
Gita Gopinath: “Hay que permitir que el tipo de cambio se mueva de manera más flexible”
La exsubdirectora gerente del FMI y hoy profesora en Harvard calificó de “impresionante” la estabilización de Javier Milei; pidió acelerar la compra de divisas y despejar la deuda que vence en 2027; afirmó que el tipo de cambio debe flotar más y vaticinó volatilidad por las elecciones
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Sus más de tres años en la cúpula del Fondo Monetario Internacional (FMI) no le devolvieron tiempo. “Tengo 27 minutos”, dice con una amable sonrisa la actual profesora Gita Gopinath desde una oficina decorada con una gran biblioteca repleta de libros en su casa de Cambridge, Massachusetts.
“Es impresionante”. Así califica la estabilización del gobierno de Javier Milei la negociadora de varios de los programas con el Fondo y hoy investigadora de la Universidad de Harvard. Sin embargo, Gopinath señala que se abre el desafío de asegurar la continuidad de las políticas y las reformas, aún sin consenso político, y en un mundo que describe como más incierto y volátil.
En una entrevista con LA NACION, Gopinath subraya dos urgencias. Por un lado, el Gobierno necesita volver lo antes posible al mercado voluntario de crédito para refinanciar la deuda que vence en 2027 y que llega a los US$25.000 millones. Y, por otra parte, el Banco Central debe acumular reservas más rápido. Además, suma –destacando la baja de la inflación– que es preciso poner el foco en el crecimiento y en el empleo, y abre la polémica, al decir que es necesaria más flexibilidad con el tipo de cambio.
Acerca de lo que pasa con el dólar en el país, precisó que, desde que arrancó este año, el tipo de cambio se apreció 12%. “No hay que arrancar la curita de golpe”, dice sobre la posibilidad de eliminar el cepo a las empresas.
Consultada sobre por qué los programas negociados con el gobierno anterior resultaron laxos y no lograron sus metas, defiende el rol del Fondo: dice que los objetivos no son solo los que el organismo querría, sino una combinación entre lo que se necesita y lo que el gobierno de turno puede aplicar. “El FMI no está sentado en el país tomando las decisiones”, plantea.
“Resiliencia” es la palabra que usa para hablar del escenario internacional. Explica que la inteligencia artificial (IA) está compensando el impacto de la guerra en Medio Oriente y los precios más altos de la energía. Con relación a la Argentina, advierte que crece la demanda global de fondos, lo que implica que, aunque el país “haga todo bien”, el riesgo no se moverá siempre a su favor.
“Si la historia sirve de guía, la respuesta debería ser sí”, contestó la economista nacida en Calcula justamente cuando este medio le preguntó sobre la posible volatilidad del tipo de cambio frente a los comicios. “Lo que digan los otros actores políticos importará mucho”, asegura.
Gopinath cree que, tras las elecciones en los EE.UU., la “mano libre” de Donald Trump, aliado clave de Milei, quedará atada por una pérdida de poder en el Congreso. “Trump está haciendo tantas políticas peronistas en este momento en los Estados Unidos que no son buenas para el país”, dice.
—¿Cómo ve el programa económico de Javier Milei?
—Primero, creo que es impresionante la estabilización que se logró desde el inicio de su presidencia: el superávit fiscal, la inflación en descenso, de tres dígitos a alrededor del 30%, la desregulación, la apertura de los mercados y, en general, una economía más impulsada por el mercado, además de las reformas en el mercado laboral y las que ahora se empujan sobre la independencia del Banco Central y el marco fiscal. No es algo que debamos subestimar, porque no sucede fácilmente en los países, y hay que darle crédito. Por supuesto, dada la herencia de la Argentina con intentos previos de estabilización que salieron mal, una transformación estructural así no sucede de la noche a la mañana; va a llevar años. Lo absolutamente esencial es continuar con las reformas y asegurar que haya continuidad en las políticas. Ahora el foco tiene que estar en el crecimiento y el empleo, además de la inflación. Y no ayuda que el entorno global sea volátil e incierto. Es un camino difícil.
—¿Cuál es el estado de la economía global y qué impacto puede tener en la Argentina?
—La palabra que mejor lo describe es resiliencia, porque a pesar de los numerosos shocks, como la guerra de Irán, la suba del precio del petróleo y de la energía en todo el mundo, y la política de aranceles de Estados Unidos, vimos que la economía global sigue creciendo. Y eso es porque la IA fue un gran motor de crecimiento en distintas partes del mundo. Existen esas dos grandes fuerzas. Hasta ahora, la IA y la transformación tecnológica están compensando el impacto negativo de los precios más altos de la energía y de toda la incertidumbre que impera. Un ejemplo clásico para mí es Corea del Sur, un país que depende mucho de las importaciones de Oriente Medio. Si no hubiera IA y no fuese productor de chips, habría quedado muy golpeado. Cuando pienso en las decisiones urgentes que hay que tomar en la Argentina, para mí son dos cosas: volver a acceder a los mercados de capitales internacionales y acumular reservas a un ritmo más rápido.
—¿Por qué?
—Ambas son muy importantes porque el entorno global de tasas de interés se ve cada vez más riesgoso. Las tasas del Tesoro de los Estados Unidos a 10 y a 30 años están subiendo. La Argentina puede esperar a que bajen sus tasas, pero si la tasa internacional sube, el costo de endeudamiento final no se vuelve más barato. Y aunque existe la posibilidad de que el problema de la inflación en los Estados Unidos no sea tan malo como parece, eso es arriesgarse mucho. Creo que hay alrededor de US$25.000 millones para refinanciar en 2027, es considerable, y poder postergarlo, extendiendo el vencimiento, lo vería como una prioridad. En segundo lugar, sé que recientemente hubo más acumulación de divisas, pero la Argentina puede hacer más, porque si uno mira dónde está el tipo de cambio en relación con su banda, está más bien en el medio. Y sí, la moneda se va a depreciar un poco más, pero hay riesgos externos y se acercan las elecciones. Vimos el año pasado, en octubre, que la situación puede cambiar muy rápidamente.
—El Gobierno acumuló reservas más lento de lo esperado en 2025. ¿Por qué cree que lo hizo?
—Siempre hubo un par de cosas. Una es que, con las expectativas de inflación no bien ancladas, existe la preocupación de que dejar que el tipo de cambio se mueva demasiado sea problemático por el traslado a la inflación. Me alegra que ahora se esté moviendo más, pero creo que permitir una mayor flexibilidad es lo que se necesita. La segunda es la creencia de que, si la Argentina hace todas las políticas correctas, debería poder acceder a los mercados a tasas favorables y, por lo tanto, conviene esperar el momento adecuado. Y me preocupa que, incluso si la Argentina hace todo bien, la economía mundial se esté moviendo hacia otro lugar. Los spreads [riesgo país] estaban como en 400 hace un mes y ahora están en 500. Pensar que de alguna manera se van a mover en una sola dirección me parece una suposición riesgosa. Yo tendría cuidado con eso.

—¿Considera que hay una apreciación del tipo de cambio? ¿Cuál es el impacto sobre la competitividad de la economía?
—Creo que el tipo de cambio real se apreció alrededor del 12% desde el comienzo del año. Pero hay múltiples variables. Cuando pienso en la competitividad y en la cuenta corriente general del país, para mí no es solo el tipo de cambio real: es también cómo le está yendo a la economía mundial, el nivel de demanda y si el crecimiento se desacelera. Y hay mucho hecho en términos de reformas del lado de la oferta en la Argentina. Recuerdo el momento en que estaba discutiendo con el gobierno anterior y toda la preocupación era sobre las importaciones de energía. Y ahora la Argentina se convirtió en un exportador de energía. Ese es un gran desarrollo. Por eso, al menos en el frente energético, la Argentina no se ve impactada negativamente por el lado de la oferta; está contribuyendo al suministro de energía en el mercado mundial. Lo importante, y sigue siendo el caso, es permitir que el tipo de cambio se mueva de manera más flexible, y eso puede venir acompañado de comprar más dólares, porque esa va a ser la forma de acumular las reservas. Se necesitan porque, incluso si uno está tratando de tener un tipo de cambio flotante, va a tener condiciones de mercado desordenadas y va a necesitar un fondo de reserva para lidiar con eso. Y no puede provenir de préstamos oficiales; esa no puede ser la historia que se repite. Reconozco que la transición de una inflación del 150% a una del 30% no es un modelo simple de libro de texto donde todo funciona como uno puede predecir, y que dejar que la moneda se mueva salvajemente puede ser problemático cuando las expectativas de inflación no están ancladas. Me alegra ver que están bajando; es una buena señal de que existe esa continuidad. La parte buena es que ahora permiten que las bandas se amplíen más. Lo complicado es que la banda está atada a la inflación rezagada, lo que significa que cuál es exactamente el ancla nominal se vuelve un poco más complicado. Pero no hay una solución simple para nada. La idea de dejar que el tipo de cambio se deprecie un poco más y comprar más reservas me parece valiosa, solo mirando la perspectiva a 12 meses.
—¿Debería el Gobierno eliminar los controles de capital que siguen vigentes para las empresas?
—Sería cauta con eso. Es hacia donde la Argentina finalmente va a tener que dirigirse, incluso si quiere obtener inversiones extranjeras directas duraderas, algo que sigue siendo un desafío. Pero dado dónde están las reservas, dadas las necesidades brutas de financiamiento y dada la incertidumbre en torno a la continuidad de las políticas por las elecciones del año próximo, tendría cuidado de no arrancar la curita de golpe. Iría más gradualmente.
—¿Las elecciones del año próximo pueden causar volatilidad en el tipo de cambio?
—Si la historia sirve de guía, la respuesta debería ser sí. Lo que vimos en octubre pasado fue una buena indicación de que no hace falta mucho para que la gente huya del peso argentino. Cualquier preocupación de que habrá pérdida de continuidad en las políticas, cualquier preocupación por un escándalo, va a desencadenar una reacción. Y no puedo enfatizar lo suficiente el entorno internacional. Hay una demanda enorme de fondos en todas partes del mundo por parte de los gobiernos, también del de los Estados Unidos, porque hay inversión en defensa, en seguridad energética, en política industrial. Por otro lado, hay una demanda enorme de capital para la construcción de la IA. Este no es exactamente un momento en el que la oferta de capital esté impulsando las tasas de interés. Y también podríamos ver un riesgo que provenga de una crisis impulsada por la IA, que ahora mismo está funcionando bien. Teniendo eso en mente, mi suposición es que la Fed va a recortar las tasas, pero cuánto no está claro. Y los spreads se dispararían en todas partes. Y las elecciones en la Argentina contribuirían aún más. Lo que digan los otros actores políticos importará mucho. Así que sí, estaría absolutamente preocupada por una gran volatilidad del tipo de cambio el año próximo.
—¿Cree que hay un consenso político en la Argentina sobre el programa económico?
—Diría que no es suficiente. Cuanto más se pueda hacer en la construcción de consenso político, y cuanto más los diferentes partidos transmitan continuidad en las piezas esenciales del programa de estabilización, mejor.
—Durante las negociaciones con el gobierno anterior, el Fondo fijó metas fiscales y de acumulación de reservas que se cumplieron, pero la economía terminó con una inflación superior al 200%. ¿Cree que fueron demasiado laxas y que no alcanzaron para lograr la estabilización que la Argentina necesitaba?
—Cuando se escribe un programa de este tipo, las metas no son solo lo que el FMI desearía. Son una combinación de lo que se requiere y de lo que el gobierno cree realmente que puede implementar, porque el FMI no está sentado en el país tomando las decisiones. En última instancia, son las personas que fueron votadas para el poder en la Argentina las que toman esas decisiones. Creo que lo que hizo Milei, con un equilibrio de caja cero muy estricto y superávits primarios, es lo que la Argentina siempre necesitó. Pero hizo falta que viniera alguien como Milei a hacerlo. Me gustaría pensar que otros partidos políticos también están reconociendo ahora el valor de ese tipo de restricción fiscal, y también de no tener al Banco Central financiando al gobierno. Esos son dos cambios importantes, y creo que deberían estar respaldándolos incluso en sus propias comunicaciones, diciendo que, independientemente de quién llegue al poder, reconocemos la importancia de estas políticas. Son todas políticas ampliamente aceptadas.
—¿Cree que el FMI a veces acepta metas que sabe que no son las mejores porque la alternativa es un default de la Argentina con la propia institución?
—Al FMI le importa la gente de la Argentina ante todo. La decisión que hay que tomar en ese momento es si uno va a dejar que la economía se hunda en una crisis más profunda al no ayudar al país, o si lo ayuda con todas las restricciones que existen. Nadie, incluido el FMI, tiene una bola de cristal perfecta para saber si ese conjunto de políticas va a funcionar. Pero le puedo asegurar que le dediqué más horas a la Argentina que a cualquier otro país, y pasamos mucho tiempo haciéndonos las preguntas: ¿qué hará falta?, ¿cuáles son los contrafácticos?, ¿qué puede salir mal? Y en cada momento no se trataba de quién estaba en el poder, se trataba de lo que sucedería con las vidas de los argentinos.
—Kristalina Georgieva, la directora gerente del FMI, estuvo en la Argentina y dijo que no habría más dinero para el país. ¿Qué piensa sobre eso?
—Me alegra que haya dicho eso. ¿Cuánto es ahora?, ¿US$57.000 millones que la Argentina le debe al FMI? Creo que incluso la Argentina debería creer que eso es suficiente. Es lo que dije específicamente: que no planeen acumular reservas con más préstamos oficiales de multilaterales, sino haciéndolo ustedes mismos. Eso es crítico y, francamente, si quiere atraer más inversiones al país, la gente también debería creer que, en última instancia, le está pagando al FMI. Uno no quiere tanto crédito senior en el país al que le está prestando. Por todas esas razones, creo que es lo correcto. Y ahora tenemos una economista jefa argentina en el FMI, así que eso es bastante bueno.
—¿Conoce a Silvana Tenreyro?
—Sí, es increíble.
—¿Qué espera de las elecciones legislativas en los Estados Unidos?
—Según las expectativas actuales, es probable que la Cámara de Representantes pase a estar controlada por los demócratas; en el Senado es menos probable. Habrá un Congreso dividido. En ese entorno vamos a ver ciertamente más rechazo a las políticas de Trump. Exactamente qué política en particular le va a resultar más difícil empujar está por determinarse. Pero veríamos mucho más tiempo de la Cámara ocupado con las investigaciones y con discusiones sobre política comercial. La mano libre que hasta ahora tuvo Trump, sin ningún rechazo del Congreso, quedará severamente silenciada.
—En la Argentina hay un debate sobre si ciertos sectores deberían ser protegidos de la competencia china. ¿Qué política tiene sentido y cómo se elige qué sectores proteger?
—Primero, siempre que respondo esta pregunta, la respuesta es específica de cada país. Dada la predilección de la Argentina por proteger sectores en el pasado, y por ser hiperentusiasta al respecto, recomendaría continuar en el camino de la apertura y de permitir la competencia. Eso no significa que no vaya a tener consecuencias para los empleos. Creo que el Gobierno debería prestar absoluta atención a cómo van a encontrar los trabajadores nuevas áreas para trabajar y qué tipo de apoyo van a necesitar en el ínterin. Eso es algo que deberían cuidar, pero no proteger a la industria en sí. Si fuera otro país, tal vez habría dado una respuesta diferente. Porque, francamente, Trump está haciendo tantas políticas peronistas en este momento en los Estados Unidos que no son buenas para el país.
—Después de siete años en el FMI, ¿cómo mira hacia atrás ese período y por qué decidió volver a la academia?
—Siete años es mucho tiempo. Yo era académica y fui a ser economista jefe durante unos años. Pero esta fue una oportunidad única en la vida, una experiencia única en la vida, y estoy muy agradecida por ello. Pero este no es un trabajo de empleo vitalicio, es un trabajo que tiene fecha de vencimiento. Y quería decidir yo cuándo me iría, cuál era el momento adecuado para irme. Y se sintió como que ese era el momento adecuado para irme y volver a la academia. Todavía estoy entusiasmada por contribuir desde la academia.
—¿En qué está trabajando ahora?
—Es un laboratorio. La misión del laboratorio es ayudar a promover un orden económico internacional que beneficie a las personas en todas partes. ¿Por qué estoy haciendo eso? Porque, obviamente, la economía global está experimentando una transformación histórica. Lo que estamos viendo en términos de geopolítica y proteccionismo, pero también la IA. Y creo que los investigadores independientes, especialmente porque la economía y la política se están entrelazando más, pueden estar mejor posicionados para ayudar a dar forma a parte de cómo será el futuro.
10 definiciones
1. Sobre el programa de Milei: “Es impresionante la estabilización que se logró desde el inicio de su presidencia. Es importante dar crédito a quien lo merece: son logros importantes.”
2. Sobre lo que falta: “Por muy buenos que hayan sido todos los cambios, todavía queda un largo camino por recorrer.”
3. Las dos urgencias: “Cuando pienso en las decisiones urgentes, urgentes, que hay que tomar en la Argentina, para mí son dos cosas: volver a acceder a los mercados de capitales extranjeros y acumular reservas a un ritmo más alto.”
4. Sobre la espera para volver a los mercados: “La Argentina puede esperar a que bajen sus tasas, pero si la tasa base está subiendo en el mundo, su costo de endeudamiento final no se vuelve más barato.”
5. Sobre el tipo de cambio: “Creo que el tipo de cambio real se apreció alrededor del 12% desde el comienzo del año.”
6. Sobre cómo acumular reservas: “No puede provenir de la acumulación de reservas a través de préstamos oficiales. Esa no puede ser la historia que se repite.”
7. Sobre el cepo remanente: “Tendría cuidado de no arrancar la curita de golpe. Iría más gradualmente.”
8. Sobre las elecciones de 2027: “No hace falta mucho para que la gente huya del peso argentino.”
9. Sobre el rol del FMI: “El FMI no está sentado en el país tomando las decisiones. En última instancia, son las personas políticas que fueron votadas para el poder en la Argentina las que están tomando esas decisiones.”
10. Sobre Trump: “Trump está haciendo tantas políticas peronistas en este momento en los Estados Unidos que no son buenas para el país.”



