El camino de Grecia para salir del euro está lleno de imponderables

Gabriele Steinhauser
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17 de mayo de 2012  

BRUSELAS—Volver a contar con una moneda nacional después de usar el euro y delegar el manejo del dinero al Banco Central Europeo durante más de una década dejaría a Grecia en un territorio financiero, legal y político completamente desconocido.

Otros países han caído en cesación de pagos, devaluado sus divisas y abandonado uniones monetarias más amplias. Pero ninguno ha hecho todo al mismo tiempo y, desde luego, mucho menos una economía tan integrada a los mercados financieros globales.

Grecia tendría que reconfigurar su sistema monetario y reconstruir su economía después de lo que probablemente sería una brusca devaluación que habría asestado un duro golpe a la confianza de la población, socavado el sistema financiero y provocado el impago de las deudas con los acreedores extranjeros.

Las consecuencias de una salida de Grecia de la zona euro serían tan turbulentas para el resto de Europa que las autoridades han sido reacias a siquiera especular sobre cómo funcionaría. Y si bien hablar del abandono del euro ha dejado de ser un tema tabú en los últimos meses, un regreso a la dracma probablemente sería caótico y muchos pasos tendrían que improvisarse prácticamente de la noche a la mañana.

Durante el primer año y medio de la crisis, las autoridades solían eludir las preguntas sobre una potencial salida de Grecia del euro con una respuesta simple: es imposible bajo las leyes de la Unión Europea. No hay ninguna disposición en los tratados de la Unión Europea para salir de la zona euro sin renunciar también al bloque económico más amplio compuesto por 27 países.

Una salida de la UE también significaría el fin de miles de millones de euros en subsidios agrícolas y de desarrollo, así como acceso fácil a grandes mercados internos, una amenaza que recalcó la ministra austríaca de Finanzas, Maria Fekter. "Es imposible dejar la zona euro; sólo se puede salir de la Unión Europea", dijo durante una reunión con sus contrapartes en Bruselas. "Después de eso, Grecia tendría que solicitar su readmisión y tendríamos que mantener conversaciones de admisión y evaluar detenidamente si Grecia realmente cumple con los requisitos de adhesión".

Los comentarios reflejan la frustración cada vez mayor de algunos países europeos con Grecia, pero también la idea de que si se traza una hoja de ruta clara de salida, otros gobiernos podrían animarse a seguir el ejemplo.

"Demasiada claridad sobre las preguntas que suscita una salida griega sería contraproducente", advierte Mujtaba Rahman, analista de Eurasia Group. "Si se diseñara un camino demasiado fácil, alentaría a otras economías atribuladas a contemplar un destino similar en el mediano o largo plazo".

Por otro lado, dificultar las cosas podría intensificar la presión sobre la economía griega y agravar los problemas económicos de otros miembros de la UE. "Al resto de los países le conviene garantizar que esto no sea absolutamente espantoso", dice Roger Bootle, director ejecutivo de Capital Economics, que ha escrito un informe de 150 páginas sobre los detalles prácticos de una salida griega del euro.

Varios expertos sugieren algunas maneras de salvar la falta de una cláusula de salida del euro bajo el derecho comunitario.

La zona euro, por ejemplo, podría citar un incumplimiento fundamental de los criterios básicos del euro como los niveles de deuda y convertir a Grecia en "un estado miembro con una derogación", explica Alexander Turk, profesor de derecho en el King’s College de Londres. Eso agruparía a Grecia con países como Suecia, que legalmente están obligados a adoptar el euro pero cancelaron el proceso al no cumplir deliberadamente esos requisitos. "Si es políticamente oportuno, entonces los abogados encontrarán una manera para hacer que esto sea posible", dice Turk.

Grecia tendría que mantener en secreto su decisión de abandonar la unión monetaria el mayor tiempo posible para evitar que más dinero salga del país. Pedir nuevos billetes de dracmas podría demorar varios meses y la noticia podría filtrarse, lo que animaría a los griegos a aumentar sus retiros de euros de los bancos, acelerando el cronograma de la salida.

Bootle sugiere cerrar la brecha de ese período haciendo pagos electrónicos y utilizando euros para las transacciones en efectivo. Igualmente, Grecia podría imprimir rápidamente vales equivalentes a dinero, señala Guntram Wolf, subdirector de Bruegel, un centro de estudios en Bruselas.

La transición de una moneda a otra podría hacerse a lo largo de un fin de semana largo, durante el cual los bancos y cajeros automáticos permanecerían cerrados y se implementarían otros controles de capital. Al mismo tiempo, las cuentas bancarias serían convertidas de euros a las "nuevas dracmas" y la deuda soberana y otros contratos cambiarían a la nueva divisa.

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