
Jerarquías y manejo del poder
Por Andrés Hatum Para LA NACION
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En el proceso de diferenciar la cultura ejecutiva de un país, a menudo recurrimos a estereotipos como una forma de simplificar la diversidad. Pero si bien enfatizar rasgos culturales y nivelar por lugar de origen puede ser de gran ayuda para distinguir diferencias culturales, seguramente no será suficiente para conocer las prácticas de negocios de cada país. ¿No estaremos creando estereotipos empresariales equivocados?
Para hacer un diagnóstico de la conducta de los ejecutivos en la Argentina, realizamos una investigación en América latina, basada en una encuesta a 733 empleados y ejecutivos de todos los niveles jerárquicos. Analizamos los casos de 40 filiales de ocho multinacionales en la Argentina, Brasil, Chile, México y Colombia. Trabajamos sobre siete dimensiones consideradas culturalmente sensibles dentro de la práctica empresarial: organización jerárquica, logro personal e institucional, apego a normas y regulaciones, privacidad y relaciones personales, papel de la mujer en el lugar de trabajo, estructura de planificación estratégica, percepciones de poder y estatus.
Con respecto a la organización jerárquica, los ejecutivos argentinos atribuyen una mayor importancia a una organización vertical, con líneas jerárquicas claramente definidas y roles de autoridad. Además, la posición directiva es entendida como una fuente de poder y el poder, para el argentino, es estatus. Les da mucha importancia a la jerarquía y a los vínculos como un determinante clave para el respeto social. En culturas como la argentina o la chilena, que relacionan el estatus con el poder, las personas esperan que el ascenso a posiciones altas sea consecuencia de tener buenos contactos. Tener un papel de autoridad es importante en comparación con otros países donde el foco está más puesto en el individuo y en sus logros, como en Brasil o Colombia.
En cuanto a la estructura de planificación estratégica, los argentinos tienden a preferir una cuidadosa consideración de sus planes por anticipado con una visión más largoplacista, comparada, por ejemplo, con los brasileños.
En el logro personal e institucional, aunque consideran que todos son responsables de los resultados de la empresa, en el momento de trabajar en equipo son muy competitivos. El ejecutivo argentino es más individualista que sus colegas regionales.
Sin embargo, por otro lado, otorgan una gran importancia a lo social. Se muestran informales -tanto en lo verbal como en lo no verbal- y no perciben como una invasión entrometerse en la vida privada. La importancia que se le atribuye al aspecto social de las relaciones de trabajo en la Argentina (también en Chile y México) puede incorporar cierto nivel de formalidad en los asuntos sociales y comerciales.
En lo que respecta al papel de la mujer en el trabajo, aunque se han experimentado avances importantes en los últimos años, las mujeres argentinas siguen teniendo limitaciones para su desarrollo profesional, en comparación con el promedio masculino, especialmente en posiciones de liderazgo. Por ejemplo, descubrimos que las mujeres argentinas evitan mostrarse como "una más del equipo" y señalan su rango jerárquico cuando hace falta. Hay una idea generalizada de que esta estrategia tiende a aumentar su visibilidad e influencia en la organización.
Comprender estas siete variables puede ayudar a desterrar los estereotipos que nos proporcionan una imagen deformada de la realidad y a acercarnos desde otro lugar a la diversidad de culturas para volver a aprender sus rasgos diferenciales.
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