
Historias insólitas que invitan a sonreír
Cuatro asistentes profesionales de primer nivel cuentan alguna anécdota curiosa ocurrida durante el ejercicio de su profesión
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El trabajo diario de las asistentes profesionales ofrece infinidad de historias capaces de arrancar una sonrisa al más parco. Porque hasta la más eficiente de las secretarias, de vez en cuando, se puede equivocar...
Confusión de nombres, cartas que no llegarán jamás a destino o mails enviados a personas que no deberían haberlos leído son algunos ejemplos de lo que puede pasar cuando una mujer se convierte en la mano derecha de varios jefes.
La Nación logró distraer, al menos por un rato, la atención de cuatro asistentes profesionales que trabajan en empresas y organismos de primer nivel. ¿La razón? Contar alguna anécdota divertida, o al menos curiosa, que les haya pasado en el ejercicio de su profesión. Y, fieles a la regla de oro de la eficiencia y la amabilidad, se prestaron sin demora y gustosas a dar su testimonio.
Cuidado con la tecnología
De chica, su pasatiempo preferido era jugar a la secretaria. Servía café, atendía el teléfono y escribía cartas para un jefe imaginario. Años después, lo que era un simple juego se convirtió en la profesión que eligió por el resto de su vida.
Anne Marie Incisa di Camerana es la asistente del director general de Microsoft Argentina. "Siempre me gustó organizar, coordinar y resolver problemas", recuerda. Pero a pesar de tener bien claro lo que quería ser, decidió estudiar Administración de Empresas para "tener un resguardo".
Desde que cumplió 22 años -tiene 33- empezó a trabajar de secretaria. En uno de sus primeros empleos, la tecnología le jugó una mala pasada. Transcurrían los primeros tiempos del e-mail y Anne Marie había sido recién ascendida a una gerencia.
"Una vez, chateando con una compañera de oficina, me puse a describir un regalo -comienza su relato-. Le puse que era chiquito, pero amoroso. En eso, aprieto sin querer la tecla reply all y, en menos de un segundo, mi descripción llegó a todos los empleados de la empresa, incluido el presidente."
Pero lo peor fue la reacción de su jefe:"Al minuto me llamó y me dijo: ¿Así que te gustan chiquitos? Me quería morir y tuve que pedir disculpas". ¿El objeto en cuestión? Se trataba de un inocente reloj.
Café y visitas inesperadas
A veces los nervios se mezclan con la mala suerte y generan un cóctel explosivo. Algo así experimentó Rosario Ayerbe, secretaria con más de veinte años de experiencia, en su primer día en un estudio de arquitectura.
"Me pidieron que les sirviera rápido un café y en el apuro lo volqué encima de unos planos originales. En la desesperación, empecé a secarlos con un pañuelo, pero obviamente ya era demasiado tarde porque el desastre estaba echo", cuenta, divertida, la actual asistente de tres ejecutivos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
A pesar de haber empezado con el pie equivocado, Rosario logró demostrar sus aptitudes para la asistencia y, finalmente, se quedó con el empleo.
Pero sus anécdotas no terminan ahí. "En otro trabajo abrí la puerta de la oficina temprano. Un señor desconocido intentó entrar y se lo impedí, casi empujándolo. Después me di cuenta de que era el presidente de la corporación que venía desde los Estados Unidos. Un verdadero papelón", reconoce.
Pilas de problemas
A Daniela Giangiobbe, de 27 años, su licenciatura en Guía de Turismo le sirvó para no perderse los primeros días en los pasillos del edificio anexo del Congreso. La asistente del diputado Guillermo Alchouron, secretaria por herencia materna, asegura haber pasado por un momento más delicado que los relatados por sus colegas.
"Cuando trabajaba asistiendo a un gerente de un banco, me pidieron que mandara una cantidad importante de cartas documento antes de las 6 de la tarde -explica-. Esas mismas cartas las había enviado cuatro meses atrás, por lo que sólo debía cambiarles la fecha y hacerlas firmar", completa.
Prolijamente, ubicó la pila que debía ser enviada a la derecha y las viejas a la izquierda. Pero algo inexplicable pasó y Daniela, en lugar de entregar las de la derecha, mandó por un cadete las copias viejas y rompió las nuevas. Ya eran las 17.45, demasiado tarde para rehacerlas.
"Mi cara reflejaba tanta preocupación que mi jefe me preguntó si me sentía bien-recuerda-. Cuando le conté lo que había pasado, me sonrió y me dijo: No te preocupes, Daniela, saldrán mañana ", expresa ahora aliviada.
De villana a heroína
En un día, Catalina Núñez, asistente del director general de Compaq Latin America, se convirtió de villana a heroína de la compañía en la que trabajaba hace unos años gracias a que siempre está en la vanguardia. "Tuve que bajar a buscar a un periodista que venía a hacer una entrevista a mi jefe sobre la expansión de la compañía en el nivel local", comenta.
Pero, se sabe, los ascensores pueden sufrir desperfectos y, durante más de cuarenta minutos, Catalina y el hombre de prensa se quedaron solos, atrapados entre dos pisos. Para pasar el pánico entablaron conversación y el periodista comenzó a hacerle las preguntas dirigidas a su jefe.
"Lo curioso fue que una vez que se arregló el desperfecto, el señor del medio no quiso tener la entrevista con el gerente, argumentando que yo le había dado toda la información necesaria para redactar su artículo", explica.
Por supuesto que el jefe no quedó conforme y no esperaba nada bueno de la nota. Sin embargo, cuando se publicó reconoció que él mismo no hubiera podido transmitir mejor su pensamiento y que la empresa estaba muy contenta con la imagen transmitida. A partir de ese momento, Catalina fue nombradaasesora de prensa, obviamente, con título honorífico.





