Crisis en la pesca: habrá cupos para la merluza

La medida apunta a salvar la especie más importante del mar argentino, depredada por una captura indiscriminada; 20.000 trabajadores del sector quedarían en la calle
La medida apunta a salvar la especie más importante del mar argentino, depredada por una captura indiscriminada; 20.000 trabajadores del sector quedarían en la calle
Franco Varise
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30 de marzo de 2000  

José "Pipo" Ramaci sabe que le queda poco tiempo como empresario pesquero. Y que sus 60 empleados tendrán que quedar en la calle, a más tardar, dentro de dos meses. Su historia es común a la de muchos otros: el sector pesquero de Mar del Plata atraviesa una profunda crisis que amenaza con dejar a más de 20.000 personas sin trabajo.

Ocurre que, de un momento a otro, la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación (Sagpya) -organismo encargado de preservar el recurso ictícola- pondrá cupos a la pesca de merluza común, especie altamente depredada por causa de una sobrepesca irracional. La gravedad de la situación radica en que la merluza hubbsi o común es preponderante en el comercio nacional de pescado (aproximadamente el 80% del consumo) y prácticamente el único producto que logran vender los pescadores de pequeña y mediana escala.

"Estoy tratando de no cerrar el caladero para que no haya crisis social, pero el recurso está totalmente colapsado", afirmó el titular de la Sagpya, Antonio Berhongaray. La decisión de regular la captura se conoce luego de que, la semana última, un informe técnico del Instituto Nacional de Desarrollo Pesquero (Inidep) sobre la situación del recurso. En forma terminante, el documento recomendó no pescar más de 110.000 toneladas de merluza durante este año.

Ya se llevan capturadas más de 60.000 y sólo quedan 27.000, para los 107 buques de la flota fresquera marplatense, es decir los que procesan el pescado en tierra. El resto se reparte entre los congeladores (grandes buques factoría que procesan el pescado en el mar) y embarcaciones menores. En menos de 60 días ese volumen terminará cubriéndose, estiman los pescadores.

Reclamos airados

"Son funcionarios de última línea y encima nos toman el pelo. ¿Cuál es la política pesquera? ¿Quieren que cuando se recupere la especie volvamos todos a la carga y se repita el fenómeno? ¡Acá hay que sacar barcos!", protestó Ramaci, capitán y propietario de Augusta Megara SA, una firma familiar que pesca, procesa y también distribuye el producto.

"Esto no es j... , vamos a ir a parar todos a la m...", levanta el tono el empresario, que tiene compromisos comerciales por 400.000 pesos mensuales.

Berhongaray ordenó iniciar urgentemente negociaciones para formar una comisión interministerial. La idea es otorgar subsidios directos para contener los efectos sociales que provocará la fijación de cupos. "Tenemos un problema gravísimo y estamos elaborando un proyecto sobre cómo actuar durante el resto del año", dijo a La Nación Juan Carlos Cabirón, actual responsable de la Dirección de Pesca.

Nadie niega este argumento: el mar no se depredó solo. Algunos sectores le echan la culpa a la flota extranjera. Otros, a los funcionarios argentinos que permitieron desbordes en la capacidad de pesca instalada. Al respecto, existen tres denuncias penales, una de ellas impulsada por Berhongaray. Pero, también, hay quienes que, como la Multisectorial, formada por los gremios y empresas marplatenses, adjudican la responsabilidad a los buques congeladores -grandes factorías que procesan el pescado en el mar.

"Hay que buscar las herramientas legales para achicar esa flota. Se supone que ingresaron porque sobraba pescado y ahora que no hay más, tienen que irse", exigió anteayer durante una acalorada reunión en la Sagpya, Juan Novero del Sindicato Obreros Marítimos Unidos (Somu). "Si no hay plata ni pescado, vamos a prender fuego la ciudad", dijo, ofuscado, Adrián Casariego del Sindicato Obrero de la Industria del Pescado, durante el mismo encuentro.

"Vamos a tratar de regular la pesca en el tiempo y el espacio, no vamos a permitir las capturas olímpicas", explicó Berhongaray.

La opinión generalizada del sector, compartida tácitamente por algunos funcionarios, es que existe un sobredimensionamiento de la flota. De todos modos, reducirla requeriría medidas políticas excepcionales, dado que las empresas extranjeras cuentan con derechos adquiridos para pescar.

"Si ellos tienen derechos adquiridos imaginate yo, que con 55 años llevó 42 en la actividad", explica Ramaci, descendiente de un inmigrante italiano que llegó en 1916 para participar en la construcción del puerto de Mar del Plata. "Mi abuelo falleció en el mar, lo que para un marinero significa morir de pie", dice. También naufragaron dos de sus cuñados en un accidente en la década del setenta.

Cada vez que Ramaci aprovecha una marea para adentrarse en el mar invierte 25.000 dólares en gastos generales del barco. Por ejemplo, utiliza 16 toneladas de gasoil que cuestan 5000 pesos para un viaje de 12 días.

Medidas

"Estoy muy acongojado y en la reunión de directorio con mi esposa y mis hijos decidimos no hablar más del tema", concluyó Ramaci. Para Juan Carlos Villalonga, de Greenpeace, las reiteradas vedas dictadas y luego levantadas por los responsables del área poco favorecieron a la recuperación del recurso y a la estabilidad de los pescadores: "Tiene que haber medidas biológicas y sociales que se sostengan porque la improvisación no la tolera nadie", consideró y, al cabo de una pausa, agregó: "Buscar otras especies para reemplazar la merluza común tampoco es una solución porque la elevada capacidad de pesca producirá un efecto dominó sobre los demás recursos".

Un recurso que se agota

  • Sin control: desde 1990 hasta 1999 se superaron continuamente los índices de capturas máximas recomendadas por los científicos para la merluza común, la especie más numerosa del Mar Argentino. Sólo en el año anterior la sobrepesca alcanzó las 124.000 toneladas.
  • Irregularidades: existen tres denuncias penales que están en trámite en la Justicia, acerca de las maniobras en la administración y la adjudicación de los permisos de pesca. Estas anomalías habrían desencadenado el crecimiento desmedido de la flota y motivado la depredación del recurso pesquero.
  • Irracional: la actividad pesquera se dedica primordialmente a la exportación de productos congelados. Mientras en 1997 las capturas superaban lo permitido por los organismos técnicos, los envíos al exterior redituaban unos 2000 millones de dólares a las empresas del sector.
  • Sin salida: para los buques argentinos, el mercado se reduce prácticamente a la pesca de la merluza común. La mayoría de las licencias para capturar langostinos está en manos de las empresas españolas, los buques taiwaneses se orientan al calamar y la merluza Hoki, otra variedad importante que sólo puede pescarse a mucha profundidad.
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