
Referencias dudosas
Por Jorge B. Mosqueira Especial para LA NACION
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Silvio S. tiene una duda, surgida del hecho que en sus últimas tres entrevistas --a último momento y cuando ya casi era el postulante aceptado-- se produjeron cortes abruptos con todas las consultoras involucradas. Silvio tiene una hipótesis y una historia:
"En mi último empleo como gerente regional de una importante empresa, la relación no terminó bien. Yo estaba muy estresado, con tratamiento psiquiátrico, provocado por la cantidad de viajes y la presión laboral. Un viernes, la secretaria de mi jefe me llamó para citarme a una reunión para el lunes siguiente. Yo acababa de regresar a Buenos Aires. Las reuniones eran terriblemente agresivas. Sentí que explotaba. Fui a mi psiquiatra, que me dio un mes de licencia por enfermedad. Ese mismo día envié el telegrama de aviso y el lunes llamé a mi jefe para saber si lo había recibido y anunciarle personalmente que no contara conmigo en los próximos treinta días. El se quedó mudo y me dijo que en un rato me llamaba. A las pocas horas suena el timbre: era el correo. Recibo una carta documento donde me despedían en forma injuriosa. Por ejemplo, acusándome de no cumplir objetivos y horarios. Por un lado, yo siempre reclamé que se fijasen objetivos, los cuales nunca aparecieron. Por otro, treinta días antes yo había recibido un bonus, por concretar una venta importante. Además, respecto de los horarios, se sabe que un gerente regional no los tiene establecidos. He viajado fines de semana, feriados y muy difícilmente terminaba de trabajar antes de las 8 de la noche".
Al cabo del relato, Silvio hace la pregunta: "¿Puede ser que la empresa esté dando malas referencias mías a las consultoras?"
* * *
Respuesta: sí, es altamente probable. Es una costumbre cuyos fundamentos son, por lo menos, dudosos. Cuestionar dicho método irrita a muchos gerentes de empresas y también a las consultoras. "¿Cómo no pedir referencias?", dicen. Pero cabe repreguntar. "¿Para qué? ¿Qué valor tienen?"
Hay, al menos, dos objeciones fuertes. En primer lugar, la mayoría de los conflictos tienen origen en la relación entre individuos y no son patrimonio de uno en particular. Esto explica que pueda haber, por ejemplo, divorciados que constituyen luego matrimonios felices. Los motivos de las malas relaciones ni siquiera pueden ser percibidas, a veces, por los protagonistas. Si Fulano se llevó mal con Mengano y viceversa, ¿quién es el culpable? El prejuicio indica que es siempre el despedido.
En segundo lugar, muchas empresas tienen como política no dar malas referencias. Así, no hay forma de averiguar si lo que responden es cierto o no. La razón es que respetan el futuro laboral del ex empleado porque, excepto que la causa de la ruptura haya sido un delito grave y comprobado, no hay motivo para hacerle pagar un desempeño inadecuado en esa compañía.
Pero es inútil. A quienes creen a pie juntillas en el rígido valor de las referencias, estos argumentos no los convencen.
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