Cayeron los activos argentinos en Wall Street por el temor a una eventual reestructuración de deuda

Crédito: Soledad Aznarez
Rafael Mathus Ruiz
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19 de agosto de 2019  • 11:40

WASHINGTON.- En otro "lunes negro", las acciones y bonos de la Argentina sufrieron otro duro azote en Wall Street, en medio de fuertes especulaciones sobre una posible reestructuración de la deuda, alentadas por declaraciones de Alberto Fernández durante el fin de semana, y a la espera de alguna señal por parte del nuevo equipo económico, bajo el mando de Hernán Lacunza, y del Fondo Monetario Internacional ( FMI ).

La nueva ola de ventas que castigó a los activos argentinos en Nueva York volvió a mostrar a una comunidad inversora aún muy sensible a las señales que surgen de la Argentina, y que carece, por el momento, de un horizonte claro que permita morigerar la volatilidad y brinde suficientes certezas respecto del futuro como para regenerar la confianza necesaria para alentar compras.

La principal novedad que dejaron las operaciones en Nueva York fue el renovado castigo a los bonos de la deuda, liderado por el Bonar 2024, que cayó un 8,4%, y que llevó el riesgo país a dar un salto del 13,6 por ciento a 1883 puntos. Entre los ADR, las acciones de los bancos resultaron las más dañadas, con pérdidas de dos dígitos: Grupo Supervielle cayó un 15,8%; Galicia retrocedió otro 15,7%; el Macro, un 15,3%, y el BBVA Banco Francés, un 14,4 por ciento.

Sin operaciones en la Argentina por el feriado del 17 agosto, aniversario del fallecimiento del General José de San Martín, los negocios en Nueva York sirvieron para dejar otra vez en evidencia la fragilidad de los activos argentinos, y el impacto de los indicios que surgen de la campaña de Alberto Fernández, virtual presidente electo, a los ojos del mercado, tras las elecciones primarias del domingo 11 de agosto.

La semana anterior, Emmanuel Álvarez Agis, uno de los referentes del equipo económico de Fernández, buscó llevar un mensaje de calma a Wall Street en un par de conference call con analistas e inversores, en los que intentó sembrar la expectativa de que Fernández liderará un gobierno moderado. Álvarez Agis también minimizó la posibilidad de una reestructuración de deuda. Pero el domingo Fernández dijo en una entrevista con el diario Clarín que había que sentarse a discutir "uno por uno" con los acreedores, y elogió el trabajo de Guillermo Nielsen durante el gobierno de Néstor Kirchner, quien inicialmente propuso a los bonistas una quita del 75% en la deuda, indigerible para el mercado, que luego fue mejorada.

Por la mañana, el propio Nielsen salió a poner paños fríos, al indicar en una entrevista con la agencia Bloomberg que no tenían planes de reestructurar la deuda. No alcanzó.

"La gente se quedó con lo que dijo Fernández el fin de semana. Tiene que haber resoluciones pronto. Esta incertidumbre no aguanta mucho más. Fernández tiene que calmar a los mercados de alguna forma", indicó Alberto Bernal, de XP Investments.

Las declaraciones le dieron aire al espíritu de remate que gobierna a los bonos, en un mercado que reacciona en un abrir y cerrar de ojos a una economía sin anclas y un entorno político anómalo. En Wall Street, la comunidad inversora da por hecho que habrá algún tipo de canje de deuda. La pregunta es, más bien, cómo será la reestructuración, más que si se habrá una o no, según dejaron trascender analistas y traders durante los últimos días. Un mercado muy sensible en tiempo turbulentos.

Un informe de XP Investments difundido antes del inicio de las operaciones relativizó el riesgo de una "reestructuración agresiva", pero, así y todo, indicaba que los precios ya habían internalizado "la posibilidad eminente de una reestructuración de la deuda".

El nuevo azote de los inversores a los activos argentinos llegó mientras el flamante ministro de Hacienda, Hernán Lacunza, apuraba en Buenos Aires las primeras medidas y aprovechaba el escaso margen del fin de semana largo para empaparse de los números y las prioridades que tendrá su gestión, en reuniones con la "mesa chica" de Cambiemos; su antecesor, Nicolás Dujovne, y el presidente del Banco Central, Guido Sandleris.

A la espera del FMI

Las miradas y los oídos están puestos en los próximos movimientos de Fernández, el Gobierno, pero, también, en Washington, donde aún se espera que el Fondo Monetario Internacional (FMI) confirme si enviará a Buenos Aires una nueva misión liderada por Roberto Cardarelli, un viaje crucial y decisivo para el futuro del histórico acuerdo stand-by por unos US$ 56.000 millones, única línea de financiamiento externo activa que le queda a la Argentina.

El viaje de Cardarelli también quedó envuelto en especulaciones respecto de si ocurrirá o no. De concretarse, la misión estará signada por el nuevo contexto político y económico que dejaron las primarias presidenciales. El Fondo tuvo su primer contacto a fines de junio con Fernández, y, según trascendió, fue un muy buen encuentro.

Antes de las primarias, el viaje de Cardarelli apuntaba a ser el más sencillo de todos los que hizo a Buenos Aires. El economista italiano, jefe de misión para la Argentina en el FMI, sólo debía cotejar el cumplimiento de las metas del programa del segundo trimestre, que el Gobierno logró. Eso bastaría para liberar el giro previsto para septiembre, por US$ 5400 millones.

Pero el resultado de las primarias cambió todo. Las urnas le propinaron un duro cachetazo al gobierno de Mauricio Macri y a su política económica, ungida por el Fondo con el mayor préstamo en la historia del organismo. El último coletazo del mercado llevó el dólar a $60 y pulverizó el valor de los bonos de la deuda, que cayeron a terreno de default. El último informe de Cardarelli advertía que el programa enfrentaba "significativos riesgos a la baja" y que la sustentabilidad de la deuda permanecía "altamente vulnerable" a shocks como el que ocurrió tras las elección.

Ante el nuevo panorama, economistas ya prevén que la inflación de este año será más alta que la de 2018, y que la recesión será más prolongada de lo anticipado. Cardarelli ya advirtió también en su último informe que eso llevaría a más pobreza, y a un menor respaldo a las políticas de ajuste del Gobierno.

Si se concreta, la misión de Cardarelli tendrá como tarea central elaborar un nuevo diagnóstico sobre la economía argentina y el futuro del acuerdo stand-by, que quedará plasmado en el informe del staff que debe elevar al Directorio Ejecutivo. Es un informe clave para el país: el board debe decidir si envía o no un nuevo giro por US$ 5400 millones. Si no lo hace, la crisis empeorará, coinciden economistas.

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