EE.UU. tiene mejores perspectivas de largo plazo que China y Europa

Nouriel Roubini
Ian Bremmer
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14 de noviembre de 2011  

No es de extrañar que los mercados globales estén con los nervios de punta. Las tres mayores economías del mundo no pueden seguir por su camino actual y todos lo saben. Los inversionistas observan ansiosos cualquier señal de que China se dirige hacia un aterrizaje forzoso, de que Estados Unidos entrará en una segunda recesión y de que la zona euro colapsará.

En los tres casos, las soluciones de corto plazo han impedido un desastre hasta el momento, pero los problemas han ido en aumento, tanto en términos de tamaño, como de peso. ¿Cuál será la primera economía donde la situación se vuelva inmanejable?

Europa

En Europa se han postergado las decisiones difíciles ante la incapacidad de los protagonistas para ponerse de acuerdo sobre cómo y por qué comenzó la crisis. Alemania y otros países acaudalados le echan la culpa al despilfarro de Grecia, Portugal e Italia y temen que un paquete de rescate prematuro les quite de encima la presión necesaria para enmendar el rumbo. Los países deudores, por su parte, creen que la zona euro sufre un desequilibrio y que las economías más prósperas, como Alemania, deben exportar menos y consumir más para corregirlo.

Otros europeos sostienen que una moneda común no puede sobrevivir de forma indefinida si la política monetaria es centralizada pero la política fiscal sigue en las manos de cada gobierno. Otro grupo advierte que el acceso a los mercados de capital exige una especie de seguro colectivo, preferentemente en la forma de un eurobono. Alemania, por cierto, se resiste a esta solución porque equivaldría a una transferencia de riqueza desde las economías del núcleo de la zona euro a la periferia, desde las economías más ricas a las más pobres.

Otros postulan que el remedio recomendado por Alemania y el Banco Central Europeo (BCE), es decir las medidas de austeridad, es peor que la enfermedad. Europa necesita crecimiento, no sólo reformas y ajustes de cinturón, indican, y sólo una buena dosis de estímulo en todo el bloque puede reactivar la economía.

Los 17 países y cuatro instituciones europeas que son parte de la crisis de la zona euro tratarán de seguir adelante como puedan, postergando las soluciones de fondo, pero su parsimonia es insostenible. Los mercados ya están perdiendo confianza en las reformas a medias. Las dudas acerca de Italia, una economía que es demasiado grande para caer, exacerban la volatilidad.

Europa será la primera crisis en volverse inmanejable. Hay que prever una cesación de pagos desordenada en Grecia, nuevos problemas para la banca europea y una recesión fuerte en todo el continente.

China

En China, la necesidad de realizar una reforma económica se ha vuelto obvia. Han transcurrido cuatro años desde que el primer ministro Wen Jiabao advirtió que el modelo económico es "inestable, desequilibrado, descoordinado y, en última instancia, insostenible" y tres años desde que la crisis financiera hizo que el crecimiento chino pasara a depender peligrosamente de las exportaciones a Europa, EE.UU. y Japón.

Para lograr una expansión económica de largo plazo (y estabilidad política), el gobierno debe hallar una forma de estimular a los consumidores chinos a comprar lo que producen las empresas del país. Este giro requiere una transferencia gigantesca de riqueza desde el Estado y las empresas estatales hacia las familias chinas.

El gobierno, no obstante, está yendo en la dirección contraria. La reacción a las turbulencias financieras en Occidente no fue reforzar el consumo, sino incrementar el gasto gubernamental y privado en inversiones fijas, que ahora representan casi la mitad del crecimiento chino. El resultado ha sido una explosión en los bienes raíces residenciales y comerciales, más gasto fiscal en infraestructura y nuevos créditos desde los bancos públicos a las empresas públicas.

En realidad, uno de los mayores obstáculos a una reforma en China es que la economía sigue demasiado vinculada a un modelo de capitalismo de Estado. Tres cuartas partes de las 100 principales empresas chinas que cotizan en bolsa son controladas por el gobierno.

Los dirigentes del Partido Comunista a los que les conviene el éxito de las empresas públicas han acumulado un poder considerable dentro del liderazgo chino, y oponen una férrea resistencia a cualquier intento de transferir su riqueza hacia las empresas privadas y los ciudadanos comunes y corrientes.

China cuenta con el efectivo y las reservas en moneda extranjera suficientes para aplazar una crisis. Pero la economía pierde fuerza, las tensiones en el sistema financiero aumentan y hay buenas razones para pensar que los días en que el país podía postergar las soluciones a sus problemas están contados.

Estados Unidos

Nadie puede restaurar la confianza en la salud de largo plazo de las finanzas estadounidenses sin un plan viable para recortar el gasto en programas como la seguridad social y defensa y, al mismo tiempo, elevar los ingresos, que se ubican en el nivel más bajo de los últimos 60 años como porcentaje del Producto Interno Bruto (PIB).

Sin embargo, es mejor no esperar ninguna solución inmediata desde Washington. La proximidad de las elecciones acentuará las diferencias entre los partidos demócrata y republicano y el estancamiento político. Esto significa que los problemas estructurales de la economía estadounidense seguirían sin resolverse.

El futuro de largo plazo, no obstante, parece mucho más auspicioso para EE.UU. que para Europa o China.

EE.UU. sigue siendo el líder en la clase de tecnología de punta que expande el potencial de crecimiento a largo plazo de un país, desde la energía renovable y los aparatos médicos a la nanotecnología y la computación en nube. Con el paso del tiempo, estas ventajas se traducirán en un crecimiento más robusto.

EE.UU. también goza de una ventaja demográfica. En Europa, el declive de las tasas de natalidad y la mayor hostilidad hacia los inmigrantes apuntan hacia una reducción de la población de hasta un máximo de 100 millones de personas para 2050. En China, debido en parte a la política de un hijo por familia, la población que trabaja ya empezó a contraerse. Para 2030, casi 250 millones de chinos serán mayores de 65 años. Otorgarles pensiones y cobertura de salud será muy costoso.

A pesar de la polémica sobre la inmigración, la población estadounidense probablemente aumentará de 310 millones a 420 millones de habitantes a mediados de siglo.

Finalmente, es muy probable que EE.UU. empiece a abordar sus problemas de fondo antes que Europa o China. No habrá grandes cambios durante un año electoral, pero hay una probabilidad de realizar una reforma fiscal importante en 2013.

Es probable que los republicanos obtengan el control de ambas cámaras del Congreso en los comicios de noviembre de 2012. Si un republicano es electo presidente, el partido sentirá una presión enorme para cumplir sus promesas reformistas. Incluso si el presidente Barack Obama es reelecto, hay buenas perspectivas de que alcance un gran acuerdo con sus oponentes. Ya no estaría sujeto a las presiones inmediatas de las elecciones y, al igual que otros presidentes reelectos, comenzará a pensar en su legado.

Aun así, que nadie se engañe. EE.UU. afronta desafíos formidables y el estancamiento del sistema político podría demorar reformas fiscales y estructurales muy necesarias. Pero todo es relativo y los desafíos de largo plazo de EE.UU. son más manejables que los de Europa y los de China.

—Ian Bremmer es presidente de la consultora Eurasia Group y autor del libro "El Fin del Libre Mercado". Nouriel Roubini es presidente de la consultora Roubini Global Economics y profesor de la Escuela de Negocios Stern de la Universidad de Nueva York

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