Partículas del futuro: la tarea de los científicos y su aporte a la sociedad

La innovación debe impactar en la economía y en la situación social
Alicia Caballero
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11 de febrero de 2018  

Mucho se habla de la economía del conocimiento y de la importancia que tiene para un país contar con la capacidad para innovar y generar ideas disruptivas. En realidad, la competitividad sistémica y sostenible no se obtiene importando equipos, sino a partir del desarrollo de capacidades para crear máquinas, materiales, procesos y tecnologías que superen lo ya existente, generando ventajas definidas por precio, calidad o una mezcla de ambos. Según un trabajo de la Cepal, cuanto mayor es la intensidad tecnológica de la estructura productiva, mayor es la elasticidad (respuesta) del crecimiento del país al crecimiento mundial.

Es importante identificar, reconocer y potenciar aquellas instituciones que, desde hace años, trabajan para producir conocimiento, tecnología e innovación, y formar profesionales de excelencia en áreas que el mundo reconoce como fundamentales para sociedades tecnológicamente avanzadas y económicamente prósperas. Las llamadas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemática), ocupan un lugar central en los sistemas educativos de países tan diversos en lo cultural como Estados Unidos, China, la India, Alemania o Rusia.

En noviembre fui invitada como jurado a un concurso de planes de negocio organizado por el Instituto Balseiro de Bariloche, llamado IB50K, que distribuye US$ 50.000 entre tres proyectos ganadores. Los grupos concursantes deben estar integrados en su mayoría por jóvenes. Quedé deslumbrada por los proyectos.

En el instituto se respiran trabajo, excelencia y humildad. La humildad de los que saben mucho, pero ambicionan conocer mucho más aún. El Instituto Balseiro (en algunos casos, con otras instituciones) lleva adelante investigaciones relacionadas con nanomateriales y dispositivos para aplicaciones biológicas, nanopartículas para aplicaciones biomédicas, nanotecnología para el tratamiento del cáncer, microfabricación, transporte eléctrico, dominios magnéticos, remediación ambiental y otros.

Quizá por estar en Bariloche, por escribir e investigar acerca de cosas que para muchos son muy difíciles de comprender o porque quienes son científicos de pura cepa ignoran o son indiferentes a cosas como el marketing y las relaciones públicas, se habla poco de ellos y hay escasos vasos comunicantes entre el Instituto Balseiro y las empresas y las finanzas.

Dicen que el capital es cobarde, por lo que es lógico que no fluya a aquellos proyectos que no se entienden y por ello generan indiferencia o temor. Pero cuando se trata de encontrar soluciones a problemas de la sociedad, de instituciones del prestigio del Balseiro pueden surgir respuestas.

Muchos científicos que trabajan allí podrían ser dueños de empresas de base tecnológica. Aplicar modelos como el Yozma de Israel sería muy interesante. Otros científicos prefieren investigar en laboratorios y es muy positivo que sea así, ya que un país sin investigación no puede proyectarse. Las diferencias vocacionales deben ser respetadas y cultivadas. La diversidad genera fortalezas.

En un país moderno que aspira a dar un salto de competitividad y a ofrecer al mundo bienes y servicios de calidad y alto valor agregado, es vital potenciar estas instituciones. La inversión en la formación de científicos e investigadores debe derramar en una economía más próspera y una sociedad más equitativa.

En una cultura que estrecha cada vez más los tiempos, y en la que todo debe ser instantáneo, rápido y fácil, no debemos olvidar que un embrión humano sigue tardando nueve meses para estar listo para nacer y una semilla de jacarandá no se transforma en un árbol florido en un día. De igual manera, a estos prestigiosos semilleros de talento y vocación hay que cuidarlos, nutrirlos y dejarlos crecer.

Decana de la Facultad de Ciencias Económicas de la UCA y directora del Banco de la Nación Argentina

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