
Experiencias, belleza y decoración, también se embalan en cajas
La venta de vivencias y objetos, como útiles escolares y cotillón, adoptó un formato que busca simplificar las compras
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Las cajas encierran incógnitas, sorpresas, regalos. O, sin moños que las engalanen, simplemente agrupan cantidades. Las hay con productos de belleza, útiles escolares, cotillón, entretenimientos para chicos, y hasta proyectos de decoración y catálogos con experiencias para elegir. Con la practicidad como principal atributo, la venta de regalos y combos de productos en caja se expande a cada vez más rubros. La aceptación es comprobable en firmas que ya mueven millones y en la proliferación de emprendimientos que buscan instalarse con propuestas novedosas.
Los de mayor facturación, con tres años en el mercado, son los de regalos para elegir. Las cajas contienen fichas o catálogos temáticos para que el homenajeado seleccione una opción gastronómica, de aventura o turismo, por un monto desde 200 hasta cerca de $ 3000. Una de las firmas detrás de estas cajas es Bigbox, que proyecta alcanzar este año los $ 16 millones con ventas corporativas y a particulares. Gastón Parisier, socio fundador de Bigbox, cree que la venta en caja dio un golpe de efecto en el mercado: "Innovamos con cajas de obsequios en las que el regalo no está adentro, sino que requiere un proceso: una búsqueda misteriosa".
Dentro del mismo rubro, Valija Chica, facturó más de $ 4 millones el año pasado y planea duplicar esa cifra en 2012. En este caso, la customización de productos en el segmento corporativo permitió elevar los precios de las cajas hasta los US$ 6000.
Mientras que Regalos a la Carta –el tercer jugador en la categoría– seguirá fortaleciéndose en el segmento corporativo, Valija Chica y Bigbox apuntan a posicionarse entre el público minorista. La primera busca fortalecerse en el interior y negocia su distribución con cadenas de retail; la otra abrió locales en dos shoppings porteños.
Las cajas también sirven a Oh Gift Card para agrupar sus tarjetas que actúan como vouchers de marcas premium. La compañía proyecta alcanzar los $ 30 millones en ventas a fin de año. Su producto Oh Gift Box, de cuatro tarjetas con un mínimo de $ 200 de saldo, ayudará a engrosar la cifra. El homenajeado "puede elegir una de las marcas y gastar todo allí, o repartirlo entre las opciones", explica Juan Pablo Sucic, uno de los fundadores.
En los cofres de cartón hay negocios de todo tipo. Ambas, un estudio de diseño y personalización de interiores, creó DecoBox. Esta caja contiene un servicio de decoración sumariado en una guía con los detalles necesarios para ambientar y equipar espacios individuales, "acortando tiempos y reduciendo costos, sin perder el asesoramiento profesional", dice en la presentación de la idea de Vanessa Córdoba y Julia Maiojas. Las preferencias se definen en una entrevista personal. Semanas más tarde, el cliente recibe, embalado, un proyecto que puede ejecutar por su cuenta: planos, muestras de materiales y colores, opciones de proveedores y un concept board para ver el diseño final. El precio, que depende del caso, parte de $ 2800 para un monoambiente estándar.
Mariela Trajterman también pensó en aportar simplicidad, en este caso, a la compra de útiles. "Armamos cajas con las listas de los colegios en el inicio de clases y las vendemos online con entrega a domicilio", cuenta Trajterman, que ampliará su alcance con productos para empresas.
Las cajas de Quickparty contienen kits para cumpleaños infantiles y otros eventos, y se venden de 180 a $ 900. Algo similar ofrece la tienda de arte infantil Mosaik, con propuestas de manualidades para chicos. La belleza también tiene sus ejemplares: Fancybox, Le Beauty Club y AlmaBox envían productos premium a suscriptoras que pagan unos $ 100 al mes.



