
¿Existe una definición precisa de “bien común”?
La imprecisión en los términos que se utilizan genera debates estériles, costosos para adoptar decisiones
6 minutos de lectura'


Se apela al “bien común” para criticar a los gobiernos de turno y proponer medidas específicas de política económica. Entiendo cuando alguien propone algo pensando en el bien de los pobres, de los enfermos, de los asalariados que trabajan en una empresa que fabrica el producto X, o está radicada en la provincia Y, etc. Pero claro, esto suena a interés particular; en cambio decir que determinada propuesta contribuye al bien común… Pido perdón si desestabilizo a algún lector, pero: ¿cuál es la definición precisa de bien común?
Al respecto, conversé con el alemán Max Weber (1864 - 1920), quien estudió leyes en las universidades de Heidelberg, Gotinga y Berlín, y enseñó en las de Berlín, Friburgo, Heidelberg, Viena y Munich. Al decir de Lionel Charles Robbins, fue la más poderosa mente en sociología entre sus contemporáneos. No se puede ser meramente economista, hay que tener una perspectiva más amplia. Y cualquiera que se toma en serio a las ciencias sociales, aunque no concuerde en muchas cosas, tiene que familiarizarse con el pensamiento de Weber. En 1903, junto con su esposa, conoció Estados Unidos. El viaje le cambió la vida, resultando muy influido por los escritos de Benjamin Franklin. A su regreso a Europa escribió su famoso ensayo, titulado “la ética protestante y el espíritu del capitalismo”, publicado entre 1904 y 1905. Según Mark Andrew Skoussen, se trata de un trabajo profundo, que contiene una contribución única a la economía institucional.
– ¿De dónde surgió la idea que inspiró la ética protestante?
– Reinhard Bendix apunta que de un par de observaciones; que en muchas partes del mundo grandes consecuciones materiales habían sido el resultado de la obra de órdenes monásticas dedicadas a la vida espiritual; y que las sectas protestantes ascéticas se destacaron por su éxito económico, especialmente en la primera fase del capitalismo moderno. No es la avaricia o la búsqueda de ganancia lo que generó el capitalismo, porque esos sentimientos los tuvieron los seres humanos en todas las sociedades. La novedad es que la Reforma protestante del siglo XVII los hizo aflorar. El protestantismo no sólo promovió la industria sino que calificó a la frugalidad como una virtud, un elemento esencial en el crecimiento económico (para justificar el ahorro).
– El capitalismo también floreció, durante la Edad Media, en algunas ciudades-estado italianas, como Florencia, y en Amberes, dicen sus críticos.
– Es cierto, utilizo el concepto de tipo ideal, punto de referencia, simplificación y exageración deliberada de la realidad. Enfatizo que el comportamiento metódico, calculador y maximizador no es una característica universal, derivada de la naturaleza humana, sino un producto del racionalismo de Occidente.
– Estoy interesado en encontrar una definición precisa de “bien común”.
– Al respecto tengo en mis manos una fuente importante. Como todos los católicos, cuando usted, De Pablo, cumplió 8 años, memorizó el catecismo, requisito para recibir la primera comunión. Se trataba de un texto breve, muy compacto.
– Lo recuerdo.
– Pues bien, prologado nada menos que por el Papa Juan Pablo II, en 1992 se publicó un documento titulado Catecismo de la Iglesia Católica, de 708 páginas. Fruto de una amplísima colaboración, desarrollada a lo largo de seis años, por parte de una comisión presidida por el entonces cardenal Joseph Ratzinger (más tarde Papa Benedicto XVI), que generó nueve versiones, la última de las cuales está formada por 2865 párrafos.
– Toda una garantía.
– Digamos, enorme y paciente esfuerzo, por parte de gente dedicada e idónea. Pues bien, en el índice temático, “bien común” aparece 15 veces. A propósito de lo que a usted le interesa, leí con atención los referidos párrafos.
– ¿Y?
– Se trata de 15 referencias o alusiones al bien común, pero ninguna definición precisa.
– ¿Cómo puede ser?
– Arriesgo una respuesta: el documento que consulté no contiene ninguna definición precisa de bien común, ¡porque es imposible que exista tal definición! Claro que también se podría argumentar que el catecismo no se tomó el trabajo de plantearla por ser obvia. Pero, frente a un texto tan meticuloso, me quedo con la primera respuesta.
– Sigamos su línea de pensamiento. ¿Qué implica?
– El lenguaje tiene que servir para pensar, diagnosticar, intercambiar hechos y opiniones, y actuar en consecuencia. Por favor, léanme bien: no estoy sugiriendo que alguien deje de criticar a los gobiernos de turno, o formular propuestas concretas de política económica. Lo que estoy diciendo es que no fundamente sus expresiones en el bien común, porque distrae energías en vez de concentrarlas en entender lo que está ocurriendo y en qué sentido se podría mejorar la realidad.
– Pero mire que muchísima gente utiliza la expresión.
– Esto, en todo caso, significa que el problema es mayor de lo que se piensa; pero no cambia su naturaleza. En particular, hay una versión que es la más inconveniente, desde el punto de vista práctico. La que sostiene que bien común es el “bien de todos”.
– ¿Por qué es la más inconveniente?
– Porque ignora el conflicto objetivo que existe entre el bienestar de algunos seres humanos y el de los otros. Quien dice que hay que mejorar el bienestar de los jubilados, de los maestros, de los habitantes de la provincia X, etc., pero sin afectar el del resto de la comunidad, lo único que está mostrando es que tiene gran corazón. Sólo en las extremas circunstancias de la Gran Depresión de la década de 1930 sobraba todo menos demanda agregada.
– ¿Qué le parece reemplazar bien común por bien de la mayoría?
– No tengo problema, excepto que se piense que se trata de sinónimos. No solamente porque mayoría no son todos, sino que mayoría tampoco es un concepto único. ¿La mayoría de qué? Algunos pueden pensar en la proporción de la población cuyos ingresos son inferiores a la línea de la pobreza, otros en la proporción de la población que deriva ingresos de una relación de dependencia, en las madres solteras de menos de 20 años, en los huérfanos, etc.
– ¿Está usted hablando en serio?
– Por supuesto. Precisamente, porque me interesa que mejore la situación efectiva de algunos seres humanos, lucho contra quienes esconden debajo de un concepto de imposible definición precisa, recomendaciones en favor de algunos. Que de repente tienen sentido, pero que se las presente como lo que verdaderamente son, para que puedan ser evaluadas junto a otras, que también pueden merecer atención. Una buena idea (ejemplos: juegos infantiles en todas las plazas del país) es condición necesaria para merecer fondos públicos, pero no siempre es suficiente, porque los recursos siempre son escasos.
– Don Max, muchas gracias.
1
2Factura US$2500 millones: una cooperativa agrícola creó un fondo de US$1 millón para financiar proyectos de jóvenes productores
3Girasol: el mercado podría tranquilizarse a partir de una mayor cosecha mundial
4La cosecha que falta vender se valorizó en US$575 millones en solo una semana y es una buena noticia para el campo y el Gobierno
