
De los iglúes a la lucha política
Canadá les otorgó la autonomía a los inuit en abril; ellos exigen más territorio
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Con cierta ingenuidad, lo primero sobre política que uno pensaría escuchar de labios esquimales ( inuit ) sería un alegre quviatunga (estoy feliz), probablemente con un altivo upitunga (estoy orgulloso).
Después de todo, son el primer pueblo aborigen de América que ha logrado el reconocimiento de un status político, ya que Canadá le otorgó, a partir del 1º de abril de este año, la autonomía al flamante territorio de Nunavut.
Este posee 2.000.000 km2 y 24.730 habitantes, de los cuales 21.500 son inuit. Su capital es Iqaliut -antes Frobisher-, está en la isla de Baffin, y tiene 4220 habitantes: es la metrópoli que crece más rápido en todo Canadá.
Pero no debería upinarani (maravillarme), ya que mi primera pregunta a la gente de allí fue si pensaban unirse en algún momento con sus hermanos de raza Kallaalit Nunaat -Groenlandia en "europeo"-, que recibieron la autonomía de Dinamarca ya en 1970 (55.000 habitantes, casi el 90% esquimal, en 2.100.000 km2). Esta autonomía es muy real y lo demostraron abandonando en 1985 la por entonces Comunidad Europea. Tienen dos diputados en el Parlamento de Copenhague.
-No por ahora -contestó Ruby Arngna´naaq, consejera política de Inuit Tapirisat-. Tenemos problemas políticos más que suficientes en Canadá como para planteos tan ambiciosos.
¿Apenas unas pocas semanas de autonomía y ya tenían problemas políticos? ¿Cuáles podrían ser? Después de todo, han logrado, primero en Groenlandia y ahora en Canadá, lo que no consiguieron hasta ahora ni los aztecas, ni los mayas, ni los tarascos, ni los mixtecos, ni los quechua-aimaraes -pueblos ellos todos civilizados antes de la llegada de los blancos- ni tampoco, pese a su resistencia de tres siglos, los orgullosos mapuches (cuya civilización, aunque muy mediocre, estaba muy por encima de la de los inuit ). Tienen representación en el Senado de Canadá y al menos una diputada a la Cámara baja, Nancy Karetak-Lindell. Son específicamente legisladores por su nación, no por su militancia en partidos aborígenes, como Gaspar Antonio Xiú, príncipe maya por el Partido Institucional Revolucionario (PRI) en México, o Amelia Gudiño Ishton (tehuelche-ona) por el Partido Justicialista, entre nosotros.
Evidentemente, los inuit , aislados en las inmensidades polares de su helado país, se han abalanzado sobre las instituciones occidentales con avidez, decididos a conseguir en la lucha política lo que no podrían lograr jamás de otro modo. Endurecidos por la vida en su medio ambiente, quizás el más hostil que se pueda encontrar en el planeta, no se dejaron intimidar por la civilización, más avanzada técnicamente, de los blancos y aprovecharon la oportunidad que se les brindó.
Fue, después de todo, la primera vez en su historia milenaria en que tuvieron ocasión de hacer oír su voz ante el mundo.
Acento quechua
Esta conversación tenía lugar en la sede de Inuit Tapirisat, la gran organización que agrupa a los esquimales canadienses, con sede en un céntrico departamento de Ottawa, con teléfono, fax y correo electrónico. El diálogo era a la vez en inglés (con la señora Ruby) y... en castellano, con la joven Aluki Kotierk, nacida en Ikaluit, que lo aprendió en Canadá pero lo perfeccionó, entre todos los lugares de América, en Quito. Por ello, no resultaba nada raro que su manejo del idioma -excelente- estuviera acompañado por un fortísimo acento quechua. Ello daba al diálogo un matiz bastante surrealista (¿quién piensa en escuchar a una esquimal hablando como una quiteña o una cuzqueña?).
Sus planteos concretos son, en primer lugar, más territorio. Fuera de Nunavut han quedado Inuvialiut, al Oeste (5801 habitantes, de los que 5000 son inuit ); Nunavuk, al Sur -es el norte de Quebec- (9665 y 8765, respectivamente) y Labrador (12.850 y 5000).
-¿Qué pasaría con la mayoría no inuit allí?
-Nada. No somos exclusivistas, sino inclusivistas.
-¿Y qué más piden?
-Más poder financiero para manejar el presupuesto y para decidir impuestos. El costo de vida es muy alto y llegar es muy caro (acota Aluki: es más caro volar a Nunavut que al Ecuador desde Ottawa). La comida se lleva del Sur.
-¿Y la independencia?
-No en los próximos 20 años, por lo menos. Es que además somos leales al Canadá. Nuestro gran problema es que estamos divididos por fronteras arbitrarias decididas por ingleses y por canadienses. No nos consultaron. Pero queremos ir paso a paso. Por ejemplo, tener más años de escuela estatal inuit.
-Puede haber problemas con Quebec y con Terranova por sus reclamos territoriales...
-¿Y qué? La frontera es arbitraria.
-¿Cómo se las arreglarían si Quebec se separara?
-¿Por Nunavuk? No cambiaría nada. Repito: somos leales a Canadá. En caso de separarse, queremos seguir siendo canadienses. En cuanto a la unión con Groenlandia..., es nuestro sueño, nuestro ideal. Pero vamos paso a paso.
Un dato histórico-frívolo: ¡el iglú se mantiene! Viven en casas, pero lo siguen construyendo para ceremonias, y también cuando salen de cacería. Pero no es un invento esquimal. Lo tomaron de sus predecesores, los desaparecidos tunit (Robert McGhee, "Ancient people of the Arctic", Vancouver, 1996, Pág. 233).



