
Cresud, una de las mayores firmas agropecuarias del país, va a la cosecha de ganancias
Después de haber vendido campos por la caída en la rentabilidad, la compañía está a la expectativa de nuevas operaciones mientras produce a gran escala granos, carne y leche
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George Soros, el mago de las finanzas, ya no es más un hombre de las pampas argentinas, pero su estilo audaz se mantiene vivo. Cresud, una de las mayores empresas agropecuarias del país, reorganizó sus fuerzas tras la retirada del millonario húngaro-norteamericano como su principal accionista y hoy exhibe una situación financiera saludable.
"El campo argentino es fuerte y tiene grandes posibilidades de salir de una situación tan difícil como la que atraviesa actualmente", opina el gerente general de Cresud, Alejandro Elsztain.
Con unas 460.000 hectáreas de campos distribuidos en siete provincias, la compañía tiene una doble estrategia de negocios. Por un lado, invierte en tierras y funciona como un Real Estate Investment Trust (REIT) del sector rural argentino: valoriza los campos y luego los vende. Y por el otro, se dedica a la producción gran escala de granos, carne y leche.
Después de la crisis del sudeste asiático, cuando los precios de las commodities (materias primas) comenzaron a irse a pique, la empresa, previendo que la situación no iba a mejorar, se desprendió de parte de sus activos. Entre marzo de 1998 y julio de 1999 vendió campos y haciendas por 35 millones de dólares. Lo que para otros habría derivado en pérdidas, para Cresud supuso un negocio: en casi cuatro años prácticamente duplicó los valores de las tierras que había adquirido.
"Hoy estamos muy líquidos. Las tres últimas operaciones fueron de ventas y ahora estamos analizando el mercado", explica Elsztain. El patrimonio neto actual de la compañía es de 175 millones de dólares y, según el directivo, no tiene deudas.
Tranquilidad
La incertidumbre de los mercados llevó a Cresud a moverse con cautela en la decisión de sus inversiones. "Nos inclinamos hacia proyectos de alta tecnología con elevadas tasas de retorno", dice Elsztain.
Hace dos años compraron campos en San Luis en una zona de baja productividad ganadera y los transformaron, mediante la incorporación de tecnología de riego, en una zona agrícola. Allí, en unas 2628 hectáreas en producción, obtienen cultivos con rendimientos similares a los de las mejores áreas agrícolas del país.
La otra gran apuesta fue el feed-lot, también en San Luis, que modifica la tradicional imagen bucólica de las vacas pastando en el campo mediante un sistema de producción que consiste en el engorde de la hacienda en corrales.
Asociada con la empresa norteamericana Cactus Feeders, la más grande del mundo en feedlots, formó Cactus Argentina. Apunta a los mercados que requieren la terminación de la hacienda a grano, Estados Unidos y Japón, entre otros, y tiene capacidad para alojar 75.000 animales por año. El emprendimiento también funciona como una especie de hotel vacuno: alquila el servicio a otros productores.
En Salta y Catamarca también transformaron tierras con productividad nula en zonas para cría ganadera de buena rentabilidad. Además de la ganadería y la agricultura, en la que producen soja, trigo, girasol, maíz y poroto, entre otros, se le suma la lechería, en la que invierten en genética, nutrición e infraestructura de producción.
Entrar y salir
La presencia de compañías como Cresud demuestra que el agro argentino, a pesar de la crisis que afecta a los productores, está atravesando por un cambio profundo en el que las operaciones a gran escala reemplazan a las explotaciones pequeñas y con escaso aporte de capital y tecnología.
"Como compañía pública -es la única del sector que cotiza en la Bolsa y en el Nasdaq- Cresud compra y vende cuando lo considera necesario", dice Elsztain. "Efectúa los negocios pensando en generar resultados para los accionistas. Lo que se busca es que este último vea incrementadas sus ganancias. Y dentro de ese objetivo si hay que vender un campo se vende, y si hay que comprar, se compra. Lo mismo pasa con la hacienda, los granos y los cereales", añade.
Claro que la crisis no les es ajena. "En momentos difíciles -aconseja- una de las claves reside en ajustar con mucha precisión los costos de producción. Trabajamos intensamente para lograr planteos productivos de eficiencia máxima analizando con detalle los presupuestos antes del inicio de la campaña agrícola."
Dentro de esa estrategia aprovechan la magnitud de escala de sus operaciones. Compran insumos más baratos -semillas y fertilizantes, entre otros- y esperan condiciones especiales para aprovechar los mejores momentos de venta de los granos y cereales. Otra clave de la estrategia es la utilización de los mercados de futuros (aquellos en los que no se negocian las existencias físicas de un producto sino contratos).
"La Argentina tiene buenos productores", opina, aunque cree que aún hay mucho por hacer en el aspecto comercial; es decir, cómo y cuándo venden las cosechas. "Se puede mejorar el valor de la producción tranqueras afuera", considera.






