
Europa hace su default encubierto
Los inversores venden títulos al BCE y aceptan su pérdida
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PARIS.- El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Jean-Claude Trichet, es un hombre flemático y tenaz. Pero hace dos semanas, por primera vez en su vida, estuvo a punto de bajar los brazos. El pedido de ayuda financiera lanzado por Portugal amenazaba con destruir la paciente ingeniería financiera armada discretamente por el BCE para evitar que los cuatro países de la eurozona con mayores dificultades terminaran cayendo en default.
La astucia utilizada desde hace algunos meses por Trichet consiste en comprar en el mercado títulos depreciados de la deuda de los países que integran el llamado grupo PIGS (por sus iniciales en inglés alude a Portugal, Irlanda, Grecia y España). A medida que se fue agravando la crisis de la deuda europea, los principales inversores en títulos de deuda –bancos, fondos de inversión y financistas privados– comenzaron a desprenderse de los bonos comprados a su valor nominal en el momento de la emisión.
Para no repetir el error cometido con la crisis subprime norteamericana, esos inversores institucionales prefieren cederlos con un descuento de 10 a 30%, pero que puede llegar a 50%. En el actual contexto de prudencia y recelo, el BCE es el único comprador que aparece periódicamente en el mercado para adquirir esos activos que exhalan un perfume non sancto.
"Es un default encubierto", comentó hace algunos meses el diario Financial Times, cuando reveló el artificio. Ese mecanismo es totalmente legal. Trichet, que no es precisamente un improvisado en política ni en finanzas, tuvo la prudencia de someter su plan –Bonds Purchasing Programme–a los 22 miembros del Consejo de Gobernadores del BCE durante una reunión en mayo de 2010 en el edificio de cemento y vidrio del banco, ubicado en el corazón de Fráncfort. El proyecto fue enérgicamente resistido por cuatro integrantes de la línea dura del BCE, encabezada por el entonces presidente del Bundesbank, Axel Weber, que era el principal aspirante a reemplazar a Trichet cuando finalice su mandato, en noviembre próximo.
En ese momento crítico, cuando parecía que un default de Grecia podía terminar arrastrando a los otros miembros del PIGS, casi todos levantaron la mano, incluyendo algunos directores del BCE que ahora critican ese programa, como el presidente del Banco Central de Holanda, Nout Wellink. Fiel a su personalidad, Trichet siempre quiso que las intervenciones del BCE se hicieran discretamente. Pero discreción no quiere decir secreto ni falta de transparencia.
En 11 meses, el banco atesoró bonos por valor de 77.500 millones de euros. Esas cifras figuran en los resúmenes de actividad del BCE. La idea de Trichet consistía en transferir esa responsabilidad del BCE al Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (EFSF, por sus siglas en inglés). Este organismo, creado en mayo de 2010, fue inicialmente dotado de un capital de 250.000 millones de euros, que acaba de aumentar a 440.000 millones.
En la reciente reunión del 21 de marzo en Bruselas, los ministros de Finanzas también aprobaron la posibilidad de poder comprar deuda soberana directamente en el mercado primario, es decir las emisiones de títulos que realizan periódicamente los Estados para hacer frente a sus vencimientos y compromisos financieros más urgentes.
Esa solución debía permitir poner término a casi un año de hipocresía y sacar al BCE de la primera línea de fuego.
En forma paralela, después de superar las reticencias de Alemania, el EFSF fue completado mediante la creación de un Mecanismo Europeo de Estabilización (MEE), que será garantizado por la Comisión Europea y por los 27 Estados de la Unión Europea (UE) y no sólo por los 17 de la zona euro. El capital de 750.000 millones de euros será integrado por Europa con 500.000 millones y el Fondo Monetario Internacional (FMI) con 250.000 millones.
[Esos dos fondos serán reemplazados en 2013 por un Mecanismo de Estabilidad Europeo que, en la práctica, funcionará como un fondo monetario].
En teoría, esa transferencia de responsabilidad debía permitir al BCE terminar el bonds purchasing programme para concentrarse en sus funciones tradicionales de Banco Central.
"Los riesgos de seguir con esa política eran demasiado grandes", explicó por su parte el holandés Nout Wellink durante la última semana. El BCE, aseguró, estaba "comprando papeles a los bancos, al sector privado y a los gobiernos". "No era nuestra misión y colocaba al BCE ante el riesgo de pérdidas enormes si esos activos se devaluaban" (por un default), agregó.
Algunos medios financieros de Bruselas y Francfort sospechan que, un año después de haber aprobado las compras de título, el "puritanismo" de Wellink forma parte de la imagen ortodoxa que pretende ofrecer en el marco de su campaña para suceder a Trichet al frente del BCE.
Pero la salida ordenada que había preparado Trichet amenaza con frustrarse después del angustiante pedido de asistencia financiera formulado por Portugal, que necesitará entre 70.000 y 90.000 millones de dólares para responder a sus vencimientos más apremiantes. [El gobierno de Lisboa debe reembolsar 4.252 millones el 15 de abril y otros 4.899 millones el 15 de junio]. El programa de ayuda a Portugal absorberá sin duda una gran parte de los fondos disponibles del MEE y la parte del EFSF que estaba destinada a la compra de deuda. Esa situación de emergencia puede condenar al BCE a continuar por un tiempo con su programa de default encubierto para evitar que, por falta de oxígeno financiero, algún país de la zona euro se vea condenado a declarar un verdadero default.




