
El Luna Park, colmado, fue una fiesta en medio del drama
Unas 12.000 personas fueron al festival en apoyo a la empresa
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Faltaban diez minutos para las seis de la tarde y el ambiente del Luna Park ya estaba caldeado. Había banderas, cánticos de hinchada, vendedores de gaseosas y familias enteras que se apuraban a ocupar las últimas butacas y gradas para ver el espectáculo.
El escenario estaba preparado, los reflectores recorrían la platea que se terminaba de llenar mientras empezaba a ondear una marea de banderas y pañuelos. Eran todas celestes y blancas con algunas islas azules, los pañuelos de las azafatas de Austral y Aerolíneas Argentinas. Fue cuando el locutor anunció el inicio del festival "Todos somos Aerolíneas", convocado por la Asociación de Personal Técnico Aeronáutico (APTA).
Un larguísimo listado de artistas pasó ayer por el escenario para pedirle al Gobierno medidas para evitar la desaparición de la línea aérea de bandera. En las butacas había clima de fiesta y más de 12.000 personas aplaudían y pedían más. Había familias enteras, grupos de adolescentes con ánimo de recital y trajeados de la City que apagaban sus celulares para sumarse a la fiesta.
"Sólo le pido a Dios que se vayan los gallegos. Que se vayan para siempre: Aerolíneas sigue siendo de la gente", fueron las estrofas preferidas por el público. Mercedes Sosa, Víctor Heredia, Enrique Pinti, Antonio Tarragó Ros, Teresa Parodi, Adriana Varela y Luis Landriscina, entre otros artistas, estuvieron allí. Y también los grupos Memphis la Blusera, Los Auténticos Decadentes, Kapanga, La Zimbabwe, Sol Argentino y Código Viola.
También subió al escenario el titular de APTA, Ricardo Cirielli, que rechazó acusaciones de obstaculizar las negociaciones y recibió un tibio aplauso del público.
Entre los que aplaudían estaba Guillermo Simonini, jefe de cabina de Aerolíneas Argentinas, tiene 49 años y anteayer hizo el último vuelo desde Madrid a Buenos Aires. "Llevo 27 años en Aerolíneas y aunque en ese momento no sabía que era el último vuelo que se iba a hacer, sí sabía que era el único jefe de cabina que estaba volando en ese momento, y era una sensación desoladora."
Entre las ovaciones, hubo una que les ganó a todas y le puso un paréntesis de emoción a la fiesta. Fue cuando Gladis Walker, una abuela de 84 años, vio que todo el estadio la aplaudía de pie. Cuando la nombraron se levantó tímidamente y mientras hacía pantalla con una mano para evitar los reflectores saludaba con gracia a todo el Luna Park. Ella fue azafata durante 15 años y también quiso estar en el acto. Vestida de negro, con los cabellos de acero recogidos en un rodete, Gladis le dijo a La Nación : "Nuestra causa es evidente, tenía que estar acá; estuve apenas 15 años en Aerolíneas, pero la llevo en mi corazón". Por unos minutos, los ojos lluviosos de Gladis le ganaron a la noche.





