El colapso de la OPEP amenaza el mercado petrolero

Daniel Montamat
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17 de abril de 1999  

El precio de cotización del crudo West Texas Intermediate (WTI) en el mercado petrolero de contado alcanzó los US$ 22,09 el barril promedio año en 1996. En 1997 descendió a 20,67 dólares. En 1998 se desplomó a US$ 14,61 (en dólares constantes alcanzó valores semejantes a los de la crisis de mediados de la década pasada).

Hay que recordar que, en septiembre de 1997, la caída de Tailandia inauguró la crisis de las economías del sudeste asiático. El crecimiento sostenido de la producción y la retracción de la demanda repitieron el fenómeno mundial de la sobreoferta de crudo.

La OPEP está debilitada para imponer una estrategia propia. Priman las suspicacias y las divisiones entre los países productores. Todos saben que los acuerdos para reducir la producción se anuncian para que nadie los cumpla. Por eso, en marzo de 1998 inicia una estrategia alternativa: intenta acuerdos de reducción de la producción con países productores que no pertenecen a la organización (México, Noruega, Rusia, Omán).

Los acuerdos OPEP-extra-OPEP (negociados entre marzo y julio de 1998) se comprometieron a retirar de la producción mundial 3,1 millones de barriles día (Mmbd). Cada país asume un recorte productivo y los acuerdos establecen una vigencia hasta el 1º de julio de 1999. En marzo último, los países interlocutores del anterior acuerdo se comprometen a un nuevo recorte de 2,1 millones de barriles adicionales.

Si los acuerdos se cumplen, se retirarían del mercado unos 5 millones de barriles día de oferta y podríamos estar en vísperas del nacimiento de una nueva organización de productores (países de la OPEP con países que no pertenecieron a la organización), esta vez creada con el beneplácito de las multinacionales del petróleo. El precio objetivo de los nuevos acuerdos es de 18 dólares por barril.

Contra esta retracción de oferta de los productores ha conspirado la vuelta al mercado de Irak y su imperiosa necesidad de exportar crudo. En virtud de los últimos arreglos con la ONU, Irak está produciendo al 96% de su capacidad (produce 2,2 millones de barriles por día, exporta 1,8 Mmbd y cuenta con una capacidad instalada de 2,3 Mmbd).

Como sus cupos exportables están fijados en dólares por semestre, si caen los precios puede exportar más volumen. Se espera que en 1999 aumente su capacidad de producción hasta 3 millones de barriles por día, con lo que podrá inyectar en el mercado hasta 2,6 Mmbd. También se pronostica un aumento de la producción en los países de la ex Unión Soviética, aunque Rusia se haya sumado al acuerdo.

El consumo, afectado

Por el lado de la demanda, la recesión en la mayor parte de las regiones del mundo no augura buenas ventas. La caída del producto mundial afecta directamente el consumo petrolero.

Si los acuerdos en vigencia se violan como en el pasado y los precios petroleros no tienen una recuperación sostenida, es posible que asistamos al colapso definitivo de la OPEP.

Si cae la organización, no importa qué nueva organización de productores la puede suplantar, sino hasta dónde aumentará la producción petrolera y cuál será el piso de los precios del crudo. Es cierto que los engaños mutuos primaron en los anteriores acuerdos de cuota, pero también es cierto que Arabia Saudita (con 25 % de las reservas mundiales y los pozos más productivos del mundo) nunca abandonó su rol de ajuste del sistema. Es esto lo que está en riesgo si la suspicacia vuelve a prevalecer en los nuevos compromisos asumidos.

La tecnología ha reducido los costos petroleros totales. John Browne, de la British Petroleum (BP), ha hecho trascender cifras de 3,5 dólares por barril para los costos de reposición de reservas y de 3 dólares para los costos de producción. Con estos costos totales y en medio de la obsesión por la contaminación de los combustibles fósiles (que va a obligar a internalizar costos ambientales en el precio de los productos petroleros) es posible convivir con precios de 10 dólares por barril de petróleo.

Arabia Saudita y Venezuela podrían volcar al mercado 15 millones de barriles más por día sin necesidad de inversiones significativas. Con un costo total de producir un barril de 3 dólares, los sauditas pueden empezar a hacer cálculos sobre la conveniencia de duplicar su producción y maximizar sus ingresos presentes. Con un barril a 13 dólares y una producción de 8 millones de barriles por día obtienen 80 millones de dólares diarios (deduciendo todos los costos).

Duplicando la producción, e imaginando que el precio del barril caiga a 9 dólares, obtendrían 96 millones de dólares por día. Con estos números en la mesa, difícilmente los sauditas acepten seguir siendo variables de ajuste de los acuerdos de restricción productiva. Internamente, las demandas sociales presionan a maximizar el flujo presente de la cuenta petrolera. Por el contrario, el lobby de las multinacionales del petróleo, con fuerte influencia en el Congreso americano, va a presionar en el sentido contrario. Por eso la política tiene mucho que decir en el tema: ¿pueden los Estados Unidos arriesgarse a aceptar un gobierno fundamentalista islámico en Arabia Saudita?

El final está abierto, pero plantea dos alternativas. O esta vez todos honran los acuerdos y la retracción de oferta consolida precios en el entorno de los US$ 18 por barril, o los sauditas rompen definitivamente la OPEP y duplican su producción (seguidos por los venezolanos), estableciendo un nuevo escalón de precios por debajo de los US$ 10 por barril.

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