
El mejor trabajo del mundo
Se habían presentado 34.684 postulantes provenientes de muchísimos países para acceder al "mejor trabajo del mundo", según lo han bautizado los medios. Consiste en vivir en una maravillosa isla, perteneciente a la Gran Barrera de Coral australiana. Las obligaciones incluyen nadar, navegar, tomar sol, pasear todo el tiempo, excepto en los momentos en que el trabajador deberá volcar sus experiencias en un blog de Internet. Quedaron 50 candidatos, de los cuales 11 participarán de la final, en los primeros días de mayo. El contrato es por 180 días y la paga es buena: 100.000 dólares mensuales.
Se trata, claro está, de una original estrategia de marketing para promocionar el turismo en aquellas islas del Pacífico, pero al plantearse como un trabajo excepcional, el mejor del mundo, sirve para explorar qué tiene de bueno y qué de malo.
Nos permitiremos proponer que lo que de verdad seduce del puesto en cuestión no es el paisaje, ni los deportes, los paseos, ni tomar sol durante seis meses. Tampoco son los 100.000 dólares que se recibe por disfrutar de todo eso. El mayor motivo de captación es el contrato a término. Esto explica, entre otras cosas, que dentro de la totalidad de postulantes, haya habido ingenieros, bailarinas, empresarios, docentes y muchos etcéteras.
Pongamos la propuesta en el otro extremo: contrato de por vida sin posibilidad de rescisión de ninguna de las partes, ni del empleador ni del empleado. Luego de pasar por un despreocupado y efímero entusiasmo ("¿Qué me importa?, ¿te imaginás toda una vida así?") pueden acumularse otras reflexiones, más cautelosas y con visión de largo plazo.
Muy probablemente la seducción se reduciría drásticamente y quedarían unos pocos aceptando, con gusto, una condena al aislamiento, en el sentido estricto de la palabra.
La pregunta siguiente sería: ¿qué es lo que lleva a que, en vez de miles, se postulen sólo unos pocos? Muchos factores. En primer lugar, la pérdida de la posibilidad de elegir. La libertad y la vocación son dos valores que, como diría el libro de Saint-Exupéry, "son invisibles a los ojos". La contracara del ejemplo es cuán doloroso es estar condenado a un solo trabajo, lo que sucede a la mayoría de los mortales.
Otra conclusión posible es que la pura inmovilidad, por más placentera que sea, no es cómoda, sino todo lo contrario. He aquí un ejemplo de la necesidad de desarrollo de las personas.
El caso del "mejor trabajo del mundo", en suma, tiene muchos planos que permitirían desmitificar gran cantidad de preconceptos sobre la relación entre los hombres y las mujeres respecto de sus ámbitos laborales.
jorgemosqueira@gmail.com
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