
El nuevo rey del acero brasileño
Benjamin Steinbruch se sumó al tren de las privatizaciones y es hoy una de las potencias económicas de su país.
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SAN PABLO (The Economist).-¿Benjamin Steinbruch rompió el molde empresarial brasileño? ¿O es sólo un anticuado hombre de negocios con ropa nueva? El típico capitán de industria latinoamericano es por instinto un fanático de la escuela de gerencia de comando y control, más acostumbrado a dar órdenes que a escuchar ideas ajenas.
Es difícil ver en Benjamin Steinbruch a alguien de esa raza. No se trata solamente de su encanto solícito (pide disculpas amablemente por llegar tarde debido a una cita inesperadamente complicada con su dentista, explica, resultado de que durante varios meses tuvo que anteponer los compromisos de trabajo a su dentadura).
Más bien lo que distingue a Steinbruch es su calmo poder de convicción. Este hombre puede terminar persuadiéndolo a uno de que compre una participación en su empresa.
Ese es precisamente el efecto que ha tenido sobre varios grandes inversores. Su capacidad como constructor de alianzas es uno de los factores que ha convertido a Steinbruch, a los 44 años, en uno de los hombres de negocios más poderosos de Brasil.
Su familia es dueña de la mitad del Grupo Vicunha, la firma textil más grande del país. Si bien difícilmente se pueda decir que Vicunha brille -obtuvo ganancias netas de menos de US$ 5 millones en 1996 sobre ventas de US$ 1300 millones- le ha servido a Steinbruch como plataforma de lanzamiento hacia objetivos mayores.
Su ascenso comenzó con las privatizaciones del Brasil a comienzos de los noventa. Con la ayuda de bancos locales, fondos de pensión y algunos inversores extranjeros, compró el mayor productor integrado de acero de América latina (Companhia Siderúrgica Nacional, CSN), una distribuidora de electricidad en Río (Light) y tres empresas de ferrocarriles.
Vale do Rio Doce
El paso más audaz lo dio en mayo, cuando él y un grupo de inversores presentaron una mejor oferta que un consorcio más poderoso por una participación que les dio el control de la Companhia Vale do Rio Doce (CVRD), el mayor productor del mundo de mineral de hierro y la joya multifacetada de la corona del Estado brasileño.
Con ventas agregadas por valor de US$ 5 mil millones en 1996, también es dueña de grandes empresas en las ramas de aluminio, oro y papel y participaciones en cuatro firmas brasileñas siderúrgicas, incluida CSN.
En general, las familias empresariales de Brasil evitan endeudarse e insisten en tener control total en cualquier negocio. Steinbruch estaba dispuesto a pedir prestado para ganar la licitación de CVRD: la mayor parte de la participación del 39% de CSN en el consorcio ganador fue cubierta con un préstamo de US$ 1,1 mil millones del Nations Bank de Estados Unidos.
Steinbruch se convirtió en el presidente ejecutivo de CVRD, aunque la firma, al igual que la CSN, es conducida por acuerdo de un núcleo de accionistas.
"Nadie tiene la suficiente capacidad ni es lo suficientemente grande como para conducir las cosas solo", dice Steinbruch, que considera que este modelo de "administración compartida" es la manera en que las empresas brasileñas pueden lograr la escala necesaria para expandirse internacionalmente.
Está claro que CVRD no representa el límite de las ambiciones de Steinbruch. Junto con Telecom Italia, Vicunha ha obtenido una licencia de teléfonos celulares en Bahia, al nordeste de Brasil. CSN está en conversaciones con Nucor de EE.UU. acerca de una joint venture para construir una acería en otra locación del nordeste.
Junto con un aliado mexicano, CSN licitó, sin éxito, por Sidor, una gran siderúrgica venezolana privatizada en diciembre. Y Steinbruch quiere que CVRD haga un trueque de parte de sus derechos sobre las ricas reservas de mineral de Carajás, por una participación en proyectos mineros en otros lugares de América latina, Africa y Asia.
En la mayoría de los negocios de Steinbruch subyace la idea de que la privatización en América latina representa una oportunidad única para controlar activos que, de otro modo, se tardaría generaciones en reunir, y que los administradores privados serán mucho más capaces que el Estado en lograr que esos activos den ganancias.
Para cualquiera que desee ser uno de los que controle los activos privatizados, por tanto, se justifica correr algunos riesgos. Como dice Steinbruch: "No sirve estar preparado en 1999" para las privatizaciones que se dan ahora.
Hasta ahora, esta lógica funciona. Desde 1995, CSN ha prosperado: su margen operativo general fue del 34% en los primeros nueve meses de 1996. Los directivos de la firma dicen que las inversiones para aliviar cuellos de botella en la producción y la infraestructura les permiten reducir costos, que están cayendo en cerca de un 10% anual.
Si bien CVRD estaba bien administrada por el Estado, Steinbruch espera reducir los costos operativos allí en un 30% para fin de este año.
Compre y preocúpese después
Pero no sólo resultan claros los beneficios de la estrategia de Steinbruch, sino también los riesgos. El primero es que el hierro y el acero son un negocio de commodities. Esto tiene beneficios: dado que el 85% de las ventas de CVRD son producto de exportaciones, la firma está a cubierto de la aguda retracción actual de la economía brasileña.
Sin embargo, por la misma razón, las firmas de Steinbruch probablemente sufran por la caída de los precios mundiales del hierro y el acero provocado por los padecimientos asiáticos. Y el aumento al doble de las tasas de interés en Brasil en octubre, para defender la moneda, de pronto hizo que la disposición de Steinbruch a tomar dinero prestado pareciera mucho más riesgosa.
También está la cuestión de qué hacer cuando el imperio ya ha sido construido. El suyo enfrenta los peligros familiares de los conglomerados empresariales, de una administración demasiado exigida.
Es probable que más temprano que tarde Steinbruch se vea obligado a reordenar su impresionante portafolio industrial. Algo alentador es que ahora Steinbruch está avanzando hacia la unificación de las varias empresas de pulpa y papel en las que tiene participación.
El problema es que Steinbruch no responde a un solo conjunto de accionistas. Hasta ahora, todos los grupos de accionistas se han mostrado dispuestos a permitir que Steinbruch siga adelante con la construcción de su imperio. Eso puede cambiar cuando empiece a optar, especialmente si los fondos de pensión de Brasil (que tienen estrechos vínculos con el Estado), se ven ante necesidades urgentes de liquidez. Entonces se pondrá a prueba la capacidad de Steinbruch como supremo diplomático de los negocios brasileños.





