Huberto Ennis: "Hubiera sido mejor concientizar más a la gente de que la situación era complicada"

Sofía Diamante
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27 de octubre de 2019  

ARGENTINOS EN EL MUNDO. Es licenciado en Economía por la Universidad de La Plata y obtuvo el máster en la Universidad Di Tella; cursó el doctorado en la Universidad de Cornell y, desde el año 2000, trabaja en el equipo de investigación de la Reserva Federal de Richmond; tuvo como profesores a los economistas Fernando Navajas, Adolfo Sturzenegger, Ricardo López Murphy y Pablo Gerchunoff

Huberto Ennis cumplirá 50 años el próximo sábado 2 de noviembre. La mitad de su vida la pasó en Estados Unidos. "La primera vez que me tomé un avión tenía 25 años. Fue cuando viajé a Cornell a realizar el doctorado. Era 1994 y recién empezaba a haber internet, todas la documentación para aplicar a la universidad tenía que enviarse por correo", cuenta el economista oriundo de La Plata. "No crecí pensando que iba a vivir en otro país. Era de los que iba caminando a la universidad y al club de rugby; mis abuelos vivían a cinco cuadras de casa. Pero cuando terminé el doctorado era el año 2000 y la situación en la Argentina no estaba para volver. Decidí aceptar la oferta de trabajar en el banco central de Estados Unidos y nunca más regresé, salvo de visita", señala. A dos puertas de su oficina vive su mujer, española, con la que tiene dos hijos, que también son hinchas de Gimnasia de La Plata.

Especialista en política monetaria y macroeconomista, Ennis opinó que el Gobierno tomó varios riesgos al comienzo de su gestión al tomar deuda barata en dólares, aunque señaló que también era difícil no hacerlo dado los problemas y las urgencias que tenía el país.

A futuro, dice que la Argentina enfrenta varios desafíos con la deuda en dólares y la de corto plazo, como las letras de liquidez (Leliq).

-¿Por qué cree que se originó la descoordinación entre la política monetaria, que fue más ambiciosa, y la fiscal, que fue más laxa, al inicio de este gobierno?

-El tema de coordinación de política monetaria y fiscal es un poco teórico. La idea del Gobierno era hacer una política monetaria y fiscal que sea consistente con un plan político de ganar elecciones y de seguir gobernando, de tener sostenibilidad política, y esto condicionó las elecciones que hicieron. Era un problema difícil porque había un lío bárbaro en las cuentas fiscales y en la política monetaria, y había que regularizar todo eso. Uno tiene varios objetivos, como bajar la inflación, el déficit y los impuestos, pero hay que hacerlos de una manera que permitan seguir gobernando. Esa fue la gran tensión. Hacienda proponía hacer cosas que les permitan seguir gobernando y el Banco Central quería hacer otras cosas para resolver ciertos problemas, como la inflación. Terminaron siendo muy sobreoptimistas.

-¿Cree que subestimaron la situación y no eran conscientes de la gravedad de la economía?

-Había gente súper preparada, que cuando está en su casa ve los problemas perfectamente. Lo sé porque he hablado con ellos, los vi escribir sobre estos temas y sé que los entendían. Es importante ver la restricción política en el sentido de que ellos también querían buscar una forma de hacer los cambios económicos que se necesitaban y, al mismo tiempo, mantenerse sostenibles políticamente. Terminaron en este sobreoptimismo de que iba a haber un shock de expectativas, que eso les iba a permitir crecer, subiría la recaudación, y así se iba a bajar el déficit fiscal. Al mismo tiempo se pusieron unas metas de inflación para dar la señal de que la intención era bajarla. El problema de todo eso es que cuando no pasa, cuando no se crece, no hay una forma de forzar las cosas. Y si se las empieza a forzar, comienzan los problemas políticos. Eso lo vimos al final de 2017. Había tensión entre algunos que decían que la inflación no estaba bajando y que, por lo tanto, había que subir más la tasa, y otros que decían que, con la suba de tasas, se estaba pisando la economía.

-Cuatro años después de diciembre de 2015, ¿cómo está la situación económica en la Argentina?

-Ahora es un poco difícil evaluar la situación, porque están las elecciones. La señal de las PASO fue que puede haber un cambio de gobierno. Ya se venía con una crisis de credibilidad que comenzó con la salida de capitales en 2018. Ahora hay una situación muy coyuntural para comparar, pero creo que se habían hecho cosas buenas y que quedan muchas cosas por resolver y por sincerar. Una cosa que me cuesta entender es la estrategia de comunicación que se utilizó, porque creo que hubiera sido mejor intentar concientizar más a la gente de que la situación era complicada. En esta cuestión de que "venimos y vamos a arreglar las cosas", me hubiera volcado más hacia el lado de que "esto está muy complicado, hubo muchos desajustes y hay muchas cosas para resolver, como las tarifas, el déficit fiscal y la inflación". Había un montón de cuestiones macroeconómicas para resolver que eran muy difíciles. Este tema del gradualismo tiene el espíritu de decir que iban a ir de apoco, porque había un mensaje muy optimista de que el gobierno había cambiado y que iba a estar todo bien.

-Actualmente, los dos candidatos que tienen chances de ganar las elecciones siguen diciendo que el país va a crecer y que ya pasó lo peor. ¿Es así?

-Ahora hay un problema grande con el endeudamiento y con las Leliq, que lo van a tener que resolver. La inflación y el desempleo están altos también. Me parece que vuelve a estar difícil como en 2015. Tal vez hay mejores precios de tarifas. El tema es que en la Argentina hay mucha gente que tiene necesidades inmediatas. Pero también hay problemas graves, que se necesitan resolver, pero para eso se requiere de mucho esfuerzo de la gente y tiempo. Esa tensión la tenemos desde siempre, pero entiendo que cuando uno mira todas las urgencias que hay, no podemos sentarnos a esperar y resolver todos los problemas de forma ordenada. Siempre hay un poco de urgencia.

-¿Cree que hay dólares suficientes para pagar los vencimientos de deuda?

-El tema de la deuda externa y de corto plazo es entendible. Cuando la economía anda más o menos bien, la deuda se puede colocar a precios más baratos. Al mismo tiempo, se expone a riesgos de no renovación y de devaluación, que hace que la deuda se haga inmanejable. Es una decisión difícil no tomar deuda pensando qué pasa si sucede tal cosa, cuando las urgencias son tan grandes. Hay gente que sugiere poner en la Constitución que no haya deuda en dólares, pero el espíritu de eso es lo mismo. Si se puede evaluar en frío, diría que no nos conviene, con las urgencias que tenemos en la Argentina, se tiende a buscar la deuda barata. El problema es que después se revierte y se encuentran con este problema.

-Es como dice Carlos Melconian: "No sabemos tomar dos copas de vino, vamos directo a la botella". Pareciera que no se piensa en "qué pasa si..."

-El problema que veo de eso es que muchos de los técnicos que estaban en el Gobierno no es que no conocían las consecuencias. Cuando uno está en la toma de decisiones y ve las urgencias y las cosas que se necesitan hacer, es difícil políticamente decir que no va a tomar deuda que está barata. Entre los que estaban a cargo de la economía, había varios que habían estudiado el sudden stop [cuando hay una salida brusca de capitales que genera la devaluación], estudiaron la coordinación de política monetaria y fiscal. Es inconsistente pensar que se olvidaron de eso, pero cuando se está en esas posiciones, ven que hay un montón de urgencias. No me parece muy constructivo pensar que vos y yo sabíamos qué había que hacer, y que los que estaban ahí no lo sabían y por eso terminamos donde terminamos. Veo la necesidad de buscarle otra explicación, porque algunas de las cuestiones en cierta forma son relativamente obvias desde el punto de vista puramente económico, y me cuesta pensar que ellos no se hayan anticipado. Las urgencias y las restricciones políticas a las que se enfrentaban eran tales que se terminaron haciendo ese tipo de cosas.

-¿ Cree que el Gobierno llegó con la expectativa muy alta al decir que tenía el mejor equipo de los últimos 50 años?

-Ese fue un error. Yo no hubiera acentuado eso, si bien es verdad que esta gente tenía muy buenos currículums y conocimiento, y estaban muy preparados. Yo hubiera acentuado que la situación era súper complicada y que había que preparase para un tiempo muy duro. Decir que iban a hacer las cosas despacio, teniendo en consideración las urgencias de la gente, pero tenían muy poco margen de maniobra. Había que preparar más a la gente para la realidad de una situación que era complicada de salir.

-¿Era evitable la crisis?

-Pienso que se podía haber tomado una forma de hacer las cosas que hubiera tenido menos riesgo y tal vez menos posibilidad de que les vaya súper bien, pero se hubieran evitado tomar muchos riesgos. Hubiera dicho que "los mercados nos están favoreciendo, pero igual nosotros somos la Argentina, la cosa es siempre complicada y seremos bien cautelosos". Pero yo no soy un buen político, capaz que me sacan a las patadas si digo eso. Creo que había una forma más cautelosa de intentar resolver los problemas y desde la comunicación se tendría que haber dicho que estaba muy difícil la situación. Ese hubiese sido el verdadero cambio en la Argentina, porque lo que tenemos son ciclos de optimismo y de pesimismo gigantes.

-¿Hay riesgo para la Argentina de entrar en una nueva hiperinflación?

-La hiperinflación es algo malísimo que no ayuda a nadie, porque es tan acentuada a esa altura que es dañino para todo el mundo. Hay que hacer algo todos juntos para resolver eso. En cierta forma, cuando las cosas son tan extremas y tan contraproducentes, no se puede solamente analizar desde un punto estrictamente económico, hay que pensar que hay un problema político grande que no permite evitar una catástrofe como es la hiperinflación.

-¿Cree que un acuerdo social como proponen algunos candidatos podría funcionar?

-Veo que la gente mira el tema de la inflación como algo en sí mismo. La inflación es una parte de todo lo que se está haciendo. No es solo un factor de influencia. Tenemos que resolver todo junto. La inflación depende de la emisión, que depende del déficit fiscal, que depende del atraso tarifario y cambiario, que a su vez dependen de la inflación. La inflación se frena con un conjunto de medidas que tienen que ver con lo fiscal, con lo monetario, no se para solamente con una cosa. Me parece que puede ayudar un pacto social de algún tipo en el cual haya un intento de coordinación, porque el problema que veo es que estamos en una dinámica donde suben los precios, entonces van los asalariados y piden aumento de salarios, y entonces vuelven a subir los precios porque aumentaron los costos. Entonces, ¿quién para primero?

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