Influencias ideológicas erróneas

Miguel Angel Broda
Andrea Broda
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27 de noviembre de 2011  

La incertidumbre a nivel global y local ha aumentado. Los mercados perciben que las respuestas políticas a los problemas económicos son inadecuadas y esto eleva los riesgos. Europa y Estados Unidos tienen problemas económicos de magnitud que -por ahora- la política y la ideología impiden resolver. La Argentina, en cambio, tiene problemas macro mucho menores, pero que la política podría agravar.

En Europa, la crisis no es regional sino global. Mucho está en juego. Cualquier "accidente" podría romper el euro y precipitar otra crisis financiera global (un Lehman II). Europa presenta tres problemas estructurales: la iliquidez de la deuda pública, la falta de competitividad de los Piigs y la ausencia de un marco institucional para acotar la inestabilidad macro y evitar excesos de los países miembros.

Ninguna nación puede resolver sola estos desafíos. Con austeridad fiscal (que debilita el crecimiento) no se puede restablecer la credibilidad. Se requiere "solidaridad". El Banco Central Europeo debería hacer una expansión monetaria vigorosa, proveyendo la liquidez necesaria y facilitando la competitividad en los Piigs. Sin embargo, hoy la política pone trabas: el BCE se resiste, bajo la influencia del dogmatismo alemán, que rechaza "políticas monetarias expansivas" (por la hiperinflación de los años 20). Si por obedecer el mandato de la estabilidad de precios, el BCE sigue resistiéndose a poner los fondos necesarios corre el riesgo de quedar en la historia "como un magnífico banco central ortodoxo de una unión monetaria desaparecida".

En Estados Unidos, la economía crecería 2,5% anualizado en el segundo semestre, pero es alto el riesgo de una desaceleración en 2012 si la política deja caer los estímulos fiscales que vencen a fin de año. Hoy, lo que necesita Estados Unidos es una política fiscal más expansiva de corto plazo, combinada con medidas de corrección de los desequilibrios fiscales en el mediano plazo para hacer sustentable la deuda pública. Pero Estados Unidos se encamina exactamente en la dirección opuesta, sin tratar el programa pro empleo de Barack Obama, el fracaso del Supercomité, pone en evidencia cómo la política puede ser un obstáculo gigantesco para hacer lo que se debe. El problema de fondo es la influencia ideológica de los republicanos, que se resisten a aplicar políticas de estímulo a la demanda agregada porque tienen muy arraigados en el recuerdo la estanflación de los 70 y los altos costos de terminarla (la recesión de 1982/83 con un pico de desempleo de 10,8 por ciento).

En definitiva, el mundo ha ingresado en una etapa más riesgosa y mostraría una desaceleración sincronizada: apunta a crecer 2% en 2012 (contra 4% en 2010 y 2,6% en 2011), con países desarrollados creciendo 1% y los emergentes, 4,7% (China se desacelera levemente y Brasil más fuertemente). Pero hay riesgo de menor crecimiento por las influencias ideológicas erróneas.

En la Argentina, el "milagro económico" de los últimos nueve años (crecimiento récord del 82%) parecería concluir. Se esfumaron los superávits gemelos y surgieron problemas macro, que no son tan graves como los del pasado (la economía tiene un resfrío; no está para terapia intensiva). Se necesita un manejo más "técnico". Entramos en una nueva etapa que requiere "sintonía fina", o sea, coordinación entre las políticas cambiaria, monetaria, fiscal y de ingresos. La Argentina tiene cuatro problemas: 1) exceso de demanda de dólares (sin swaps , el BCRA perdería unos US$ 11.000 millones en 2011); 2) alta inflación, 22%; 3) financiamiento del Gobierno (70% del financiamiento se cubre con emisión y reservas del BCRA); 4) el tamaño y la eficiencia del Estado (gasto público del 45% del PBI contra un promedio histórico de 30%, y se gasta mal: energía, Aerolíneas, AySA y Fútbol para Todos son sólo algunos ejemplos de malas decisiones).

El problema son las premisas básicas del Modelo Nacional y Popular K: 1) impulsar políticas expansivas en todo momento; 2) redistribuir el ingreso ineficientemente; 3) intervención del Estado cuando los resultados económicos no son los deseados; 4) gasto público que crece siempre más que el PBI, y 5) priorizar el corto plazo por sobre los efectos nocivos de mediano plazo. Esas premisas entorpecen la respuesta adecuada para resolver los problemas actuales. Con la agravante de suponer que la "política" predomina por sobre lo técnico para resolver los problemas económicos.

Por ahora, el Gobierno ha enfrentado los problemas con más intervención y controles, apoyado en el relato ideológico. Impuso el control de cambios y de las tasas de interés; intervino el mercado paralelo, y anunció una rebaja de subsidios que no se sabe si es para gastar más en otras cosas o para emitir menos. Viene ganando la AFIP y la Secretaría de Comercio, en desmedro de la "técnica".

Por ahora no ha habido "coordinación". Ha primado la política y la ideología, y eso ha elevado la incertidumbre. La Argentina se perfila en 2012 para crecer 3,5%, la mitad de los últimos nueve años. Y también aquí hay riesgo de menor crecimiento si CFK redobla la apuesta por el Modelo Nacional y Popular, en un mundo más complejo y que se desacelera.

Los autores son economistas

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