvertido programa de compra de bonos, se comprometió a renunciar a al menos a una parte de sus ganancias si tales bonos fueran pagados en su totalidad, según fuentes al tanto. En su lugar, el organismo recibiría bonos emitidos por el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF), el fondo de salvataje de la zona euro, con al menos el mismo valor que el precio al momento de la compra que los bonos griegos, añadieron.

Los ministros de Finanzas de la zona euro se reunirán este jueves para analizar el plan de rescate griego, señaló el martes Wolfgang Schäuble, el ministro alemán de Finanzas.

El tiempo se acaba.

Grecia tiene un vencimiento por 14.500 millones de euros (unos US$19.200 millones) el próximo 20 de marzo y los fun-cionarios se han comprometido a incluir estos bonos en una reestructuración mediante la cual los acreedores recibirán nuevos instrumentos con la mitad del valor nominal de los anteriores. Sin embargo, orquestar esta operación demorará semanas y las conversaciones se han prolongado más de la cuenta ante una seguidilla de desacuerdos.

El último conflicto está relacionado a las impopulares medidas solicitadas por la zona euro y el FMI como condición antes de prestar más dinero a Grecia.

Tales políticas incluyen una reducción de 20% en el salario mínimo, más de US$3.974 millones en nuevos recortes en el gasto público y otras iniciativas para reducir los beneficios suplementarios a las pensiones de los jubilados.

Las protestas del martes reflejan un profundo malestar que ha contribuido a descarrilar el programa de ayuda griega en los 21 meses transcurridos desde que el país firmó su primer acuerdo de rescate financiero.

Grecia ha incumplido en reiteradas ocasiones las metas fijadas para reducir su déficit fiscal y los países de la zona euro no han ocultado su exasperación ante lo que consideran como la resistencia del gobierno a la adopción de reformas económicas.

Ahora, la Unión Europea insiste en un compromiso por escrito en el que tanto el gobierno como Nueva Democracia, el principal partido de la oposición, apoyen el programa. El miércoles por la mañana, Lucas Papademos tiene previsto reunirse con los líderes de los partidos de su coalición para apuntalar el respaldo a un nuevo pacto, pero todavía no está claro si el líder de la oposición, Antonis Samaras, apoyará las políticas solicitadas por la UE y el FMI.

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