¿En serio es más grave endeudarse que estatizar entes quebrados?

Jorge Oviedo
Jorge Oviedo LA NACION
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14 de marzo de 2016  

La Argentina es ese país como mínimo curioso de América del Sur donde un fiscal que está pidiendo que se investigue a la cúpula del Gobierno aparece muerto en más que misteriosas condiciones y un año después no ha pasado nada y a muchos parece importarles poco. Pero hay defensores de la gestión anterior dispuestos a denunciar a la nueva gestión por "traición a la Patria", si es que al nuevo presidente se le ocurre colocar un bono de deuda o muchos para arreglar el desaguisado financiero que dejó la gestión anterior.

Probablemente nunca se sepa qué pasó con la Universidad de las Madres, donde figuraba en la nómina Eduardo Barcesat y que fue estatizada en las ruinosas condiciones financieras en las que estaba. Los quebrantos de la universidad pasaron así de privados a públicos, pero Barcesat ahora quiere denunciar por traidor a Mauricio Macri si toma deuda para salir del problema de los holdouts que el kirchnerismo no pudo arreglar en 15 años.

El único modo de salir es pagar, y hacerlo al contado sería una locura. Se llevaría más de la mitad de las reservas del Banco Central, y causaría seguro una catástrofe. Pero hay un sector K y otros que dicen ser de izquierda y actúan en conjunto con los anteriores que más bien parecen querer evitar un éxito.

Es cierto que el riesgo de salir a buscar al mercado poco más de US$ 15.000 millones es conseguir el dinero y usarlo para seguir financiando el enorme déficit fiscal. Ciclos como ésos ha conocido la Argentina, protagonizados por sectores a los que ahora se llama "neoliberales" y se los empuja a los mismos errores del pasado.

El mejor momento para hacer inversiones con grandes entradas de capital pasó durante el kirchnerismo, que lo desperdició. Fueron los años en que Uruguay, Perú y Chile se capitalizaron y emitieron deuda en su propia moneda, con tasas bajísimas. En la última ola de calor la Argentina estuvo importando energía eléctrica de Chile, una paradoja absoluta. Los tratados entre los presidentes Carlos Menem y Patricio Aylwin permitieron en los 90 a ese país salir de su crisis energética y ambiental del área metropolitana importando gas argentino. En los últimos días, si en el área metropolitana argentina los cortes no fueron peores fue por la contribución chilena, que, aunque modesta, existió.

La Argentina, estirando hasta el absurdo el conflicto con los holdouts, se negó al endeudamiento más barato de la historia para evitar la obsolescencia de la infraestructura. También prohibió las exportaciones cuando en los mercados se superaban varias veces los récords de precios. No es raro que ahora haya que recurrir a la carne uruguaya y la electricidad chilena: de seguir con las políticas K, pronto no habría nada más brasileño que un buen asado con vino tinto.

El riesgo del endeudamiento nuevo para la Argentina habría sido un ingreso muy veloz de capitales financieros que sobreapreciara el peso, hiciera más barato todo en el exterior y armara una bicicleta financiera local de altas tasas. El dólar cayéndose de $ 15 en los últimos días y altas tasas de corto y más bajas de largo en pesos ¿indica eso? Los especialistas y el Gobierno dicen que no. Primero, porque aumentaron las liquidaciones de exportaciones porque resulta más rentable, no porque son macristas, como sospechan algunos K recalcitrantes. Si fueran peronistas recordarían que Juan Perón decía que la víscera más sensible es el bolsillo: nadie lo anda exponiendo sólo por cuestiones ideológicas.

Las tasas más altas de los plazos fijos en pesos anduvieron en la última semana en los 30 días, notoriamente más altas que las de 365, inducidas por las colocaciones de letras del Banco Central. El Gobierno apuesta así a que las cosas estarán mucho mejor en el segundo semestre, con menos presiones inflacionarias, cambiarias y con el conflicto de los buitres encaminado.

¿Tiene razón la oposición en preocuparse por un mal uso de la nueva deuda? Sí. Y podrían poner esa preocupación en ayudar a que no pase. Es curioso, pero los sectores que armaron y promovieron el endeudamiento de personas y familias acusan de traidores a la Patria a quien ose tomar un dólar para recuperar el sistema energético.

Pero es cierto que se debería evitar que se financie déficit inútil, como el de los empleados ñoquis. Y también con un transparente manejo presupuestario, que debería arrancar con la derogación de los llamados "superpoderes" para el jefe de Gabinete, que los K defenestraban cuando estaban en el llano y se apuraron casi a sacralizar cuando llegaron al poder.

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