
El “techo de cristal” para las mujeres, también a la hora de pilotear aviones
El caso de siete pasajeros que se bajaron de un avión porque la piloto y la copiloto eran de sexo femenino, lleva a pensar cuán lejos estamos de la igualdad de oportunidades
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El incidente tuvo poca trascendencia, pero sirve para entender cómo estamos en el mundo del trabajo y, en especial, en nuestro país. No ha sido generado por ningún gobierno en particular. Es una inercia cultural que perjudica nada menos que a la mitad de la población y, de seguir así, a las que vendrán.
A mediados de julio un vuelo de American Airlines demoró su partida una hora y media. Según cuenta un pasajero de dicho vuelo, preguntó a la azafata si el retraso era por alguien que debía hacer una conexión. Ésta lo negó y pidió que se quedara tranquilo porque iban a despegar en unos minutos. Finalmente partió y hubo un mensaje que fue aclarado por un tripulante de cabina de habla hispana: el atraso del vuelo se debió a que siete pasajeros decidieron bajarse del avión con sus valijas, espantados al enterarse que quienes lo conducían eran dos mujeres, la piloto y la copiloto.
No se trataba de un vuelo de Estocolmo a Nueva York, sino de Miami a Buenos Aires. Éste, quizá, sea el dato clave, sin necesidad de confirmar la noticia ni identificar a los siete aterrados. El punto de partida y de llegada hace verosímil el relato. Se trata de la diferencia abismal entre un país desarrollado socialmente y otro que conserva miedos atávicos.
No es necesario acercarse a Ezeiza para encontrar este tipo de reacciones. Simplemente escuchemos a aquellos conductores masculinos que increpan a conductoras femeninas, invitándolas a lavar los platos. Se trata, ni más ni menos, de prejuicios enquistados, provenientes de un machismo feroz que sobrevive a cualquier embate cultural.
El avión de American Airlines aterrizó, tan luego, en el país de “Ni Una Menos”, donde hay una cruzada contra el femicidio, aun cuando nos consideramos una de las poblaciones más civilizadas de la América hispana.
Pero toda esta discriminación sobre la mujer no nos es exclusiva. En Estados Unidos existe preocupación y acciones sobre el “techo de cristal” (glass ceiling barriers) referido a la dificultad de las mujeres a acceder a los puestos de dirección de las empresas. Hay estudios al respecto, con precisos porcentajes que lo demuestran, pero no es necesario, en nuestro territorio, acceder a técnicas tan rigurosas. Hay un método más simple y eficaz.
Búsquese y obsérvese con detenimiento las fotos de las reuniones que el actual presidente Mauricio Macri mantuvo con los empresarios más importantes del país. En la nutrida audiencia podrán observarse una multitud de canosos, calvos, pelilargos, bigotes y barbas, pero casi ninguna melena. Como en el juego de los 7 errores, trátese de encontrar una mujer entre todos los presentes. Es probable que se destaque Isela Constantini, mimetizada con un traje de corte masculino. El 99% de los presentes estaba compuesto por hombres. ¿Por qué será? ¿Hay un “techo de cristal” aquí también?
La respuesta es obvia. Se hace evidente hasta en las emisiones radiales, donde los conductores son, en gran medida, masculinos, y se reserva la voz femenina a una función secundaria, dando los datos del tiempo o los teléfonos de contacto.
El avión de American Airlines no debía ser empujado hasta la pista, por lo que no se necesitaría una musculatura importante. En época de planillas de cálculo, botones, “touchs” y joysticks lo único que hace falta es manejarlos con habilidad e inteligencia. Y las mujeres que conducirían el avión lo podían hacer sin problemas, como tantas otras cosas. Una pena que perdieran el vuelo los siete asustados.
jorgemosqueira@gmail.com





