El kirchnerismo está en los detalles
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El impulso hacia los cambios fundamentales en la sociedad en momentos de graves emergencias no es novedoso. La literatura ya ahondó en ellos. El premio Nobel de Literatura en 1998, José Saramago, lo imaginó en algunas de las páginas de su Ensayo sobre la Ceguera, en el que una pandemia deja ciega a una población completa, incluso a los propios gobernantes.
"Atravesaron -cuenta sobre dos de los principales personajes- una plaza donde había grupos de ciegos que se entretenían oyendo los discursos de otros ciegos (…). Se proclamaban allí los principios de los grandes sistemas organizados, la propiedad privada, el librecambio, el mercado, la bolsa, las tasas fiscales, los créditos, la apropiación, la desapropiación, la producción, la distribución, el consumo, el abastecimiento y el desabastecimiento, la riqueza, la pobreza (…)". Es curioso. Quienes atraviesan esa plaza, el médico y su mujer, gente común en esta historia, desatienden los desvaríos políticos en la búsqueda más urgente: la de alimentos.
La Argentina, como todo el mundo, entró en la emergencia -recurrente- como consecuencia de los infectados y muertos por el nuevo coronavirus, y sus consecuencias económicas. En ese marco comienza a surgir el debate entre los que, vendiendo otra normalidad pospandémica, aprovechan la "oportunidad" para profundizar su modelo, y quienes alertan sobre las intenciones de tomar medidas permanentes en situaciones extraordinarias con fecha de vencimiento.
El kirchnerismo está en lo detalles. En el ruido global, los decretos cambian leyes sobre el control de precios; sus tributaristas reencuentran a Karl Marx en Twitter o simplemente surge la necesidad -como aquel "Efecto Jazz" de las hipotecas suprime en 2009- de ponerse de ejemplo a seguir en el mundo a la hora de su refundación.
La reestructuración de la deuda, algunas de cuyas precisiones se conocieron ayer, es un ejemplo. "El mundo vive una crisis que no tiene precedentes. Lo que se está viendo es un cambio de cómo funciona la economía", describió el ministro de Economía, Martín Guzmán, frente a sus pares del G20 esta semana. Luego describió su propuesta: "La Argentina constituirá un gran antecedente para el funcionamiento de la arquitectura internacional de resolución de crisis de deuda soberana", anticipó el ministro, antes del lanzamiento oficial. El jueves, en la Quinta de Olivos, fue más autoelogioso. "Es fundacional", dijo.
Pero la referencia más clara es el "impuesto a la riqueza" impulsado por Máximo Kirchner a través del banquero Carlos Heller. Tal iniciativa llegó a los pocos días de los cacerolazos en los balcones que demandaban a la clase política a compartir con la sociedad el recorte de ingresos. Pese a las críticas del kirchnerismo a la "antipolítica", otros sí recogieron ese pedido. Nueva Zelanda es un caso lejano. Uruguay, cercano.
En el oriente, a Luis Alberto Lacalle Pou le preguntaron por el mismo impuesto al patrimonio. "Hoy gravar el capital es amputar la posibilidad de los que le van a hacer fuerza en la salida de la crisis. Por eso no lo vamos a hacer (…). Mire, si esto fuera una competencia de ciclismo, al que va en la punta lo tenemos que estimular para que pedalee mas rápido, ese va a hacer la inversión y dar trabajo, y el gran apoyo del Estado tiene que ser para los rezagados, los más vulnerables", contestó el uruguayo. La ideología no prevalece allí. Por caso, el partido socialista español, que comparte gobierno con parte de Podemos, aprobó la semana pasada la postergación de impuestos para 3,4 millones de pymes y trabajadores autónomos.
En la Argentina, la AFIP de Mercedes Marcó del Pont se ocupó sólo gravámenes vinculados a los sueldos. Se considera que las empresas pueden hacer frente a impuestos relacionados a las ventas y a la ganancia, pese a que no exista actividad. Mientras, el organismo se entretiene con el nuevo impuesto a la ricos. "El tema del impuesto (…) se está discutiendo y lo está coordinando Carlos Heller. Bueno, nosotros también estamos trabajando con ellos porque es importante hacer un buen análisis de la información, ¿no?", se preguntó Marcó del Pont. Luego debió aclarar que no difunde información protegida por el secreto fiscal a los diputados.
En provincia, Axel Kicillof, movió sus alfiles para Máximo. Cristian Girard, titular de ARBA, declaró: "Los efectos de la pandemia abren la posibilidad de discutir toda la estructura tributaria". Girard describió que desde la emergencia -una situación "inédita"- es posible "una deliberación democrática profunda" para "revertir esa estructura tributaria", "reformarla" y "construir sociedades más justas e igualitarias". De paso, criticó la rebaja de impuestos a las multinacionales en el pasado y el avance del neoliberalismo desde los 70.
Otro intercambio del mismo relieve sobre el tema se abrió en una red social. Lo comenzó el Secretario de Políticas Tributarias de la Nación, Roberto Arias. Posteó dos imágenes en Twitter. En la primera se leía un subtítulo ("El impuesto sobre el capital en la historia") y recalcaba las "reacciones violentas" que habían generado estos gravámenes en el pasado. En la segunda, el secretario recordó a Karl Marx y la abolición de la propiedad privada en la Unión Soviética. Pero lo que generó discusión con otros usuarios fue que, en esa segunda imagen, Arias eligiera el subtítulo recomendado. "Plan B", escribió el funcionario. El libro citado era de Thomas Piketty. En Twitter, Arias debió aclarar que no creía en la abolición de la propiedad privada.
Más allá de los debates, la economía argentina ya se mueve lentamente hacia una nueva normalidad aceptada en tiempos de pospandemia. Un ejemplo lo ofrece la Ley de Abastecimiento, la norma más usada contra los empresarios por Guillermo Moreno. Esa ley peronista, que permite clausurar un comercio, embargar mercadería o detener a un comerciante por 48 horas, fue ampliada dos veces en la emergencia económica de Alberto Fernández. No sólo se habilitó su uso -sin cuestionamientos- en comercios más chicos sino que el brazo de fiscalización se alargó hasta llegar hasta los intendentes. Son esos pequeños detalles ejecutados desde el poder que pasan desapercibidos para una sociedad cuando el miedo enceguece.
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