El ajuste no puede provocar una situación de desesperación social

Rosendo Fraga
(0)
26 de agosto de 2001  

El déficit cero exige un esfuerzo excepcional a la sociedad argentina. La realidad, incluso, lleva a contemplar la posibilidad de que en el último trimestre del año el ajuste de salarios públicos y jubilaciones no sea del 13 por ciento, como el mes último, sino del 20 por ciento, y que se prolongue durante todo el año próximo.

En este contexto queda planteada la pregunta de si la Argentina podrá sostener un esfuerzo social de esta magnitud cuando lleva ya más de tres años continuos de recesión, el país sufre el período más largo de su historia con una tasa de desempleo tan alta, mientras que la magnitud de la reducción del gasto público no tiene antecedente en las últimas décadas.

El problema central con el ajuste no está en la reducción de salarios públicos y jubilaciones que por encima de los 500 pesos se han rebajado el 13% y en el último trimestre pueden ser recortados aún más. La situación más crítica se da con las partidas que no son personal - el 85 por ciento del gasto público pertenece a salarios y a jubilaciones - sino con el ajuste de las partidas de funcionamiento, donde el porcentaje de reducción es mucho mayor.

Desesperación social

El ejemplo más claro de lo que está sucediendo lo dan las Fuerzas Armadas. A los militares se les han rebajado los salarios el 13% a quienes cobran más de 500 pesos nominales. Pero el racionamiento - la comida - se ha reducido el 75 por ciento, es decir que los fondos con este fin han sido disminuidos a la cuarta parte.

En el Ejército - en las otras fuerzas hay situaciones análogas - la alternativa ha sido reducir la jornada laboral a sólo seis horas y trabajar nada más que cuatro días por semana. De esta manera, el racionamiento se utiliza solamente para las guardias. Asimismo han sido suspendidos todos los ejercicios militares, con la excepción de los comprometidos con fuerzas armadas extranjeras.

Esta alternativa es viable en el campo militar - que implica la desactivación del sistema - porque hoy no se considera prioritaria el área de defensa. Pero situaciones análogas en el área de salud implican el cese de servicios de los hospitales públicos; en la educación, el desfinanciamiento de los comedores escolares, y en el área social el recorte de los subsidios a los comedores populares.

Es esta consecuencia del ajuste la que puede llevar a una situación de desesperación social, más que la rebaja de salarios y jubilaciones.

Partidas esenciales

El problema es que están cesando los recursos para financiar la asistencia social directa para los desempleados y los trabajadores en negro, que laboralmente es la franja de menores recursos y que no tiene otra alternativa que los sistemas públicos.

Además, los 4 millones de argentinos que están en la indigencia sólo tienen este tipo de sistemas de asistencia social para subsistir.

Es posible bajar el 20% los salarios públicos y las jubilaciones en el último trimestre; lo que no es factible es desfinanciar los sistemas de asistencia social directa a desempleados e indigentes.

Desde esta perspectiva, para que el costo social del ajuste sea viable se requiere mantener sin reducciones las partidas esenciales para la asistencia social. Ya en diversos lugares del país han quedado sin recursos los comedores populares, que constituyen la única alimentación de los sectores más desprotegidos. Estas son las partidas que no pueden tener reducción.

La realidad hace que el Estado primero pague las erogaciones de personal y lo demás sea postergado. Pero en el resto está la subsistencia de desempleados e indigentes.

La crisis social exigirá además un drástico replanteo de los recursos sociales, de forma de poder asistir directamente a las familias indigentes fusionando todos los programas del área en uno.

Incapacidad de los dirigentes

Cabe señalar que la Argentina, aun en la crisis, es el país de América latina con mayor ingreso per cápita, pese a lo cual tiene 600.000 niños desnutridos. A su vez, la ciudad de Buenos Aires tiene el mismo ingreso per cápita que la Unión Europea, a pesar de tener 40.000 niños con desnutrición en el distrito.

El desempleo es un problema estructural que depende de la macroeconomía y que no se puede solucionar en el corto plazo. Pero que en el país haya gente con hambre sólo se explica por la incapacidad de los sectores dirigentes, tanto públicos como privados, para dar un uso más racional y eficaz a los recursos disponibles.

Es que la Argentina puede tolerar el déficit cero con rebaja de salarios y jubilaciones -cabe recordar que el salario promedio del sector privado es de 400 pesos, por debajo del piso del recorte-, pero lo que no podrá soportar es la desatención de la subsistencia de los sectores más desprotegidos.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Comunidad de negocios

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.