El desafío es integrar a los jóvenes al desarrollo

José Ignacio de Mendiguren
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9 de febrero de 2013  

A fines de 2012 planteamos en la 18» Conferencia Industrial la importancia que la integración productiva tiene para el futuro de la Argentina y Brasil, de cara al siglo de las regiones. Pero esa tarea estaría incompleta si no pensáramos en otros planos donde también resulta crucial que la integración se manifieste concretamente. Estamos hablando, por ejemplo, de integrar a los jóvenes en el camino hacia el desarrollo que nos hemos propuesto reconstruir desde la salida de la crisis de 2001. Para atravesar airosos los desafíos del mundo actual y del que viene, tenemos que convocar y formar a nuestros jóvenes en tanto que protagonistas excluyentes a la hora de diseñar un proyecto de desarrollo que garantice su continuidad en el tiempo.

Nuestra generación está dejando indicios claros del sendero a seguir en las próximas décadas. También les dejamos la experiencia de nuestros errores, para que no los vuelvan a cometer. Desde la gran crisis de principios de siglo, hemos ayudado a construir el período de crecimiento sin crisis más largo de los últimos 100 años en la Argentina. Si nuestros jóvenes logran mantener ese camino a través de su vida adulta, llegarán a mayores con un país y una región desarrollados. Para ello resulta central que las juventudes políticas, sindicales y empresarias conformen espacios de diálogo constructivos donde la escucha y el intercambio de ideas permitan que los legítimos disensos no se interpongan ante bien común y el rumbo trazado.

Desde nuestra institución, esta tarea presenta varias facetas. Por ejemplo, en 2012 vimos nacer UIA Joven, un espacio dentro de la UIA donde buscamos que la juventud empresaria interactúe en el día a día del quehacer industrial. El objetivo es generar una relación que permita tener lo mejor de ambos mundos: la experiencia de los dirigentes con más años en la gestión y la frescura pujante de nuestra juventud con vocación dirigencial. El resultado palpable de esto es que ya han comenzado intervenir en espacios y foros con su propia impronta: en seminarios de la OIT, en los paneles en nuestra última Conferencia Industrial, en el "Primer Foro Empresarial del Mercosur" en Brasilia -donde se reunieron con sus pares brasileños, los jóvenes de Conaje- y en la última cumbre Celac-UE.

Otra iniciativa que implica directamente un intercambio con las nuevas generaciones es el premio Marcelo Diamand. Junto con la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires creamos un premio anual a la investigación económica, que resultó una herramienta indispensable para que estudiantes y jóvenes profesionales generen aportes capaces de ampliar el potencial de la industria argentina. Establecer marcos de cooperación entre el mundo de la producción y las universidades nos permitirá enriquecer el modelo de desarrollo para los próximos cincuenta años.

En esa misma línea podemos incluir nuestro último festejo del Día de la Industria en la primera escuela técnica argentina, Otto Krause. Junto con las autoridades nacionales del Ministerio de Educación nos dimos cita en esa institución, porque somos conscientes de que el conocimiento técnico impartido con pasión pedagógica, montado sobre una industria cada vez más demandante de profesionales calificados, funciona como cimiento de la Argentina que estamos intentando ayudar a construir. Jóvenes entusiasmados con una salida laboral acorde a su formación y expectativas de crecimiento personal no hacen más que comprometernos con la integración a cada paso del camino.

Además, como presidente de la Unión Industrial Argentina formo parte, junto a otros destacados representantes del sector público y privado, del "Consejo Consultivo del Plan de Ingeniería 2012-2016", una iniciativa que tiene como fin llegar a que uno de cada 4000 habitantes de nuestro país sea ingeniero.

Nuestra generación debe tenerlo muy en cuenta: "renovar" es un verbo que debe conjugarse a tiempo. Para que no tengamos que volver a decirnos "deberíamos habernos renovado", sino alegrarnos por estar llevando a cabo ese proceso.

La misión consiste en fomentar un proceso virtuoso en el que los dirigentes jóvenes de hoy puedan allanarle el camino a los próximos nuevos dirigentes, para lograr que la juventud sea el lugar desde el que concretar sin esperar. El divino tesoro de la juventud no debe atesorarse, sino ser convocado para trabajar en conjunto. Integrarnos con los jóvenes es una tarea impostergable para la Argentina del desarrollo.

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