Búhos, lagartijas y plumas de dinosaurios: un nuevo ecosistema para el mercado laboral

Sebastián Campanario
Rebeca Hwang
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26 de abril de 2020  

n los capítulos 18 y 19 de la quinta temporada de Seinfeld, la serie humorística más exitosa de la historia, aparece un personaje interpretado por el actor Judge Reinhold: un "hablador cercano" (close talker), que vuelve locos a los personajes del ciclo. Se para a escasos centímetros de sus interlocutores, que pueden sentir su respiración y su aliento. Seinfeld lo detesta.

Si el "hablador cercano" de Seinfeld se reintegrara al mercado laboral tras la cuarentena, seguramente tendría problemas con sus empleadores. Más allá de la humorada, hay características "poco convencionales" que antes las organizaciones no tenían en cuenta para evaluar perfiles laborales y que con el Covid-19 pasan a ser relevantes.

Por estos días se publicaron decenas de informes de consultoras y expertos en Recursos Humanos que exploran las "nuevas habilidades" a valorizarse después de la pandemia. La mayor parte de estas variables parecen obvias: capacidad de adaptarse y de ser flexibles, llevarse bien con la tecnología, creatividad e innovación (para reinventar negocios), pensamiento crítico (para no correr detrás de rumores o noticias falsas), conocimientos de programación, liderazgo (para mantener comprometidos equipos en forma remota), inteligencia emocional (para lidiar con los desafíos de salud mental de esta turbulencia) y predisposición al aprendizaje permanente.

Pero otros atributos aparecen como efectos de segundo orden, o carambolas a varias bandas. En esta redefinición de nuestra identidad laboral ya no pesarán (como hasta ahora) la experiencia, los títulos educativos, la edad o el género, sino que surgirá un nuevo portafolio o matriz de atributos que antes no importaban. El principal probablemente sea un certificado de "libre de virus", por testeo o anticuerpos (con más valor en el segundo caso).

Aquí ya surgieron preocupaciones por la posibilidad de que algoritmos discriminen contra grupos vulnerables aún más de lo que ya lo venían haciendo por género o por rangos etarios. Por ejemplo, en un perfil elaborado por computadoras puede crecer el riesgo si una persona vive en un barrio muy pobre (más propenso al contagio), o en una familia muy numerosa, o con adultos o personas con discapacidad a cargo. Este cálculo ampliaría la brecha en contra de los trabajadores con menores recursos.

La necesidad de las empresas y del Estado de incorporar turnos más espaciados y estrictos para descomprimir la densidad de personas en el transporte público (esta semana aparecieron estudios muy robustos sobre cómo el subte en ciudades como Nueva York jugó un rol central en la explosión de contagios) y en las oficinas, traerá otro requisito relevante para la nueva identidad laboral: saber quiénes son "búhos" o "alondras". Esto es, resultan más productivos a la noche o a la mañana. "Busco empleado libre de Covid, búho", podrá especificar un pedido laboral en un futuro no tan lejano.

"El cronotipo (matutinidad o vespertinidad) es la interacción de dos componentes: lo que traemos de fábrica, en nuestro ADN, y lo que nos impone la sociedad. Cuando eso tiene una diferencia importante hablamos de un jet lag social", explica Diego Golombek, biólogo y especialista en cronobiología. La forma más usual de medirlo es con encuestas, que dan aproximaciones válidas cuando se poseen muchos casos. Esto se complementa con mediciones más precisas de actimetría (con relojes inteligentes, por ejemplo) o, aún más específicamente, con la medición de variables fisiológicas (a qué hora ocurre el pico de melatonina, de cortisol, o incluso la temperatura corporal, que correlaciona muy fuerte con el cronotipo).

"Con respecto a los turnos laborales, esto es fundamental. Si uno pudiera elegir sus horarios de trabajo de acuerdo con el reloj biológico interno, claramente a las empresas les convendría y a la gente, también", agrega Golombek. Hay pruebas científicas que lo demuestran. "Si vamos a un retorno laboral escalonado en horarios, habría que tener en cuenta las preferencias sociales y también el factor cronobiológico", sostiene el director de la colección Ciencia que Ladra, de Siglo XXl.

Fenómenos naturales

A nivel de alta gerencia, el especialista en recursos humanos y colaborador de LA NACION Andrés Hatum opina que "muchos de los líderes de hoy no van a poder confrontar lo que viene porque no están preparados. Un clásico artículo de McKinsey decía que hay cuatro niveles de incertidumbre. El nivel tres, que es muy alto, no permite distinguir escenarios, pero uno todavía podía anticipar algunas alternativas de futuro. En el nivel cuatro esto es imposible, y durante varios meses vamos a estar ahí. El directivo argentino está acostumbrado a manejar las crisis de corto plazo con alternativas de mediano. Pero esto es diferente, esto es megacrisis de corto con absoluta incertidumbre de largo plazo. Es como si en vez de un cisne negro, apareciera una bandada de cisnes negros con una crisis tamaño mamut. El zoológico todo junto", grafica Hatum.

En términos de aptitudes para el mercado laboral, un nivel de incertidumbre tan extremo implica repartir los riesgos entre distintas "identidades". Ya no se trata solamente de reconvertirse de un camino a otro, sino que ahora se trata de pasar a un portafolio de habilidades, de reinvención con multiplicidad, o iterativa, con varias apuestas a ver cuál funciona mejor. Es algo que tradicionalmente se consideró contraproducente, el no apostar todo a una "pasión" o a un camino único.

Además de los búhos, las alondras y los "cisnes mamuts" a los cuales se hacía referencia en párrafos anteriores, hay otras buenas metáforas del reino animal para describir este escenario.

Uno es un fenómeno nunca visto hasta ahora, que se descubrió días atrás en Australia: investigadores de la Universidad de Sidney observaron por primera vez un tipo de lagartija que pudo poner huevos y dar a luz a bebés al mismo tiempo. Esto jamás se había visto en un reptil. La saiphos equalis (así se llama) hasta ahora ponía huevos y tenía hijos vivos pero en distintos climas y lugares. Ahora lo hizo al mismo tiempo, como si la incertidumbre extrema la hubiera forzado a desarrollar las dos habilidades en simultáneo.

La otra metáfora interesante entre la biología y el mercado laboral que se viene la acerca Fernando Zerboni, profesor de la Universidad de San Andrés, en una charla en el Instituto Baikal. Él hace alusión al fenómeno de "exaptación", que se define como una estructura de un organismo que evoluciona originalmente como un rasgo que provee adaptación a determinadas condiciones y que una vez que está consolidado pasa a ser utilizado y perfeccionado en pos de una nueva finalidad, que no tiene nada que ver con su propósito original. Y esto ocurre cuando hay un cambio drástico de contexto.

El ejemplo más conocido de "exaptación" es el de las protoplumas de los dinosaurios terópodos, que originalmente se usaban como atractivo sexual y para mantener la temperatura del organismo. Su uso como estructura voladora apareció más tarde y les dio una posibilidad de supervivencia a los dinosaurios que hoy tenemos entre nosotros (las aves).

La biología parece ser por estos días el mejor prisma para describir una jungla económica caótica, en la cual mandan los sistemas complejos.

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