El antropólogo argentino que se fue a hacer un máster y se compró el bar más antiguo de la Barceloneta
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Un hada de alas verdes, vestida con una túnica blanca y colgada del techo del Absenta Bar, sorprende a los turistas que recorren el barrio de la Barceloneta, en Barcelona . Cuenta la leyenda que, siempre cuando uno bebió demás, aparece el hada verde del Absenta, te abraza y te quita la razón. Por este motivo es que en algún momento de la historia, la bebida fue prohibida.
El bar más antiguo y particular de ese barrio es, desde hace más de 20 años, propiedad de Marcelo Muñiz, un antropólogo argentino que se fue a Barcelona a hacer un máster y, luego de recibido, se dio cuenta de que nunca le permitirían trabajar de esa profesión. A pesar de tener nacionalidad española, el mercado laboral estaba blindado solo para europeos.

Muñiz, con 45 años, tuvo que recalcular y empezar de cero. "Había que generar algo de dinero de otra manera porque el camino profesional estaba bloqueado. A pesar de que era la carrera que amaba, tuve que dejarla de lado y tomar otro rumbo", contó a LA NACION.
Lo único que se le ocurrió y que sabía hacer era lo que le habían enseñado sus familiares gallegos: la cocina. "Fue así que empecé a buscar un negocio a mi alcance, vi este bar y con 3000 euros y un crédito compré sin saber el bar más antiguo de la Barceloneta", señaló.
Así lo demuestran los primeros documentos del Ayuntamiento de Barcelona, que datan la existencia del bar desde el año 1892: "Me gustó la historia de mala fama que tenía el bar. El expediente declara que cuando la Barceloneta era todavía una isla, la policía realizó un censo y dejó asentado que aquí (en el bar) había contrabandistas, ladrones y mujeres de mala vida y que encontraban su refugio artistas de Barcelona", dijo.

Con muy pocos conocimientos del absenta, se hizo cargo de un bar característico de la bebida, donde hoy vende 30 variedades del producto. Respetó la historia del bar y los vecinos valoraron ese gesto: "Este es un barrio de pescadores y marineros, la gente del lugar me empezó a traer adornos antiguos, de pesca y documentos de sus antepasados", sostuvo.
Lámparas y farolas antiguas colgadas de los techos, que iluminaron los barcos de los pescadores en la noche; vitraux de época, colecciones de cucharitas de absenta y una pequeña biblioteca, donde los mismos vecinos donan sus libros, son algunos de los atractivos del bar. "El público viene y con mucha tranquilidad se sienta se pide un trago y lee un buen libro", mencionó el antropólogo.
En un principio funcionaba bien "como un bar de barrio más", pero con el tiempo la Barceloneta tomó un tinte turístico y "la cosa pasó a mayores". El bar creció y, de tener un público estrictamente local pasó a una clientela 100% internacional. Hay gente que viene desde hace más de 30 años. Como muchos otros artistas que lo frecuentan, Manu Chao es habitué del lugar.
Al principio se oía solo jazz y blues, luego se montó un pequeño teatro donde los actores interactuaban con el público, hasta que la policía se enteró y lo prohibieron.
Si bien emprendió otros negocios, para Muñiz, hoy con 65 años, su bar es único: "Nunca fue un tedio, siempre encontré el lado divertido". Y como todos los días, cuando llega la medianoche, antes de cerrar, echa un vistazo, a ver qué más puede sumar para que su Absenta Bar se torne inolvidable.
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